Arcadia 173

Lo nuevo del teatro independiente: tres propuestas que exploran los límites del amor, el dolor y la libertad

Tres creadores, tres obras, tres realidades: Johan Velandia, de La Congregación Teatro; Fabio Rubiano, de Teatro Petra, y Jorge Hugo Marín, de La Maldita Vanidad, estrenan obras que desde lenguajes y universos muy distintos ponen en escena algunas de las preguntas más urgentes de nuestro tiempo.

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5 de noviembre de 2026 a las 2:56 p. m.
De izquierda a derecha: Johan Velandia, de La Congregación; Fabio Rubiano, de Teatro Petra, y Jorge Hugo Marín, de La Maldita Vanidad.
De izquierda a derecha: Johan Velandia, de La Congregación; Fabio Rubiano, de Teatro Petra, y Jorge Hugo Marín, de La Maldita Vanidad. Foto: Alejandro Acosta

Hay algo que el teatro colombiano ha aprendido a hacer particularmente bien: escarbar en esos lugares que constantemente evitamos. Allí se adentran Jorge Hugo Marín, Fabio Rubiano y Johan Velandia, tres dramaturgos, directores y actores de reconocida trayectoria, premiados y con presencia constante en festivales y escenarios nacionales e internacionales. Representantes de distintas vertientes del teatro independiente, los tres han construido lenguajes propios a partir de la investigación, la experimentación y una intensa actividad creativa.

Marín, fundador de La Maldita Vanidad, explora los conflictos humanos desde espacios y situaciones no convencionales; Rubiano, creador del Teatro Petra junto con Marcela Valencia, recurre al humor negro, la ironía y el absurdo para desnudar las contradicciones sociales y políticas, mientras Velandia, al frente de La Congregación Teatro, desarrolla una dramaturgia de sensibilidad poética que indaga en las heridas individuales y colectivas.

El pabellón del oído: bizarras contradicciones del amor filial en la mediana edad

En el universo teatral de Fabio Rubiano casi nada ocurre dentro de los límites de lo razonable. Sus personajes exageran, se contradicen, llevan sus emociones hasta extremos insospechados y terminan revelando, entre situaciones disparatadas y diálogos cargados de ironía, comportamientos profundamente humanos. En El pabellón del oído esa mirada mordaz y descarnada se posa sobre uno de los vínculos más complejos, contradictorios y bellos: el de una madre y su hija.

Esther tiene 90 años y su hija Ida se acerca a los 60. Han vivido juntas durante décadas, pero su convivencia parece una batalla interminable. La madre decide sobre la comida, los horarios, los espacios y hasta los recuerdos. La hija protesta, materna y sueña con gobernar algún día su propia existencia. Por ahora, solo pide algo aparentemente sencillo: un día para ella sola.

“Imagínese dos personas que conviven durante 60 años. Se genera una relación que a veces no parece de mamá e hija, sino de enemigas. Otras veces parecen esposos, vecinos o cómplices. Pero a pesar de todo el conflicto permanente, hay un amor profundo e incondicionalidad. Yo creo que los amores filiales son absolutamente injustos”, explicó Rubiano.

La puesta en escena lleva el sello de Petra: colores brillantes, pelucas extravagantes, gestos exagerados y una escenografía realista que evoca los años sesenta. En esa casa vintage, habitada por Juanita Cetina como Esther y Marcela Valencia como Ida, también aparecen una calle, un salón de belleza y un almacén de bastones. Las visitan una tía, un médico, un pastelero, la policía y hasta el hombre que repara el calentador. Y entre personajes que no vemos, discusiones y situaciones bizarras, también podría ocurrir un crimen.

Alejandro Acosta
El pabellón del oído, creación del Teatro Petra inspirada en las contradicciones y los alcances de las relaciones filiales. Foto: Alejandro Acosta

“Alrededor del amor siempre está la culpa, sobre todo en los hijos que no saben cómo irse. Y creo que los padres también se aprovechan de eso, no sabemos si conscientemente”, reflexionó el dramaturgo, quien comenzó a escribir esta historia hace ocho años y la convirtió luego en su trabajo de grado de la Maestría en Creación y Dirección Escénica de la Universidad del Valle.

Rubiano observa también cómo las relaciones prolongadas construyen rutinas, dependencias y lenguajes propios. “Se saben los tonos hasta de cuando van a pelear”, señaló. Y recordó que, cuando una pareja de muchos años pierde a uno de sus integrantes, el sobreviviente puede morir poco después o experimentar un renacimiento: “Y eso no excluye que lo extrañe”.

Entre la crueldad y la ternura, El pabellón del oído logra que reconozcamos algo de nuestras propias historias familiares. Esa identificación es, precisamente, lo que más le interesa a su creador. Y deja una pregunta tan incómoda como las situaciones que provoca: “¿Qué queda cuando cuidar al otro se ha convertido en el sentido mismo de nuestra existencia?”

*El pabellón del oído estará en temporada hasta mediados de noviembre, con funciones de miércoles a sábado, en el Teatro Petra, y participará en el próximo Festival Internacional Comfama San Ignacio, en Medellín.

Lo que no tiene nombre: la poesía escénica frente a lo irreparable

¿Cómo llevar al teatro el dolor de una madre que pierde a su hijo? ¿Cómo representar una experiencia íntima sin convertirla en espectáculo? ¿Cómo hablar de la muerte sin borrar la vida de quien ya no está? Esas preguntas atraviesan Lo que no tiene nombre, la estremecedora adaptación teatral que Johan Velandia realizó del libro homónimo de Piedad Bonnett, en el que la escritora reconstruye la historia de su hijo Daniel Segura, un joven artista que se quitó la vida en 2011, a los 28 años.

“Cuando leí el libro quedé muy conmovido por el relato de la mamá, pero sobre todo por el hijo artista. Yo he sufrido depresión y sentí una conexión muy fuerte con Daniel, con su idea del arte y su universo personal y emocional”, confesó Velandia. El dramaturgo, fundador de La Congregación Teatro, ha explorado las heridas de la sociedad colombiana, desde la violencia intrafamiliar y el maltrato hasta las formas más perturbadoras de la crueldad humana. Esta vez asumió el desafío de adaptar el testimonio íntimo de una escritora viva y querida, respetando los límites de aquello que decidió compartir. “No me sentía con la capacidad de hurgar más allá de lo que encontraba en su libro”, dijo, mientras explica su decisión de no involucrarla en el proceso creativo.

Velandia reorganizó la cronología del relato para presentarnos primero a Daniel como un joven sensible, enamorado, creativo y lleno de inquietudes. La relación entre madre e hijo, la enfermedad mental y el arte se entrelazan en una propuesta que explora las distintas dimensiones de su historia. La puesta en escena es profundamente coral. Victoria Hernández, Natalia Coca, Laura Ángel y Catalina Gil encarnan a la madre, mientras Juan José Villalobos y Cristian Ruiz interpretan al hijo. “Este es un recurso recurrente en mis obras. Me gusta la multiplicidad, las polifonías, el coro griego, explorar las facetas de un mismo personaje a través de diversos actores”, explicó.

Alejandro Acosta
Lo que no tiene nombre, obra inspirada en el libro homónimo de la escritora Piedad Bonnett y puesto en escena bajo la dirección de Johan Velandia. Foto: Alejandro Acosta

El montaje está cargado de poesía visual. Bajo la dirección de arte de Laura Lizarazo, grandes estructuras móviles se desplazan en una coreografía precisa, casi danzada, que transforma el espacio continuamente. La música, el canto y la palabra acompañan el movimiento, mientras varias pinturas de Daniel revelan el rico legado de sus dibujos poblados de cuerpos, trazos de carboncillo y emociones. “Desde que empecé la adaptación sentía que debía hacer un homenaje a las letras, a la palabra. Aquí confluyen la literatura de Piedad, la pintura de Daniel y el teatro para mí”, señaló.

Pero para Johan hay una pregunta que sostiene la historia y resume la fuerza del amor materno frente al sufrimiento de su hijo. Daniel le pregunta a su madre: “Mamá, ¿tú me ayudarías a llegar hasta el final?”. Velandia no busca respuestas fáciles. También denuncia las deficiencias del sistema de salud y reclama una atención más humana para quienes enfrentan enfermedades mentales.“Lo más potente del libro es la contención con la que Piedad escribe sobre el suicidio de su hijo. Por eso quise que esta pieza hablara de la enfermedad mental y del dolor de una madre con igual dignidad, contención y potencia”, reveló Velandia. El resultado: una obra entrañable, profunda, íntima y refinada que conmueve sin recurrir al sentimentalismo.

*Lo que no tiene nombre estará presentándose del 22 al 31 de octubre en el Teatro Libre del Centro, en Bogotá, y el 6 y 7 de noviembre en el Festival Comfama San Ignacio de Medellín.

SINÉCDOQUE = LA PARTE DEL TODO: cuatro vidas atrapadas en la incertidumbre

Las sillas se alinean alrededor de un escenario desnudo. Cuatro hombres permanecen inmóviles. No se conocen ni parecen tener nada en común, pero podrían ser cualquiera de nosotros. Solo una lámpara ilumina de manera cenital ese espacio indefinido donde el tiempo parece detenido. Hay silencios, miradas y una tensión que crece.

Los cuatro hombres se toman el centro. La ansiedad los atraviesa. No saben por qué están allí ni cuánto más permanecerán. Nadie les responde. Son un colombiano, un cubano, un haitiano y un mexicano que han emigrado en busca de un mejor futuro, pero ahora están retenidos en un lugar donde otros deciden su destino y que los condena a la espera.

“Es una historia construida a partir de cuatro hombres en un limbo. Un limbo migratorio porque no termina de ser cárcel, no es un espacio libre, es un lugar de tránsito, improvisado en cualquier patio o coliseo dividido en múltiples celdas donde en cada una conviven hasta 10 y 20 personas”, explicó Jorge Hugo Marín, dramaturgo y director de Sinécdoque = La parte del todo, la nueva producción de La Maldita Vanidad.

Poco a poco descubrimos que el colombiano tiene visa de estudiante y viajó junto con su novia para especializarse. Que el haitiano está en proceso de asilo. Que el mexicano tiene un restaurante de tacos, una esposa local por papeles y otra mujer, la que le da amor y una hija. Y que el cubano, a pesar de su reducido inglés, se rebusca la vida entre masajes, música y alegría.

Alejandro Acosta
Sinécdoque: la parte del todo inaugura El maravilloso mundo de la figuras retóricas, trilogía con la que Héctor Hugo Marín busca contar conflictos humanos actuales. Foto: Alejandro Acosta

“Esto es lo más grave, que muchos tienen sus papeles en regla, estudian o trabajan, pero por circunstancias dadas terminan ahí”, detalló Marín. En ese limbo, sus historias y diferencias se desdibujan hasta quedar reducidas a una condición migratoria. “Usted está en una situación de irregularidad, pero eso no lo define como sujeto”, advirtió el director. “Sin embargo, al convertir a una persona en ilegal, se la despoja de su identidad y se la lleva a cuestionar incluso sus propios derechos”.

Fiel a su estilo hiperrealista, Marín logra que el público no permanezca ajeno. ¿Somos otros detenidos? ¿Testigos impotentes? ¿Cómplices de una arbitrariedad que contemplamos sin intervenir? “Aquí el espectador hace parte del juego, en nuestra ficción son los otros, comparten el encierro para bien o para mal, y con eso sus secretos”, señaló el director.

En escena, los actores Santiago Lozano, Danharry Colorado, Bito Quevedo y John Mora construyen una convivencia en la que los prejuicios, el miedo y la violencia se enfrentan al afecto, la empatía y la solidaridad. Hombres habituados a resistir y proveer descubren su masculinidad vulnerada.

El vacío escénico alude también al despojo de quienes enfrentan el frío, el miedo y la incertidumbre con apenas lo que llevan puesto. Los cuerpos agotados hablan a través de silencios, miradas y gestos que sustituyen las palabras. “Esto que parece desprovisto ha sido armado con filigrana”, afirmó Marín. El paisaje sonoro de Sergio Cote completa ese universo invisible. Radios de guardias, voces en distintas lenguas, puertas, sirenas y un helicóptero construyen, desde los sonidos cotidianos, la tensión de un mundo exterior que los personajes ya no controlan.

La obra no pretende resolver un drama global. Nos enfrenta a algo más incómodo: reconocer que detrás de cada expediente existe una vida que desconocemos y que, al otro lado de esa reja invisible, cualquiera de nosotros podría estar esperando.

*Sinécdoque= La parte del todo inaugura El maravilloso mundo de las figuras retóricas, trilogía con la que Marín busca contar conflictos humanos actuales. El próximo año le seguirán Hipérbole y Metáfora. La temporada comienza el 20 de octubre, los martes y miércoles a las ocho de la noche en la Casa de la Maldita Vanidad.