Si bien con un cambio forzado, pues temas físicos impidieron que el virtuoso pianista ruso Daniil Trifonov se uniera a la gira como estaba pactado, lo que sucederá en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo el 14 y el 15 de octubre es nada menos que histórico. Dirigida por Kirill Petrenko, la Orquesta Filarmónica de Berlín llega al país por primera vez en 140 años de historia para entregar dos noches, sumando al virtuoso pianista islandés Víkingur Ólafsson. Lo hará después de conciertos por el Carnegie Hall de Nueva York, en una gira que luego la lleva a Sao Paulo y Buenos Aires.


Aquí se habla de una institución musical que en su casi siglo y medio ha elevado todos los estándares de la música clásica en interpretación, concepción del espacio artístico, dirección, autogobierno, grabación y más rubros del oficio musical de primer nivel. Desde 1955, la han dirigido Herbert von Karajan (brillante, controlador, polémico), Claudio Abbado (transparente en sus métodos) y Simon Rattle (con mirada a la vanguardia y foco educativo). Y vale decir que la Berliner sobrevivió a la apropiación del nazismo, que la vio como vehículo de expansión, para ofrecerse ahora, en tiempos de división, como un espacio de humanidad y un reflejo de la democracia artística, pues no obedece a una estructura vertical de mando.
Al respecto de esta visita, su director, Kirill Petrenko; una segundo violín, integrante de la junta de la orquesta y parte de esta por 30 años, Eva-Maria Tomasi; y su gerente, Andrea Zietzschmann, hablaron en rueda de medios con la región, y Arcadia hizo presencia.
Lo inició Zietzschmann, anotando que, viniendo de Nueva York a Bogotá, la orquesta pasará de 0 a 2.600 metros de altitud, “lo cual representa todo un desafío físico”. Así, brinda el marco a esta visita: “Desde que Kirill asumió la dirección, fue un deseo compartido llevar las giras a nuevos destinos; y nos causa enorme alegría ofrecer dos conciertos en el Teatro Mayor, en esta primera visita histórica a Colombia. Somos conscientes del papel fundamental que desempeña la música clásica allí, por eso trabajaremos con la Orquesta Filarmónica Prejuvenil de Bogotá y realizaremos un concierto para niños. Además, grabaremos un documental sobre esta gira suramericana”. Este primer encuentro no les es menor ni a los colombianos ni a ellos.

En ese punto, el décimo director titular en la historia de esta institución, el ruso-austriaco Petrenko, aclara que esta será su primera vez dirigiendo en Suramérica. Luego de turistear por Río de Janeiro en el pasado, viene a crear memorias musicales. Y sobre esas, ahonda en el programa de ambas noches: “El primer programa es alemán fundamentalmente. Abre el Primer concierto para piano de Brahms, con Víkingur Ólafsson como solista; le estamos profundamente agradecidos; nos acompañará hasta el último concierto en Buenos Aires. Y la segunda obra será el poema sinfónico Así habló Zaratustra, de Richard Strauss, basado en la filosofía de Friedrich Nietzsche, una de las piezas musicales más famosas de la historia”. Pone la piel de gallina el proyectarla en el Julio Mario Santo Domingo y, por qué no, atarla a esa memorable escena de 2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick.
Sobre la noche del 15, Petrenko ilustra: “El segundo programa se centra en el repertorio romántico. Interpretaremos las Variaciones Enigma, de Elgar, y, por último, la Sinfonía n.º 4 de Tchaikovsky, una obra cargada de simbolismo, de material enigmático sobre el destino y la lucha del individuo contra la tragedia de la vida. Se trata de sobrellevar situaciones, de adquirir poder, y usualmente se falla. Esperamos desplegar el máximo de nuestra capacidad artística en cada sala en estos dos programas variados”. No cabe duda de que lo harán, dando guerra a la falta de oxígeno. “Es mi primera visita a Colombia”, profundiza Petrenko, “y me reconforta viajar tan lejos para entregar nuestra música e interpretar la Sinfonía n.° 4 de Tchaikovsky. No llevo expectativas rígidas; estoy abierto a que todo lo que suceda enriquezca mi vida y confío en que sea la primera de muchas visitas”.
“Después de integrar esta orquesta, uno ya no se imagina tocando en otra” dice Eva-Maria Tomasi.
El turno le corresponde entonces a la experimentada Tomasi. En nombre de la junta de la orquesta y de sus músicos, la violinista expresa lo significativo que les resulta regresar a Suramérica tras 26 años y visitar a Colombia por primera vez. La música sostiene la creencia de que “nuestra labor no se limita a tocar en Berlín, sino a actuar como embajadores culturales en el mundo”.
Arcadia les pregunta entonces a Petrenko y a Tomasi sobre tocar este repertorio profundo y espiritual en tiempos de alta división y si el marco de un concierto impacta sus interpretaciones. El director no es ajeno a su entorno. “Atravesamos tiempos convulsos con conflictos bélicos cercanos a Europa y percibimos esa tensión internamente en Alemania, donde sostener la ayuda a Ucrania exige un esfuerzo colectivo. Para mí, la música representa un refugio. Viajar miles de kilómetros hasta Estados Unidos y Suramérica demuestra que nuestro trabajo es esperado y valorado internacionalmente, lo que nos da la convicción de que podemos contribuir a un mundo mejor”. A su vez, Tomasi asevera que “la música es un lenguaje universal. Un concierto brinda a la audiencia dos horas de paz, concentración y meditación, alejando a las personas de la convulsión cotidiana. Como orquesta, somos el reflejo de un sistema democrático en el escenario y nos motiva a compartir este mensaje globalmente”.
“Esta orquesta es reflejo de un sistema democrático en el escenario, y nos motiva compartir ese mensaje”, explica Eva-Maria Tomasi.
Colegas le preguntan qué hace tan única a la Berliner. Tomasi responde: “No existe la rutina apática. Cada concierto se aborda con una pasión absoluta, como si fuera el último. Tras 40 años en la institución, mantengo la misma devoción y frescura”.


Considerando que Petrenko entró en 2019 y Tomasi ha tocado en la orquesta por más de 30 años, Arcadia les pregunta sobre qué esperaban de la orquesta antes de integrarla y qué encontraron dentro. Tomasi cuenta: “Ingresé en 1986 a través de la Academia Karajan, así que tuve casi tres años de aprendizaje. No era integrante, pero ya aprendía mucho, tocando conciertos, integrando giras y recibiendo lecciones de Herbert von Karajan. No superé la primera audición, pero insistí y en la segunda fui admitida. Lo difícil en ese punto era que, una vez se integra esta orquesta, uno ya no se imagina tocando en otra”.
Petrenko fragmenta su experiencia en dos ocasiones: la primera vez que dirigió la orquesta como invitado y cuando ingresó como titular electo. “Mi debut fue en 2006 dirigiendo la Segunda Sinfonía de Rachmaninoff. Conducir la Berliner Philharmoniker fue fantástico, pero también recuerdo lo nervioso que estuve los tres días de ensayos y conciertos. Y fue luego, cuando los músicos se acercaron y expresaron lo mucho que les había gustado trabajar conmigo, que sentí un gran alivio. La segunda, cuando regresé como director titular electo, esperaban que desplegara mi visión de la música que tocamos juntos, mis expectativas y el nivel al que esperaba llegar. Y esto exigió trabajo duro, pero me motivaron mucho. Y, desde los ensayos, la calidez humana de los músicos borró mis nervios y me hizo sentir en familia. Fue una experiencia muy distinta. Ahora, después de este tiempo juntos, conjuramos un sentimiento”.
