Casi tres décadas después de la muerte de Diana de Gales, su hermano Charles Spencer regresa a una historia que para millones de personas terminó aquella noche de agosto de 1997, pero que para él nunca dejó de ser personal. El canto del cisne. Diana, mi hermana, lanzado oficialmente a nivel mundial y publicado en español por Plaza & Janés / Penguin Random House Grupo Editorial, reconstruye la vida de Diana desde la mirada de quien fue su hermano menor, compañero de infancia y una de las personas más cercanas a ella. “El propósito de este libro es contar la verdad sobre Diana desde la perspectiva de un hermano, como intenté hacerlo cuando hablé en su funeral”, afirma Charles Spencer.
Entre los pasajes más contundentes de la obra están los recuerdos de Spencer sobre las primeras horas posteriores al accidente que terminó con la vida de Diana. Su teléfono, relata, no dejaba de sonar. Familiares, amigos y otras personas intentaban comunicarse en medio de la conmoción.

En ese momento, según su relato, recibió también una llamada del entonces príncipe Carlos. “A diferencia de otros interlocutores, que no daban crédito y apenas eran capaces de articular sus mensajes de pésame y voluntad de ayudar, el príncipe Carlos me pareció eufórico; era como si acabara de ganar la lotería”, recuerda Spencer. Según plantea, el comportamiento de Carlos pudo estar relacionado con la posibilidad de que la muerte de Diana eliminara el obstáculo que había existido durante años para su relación con Camilla.

El matrimonio que empezó con dudas
La imagen de la boda de Diana y Carlos, celebrada el 29 de julio de 1981 en la catedral de San Pablo de Londres, quedó asociada a uno de los acontecimientos más vistos de la historia de la realeza británica. Pero Spencer recuerda que, antes de aquel día, su hermana tuvo dudas sobre el matrimonio.
En medio de los preparativos, Diana habría hablado con su padre, John Spencer, sobre sus inquietudes y sobre el poco interés que, según ella, Carlos mostraba en determinados aspectos relacionados con la boda. Spencer asegura que su padre no consideró aceptable que Diana rompiera el compromiso. “No podía aceptar que Diana rompiera su compromiso y avergonzara de ese modo a la familia real”, relata Spencer sobre la postura de su padre.

La boda, finalmente, se celebró y se convirtió en un acontecimiento mundial. Sin embargo, detrás de las imágenes de aquel día, Spencer sitúa el comienzo de una relación atravesada por inseguridades y conflictos.
Uno de los aspectos que aborda es la relación de Diana con su cuerpo y el trastorno alimentario que, según el relato del libro, comenzó cinco meses antes de la boda. Spencer vincula el aumento de su inseguridad a un comentario que habría hecho Carlos después de abrazarla. “Vaya, estás un poco rellenita por aquí”, habría dicho.

Spencer afirma que Diana pesaba entonces 67 kilos y que llegó al matrimonio con un peso considerablemente menor. El problema, según su relato, no desapareció después de la boda. Tras el nacimiento de William, asegura que Diana comenzó a sentirse aislada y atrapada, convencida de que Carlos no tenía tiempo para ella y era crítico con sus defectos. Según Spencer, poco antes de morir Diana había llegado a pesar 54 kilos y sus médicos estaban preocupados.
El hermano de Diana también describe una característica que, a su juicio, resulta fundamental para entender sus contradicciones. Por un lado, estaba la mujer que había adquirido una dimensión extraordinaria frente al público; por otro, una persona que buscaba aprobación y afecto. “Era una mujer hermosa, de una fama extraordinaria y poseía la elegancia y gracilidad de una estrella de Hollywood. Sin embargo, anhelaba la aceptación de los demás, su admiración, su amabilidad y quizá, y ante todo, su amor”, escribe Spencer.

También aparece la tensión provocada por el carisma de Diana. Spencer asegura que Carlos “siempre estuvo muy celoso del carisma estelar de Diana”. Recuerda especialmente la visita oficial a Sídney en 1983, cuando la atención del público hacia ella habría provocado molestia en su marido. El episodio terminó, según Spencer, con Diana llorando en público.
Las tensiones no terminaron con el matrimonio. Una de las ideas que atraviesan el libro es la sensación de Spencer de que, incluso después del divorcio, la familia real continuaba considerando a Diana parte de su esfera de control.

Al recordar los preparativos del funeral, escribe: “Incluso muerta, para el palacio de Buckingham Diana seguía siendo suya. A pesar de su divorcio, se esperaba que la familia de mi hermana acatara cualquier decisión monárquica”.
Uno de los momentos más tensos, según su relato, ocurrió cuando se tomó la decisión de que William y Harry caminaran detrás del ataúd de su madre durante el funeral. Spencer asegura que se opuso porque consideraba que Diana no habría querido exponer a sus hijos a un dolor semejante.
Según el libro, la negativa provocó una fuerte reacción de Carlos, quien le habría gritado por teléfono: “Ese es el problema de tu familia. No tienen ningún maldito sentido del deber”.
Spencer recuerda que, después de aquella discusión, Carlos habría pronunciado otra frase que, en su interpretación, revelaba su actitud hacia Diana: “Puedes estar tranquilo. La olvidaremos muy pronto”.

El relato también se detiene en Mohamed Al-Fayed, antiguo propietario de los grandes almacenes Harrods y padre de Dodi Al-Fayed, con quien Diana mantuvo una relación. Spencer asegura que su hermana le había contado que el empresario le desagradaba y recuerda un episodio que ella le habría relatado después de conocer a Dodi. Según Spencer, Mohamed Al-Fayed se habría acercado a Diana, le habría puesto una mano en sus nalgas y le habría dicho: “En Egipto, el suegro es el primero”.
Pero quizás una de las revelaciones más importantes del libro está relacionada con la entrevista que Diana concedió a Martin Bashir para el programa Panorama de la BBC. Spencer sostiene que, dos años antes de su muerte, su hermana había llegado a estar convencida de que su vida “corría un peligro inminente” y que aquella entrevista podía ser una manera de protegerse.
El programa fue visto por 23 millones de personas y se convirtió en uno de los momentos más trascendentales de la vida pública de Diana. Allí pronunció la frase que quedó asociada para siempre a la crisis de su matrimonio: “Éramos tres en ese matrimonio”, en referencia a la relación de Carlos con Camilla Parker-Bowles.
Spencer considera que los métodos utilizados para conseguir la entrevista tuvieron consecuencias particularmente graves para Diana. “Con tal de afianzar lo que en aquella época calificaron, alardeando, como ‘la entrevista del siglo’, Bashir y algunos colegas de la BBC infundieron en Diana un estado de vulnerabilidad extrema”, sostiene.
La entrevista provocó una fuerte reacción de la reina Isabel II, especialmente por la afirmación de Diana de que Carlos no tenía “madera de rey”. Cinco semanas después, según Spencer, la reina insistió en que Diana y Carlos formalizaran su divorcio, que se hizo oficial el 28 de agosto de 1996. Diana perdió entonces el tratamiento de “su alteza real”. Un año después moriría en París.
