Se acerca la celebración de 30 ediciones de un evento que, más que festival, es un orgullo para esta brutal, amada y devastadora metrópoli de 9 millones. Y si la emoción no es poca, es porque a lo que ha conjurado Idartes se le siente el amor. Rock al Parque (R. A. P.) congregó 253.000 almas en 2025, y, por su confección, no sería raro si llegan más en 2026, aun si Iron Maiden se cruza a la jornada dominguera, un par de calles al sur.


El festival tendrá lugar el puente del 10 al 12 de octubre en su casa natural, el Parque Simón Bolívar. Serán tres jornadas de música de Bogotá, Colombia y el mundo, con sonidos que tocan la extrema pesadez (Grave), lo dinámico (Desorden Público), lo contestatario (I.R.A.), lo místico (Serú Girán), lo inquieto (Editors, espere nuestra charla con ellos) y la colectiva introspección (Lucio Feuillet). Habrá más de 80 bandas repartidas en tres tarimas base (Plaza, Bio By Vans, Eco) y el Escenario BBC, dando pie a muchísimos circuitos de música por buscar y por descubrir, el placer oculto y poderoso de un festival.


Juzgar un cartel nace de lo subjetivo y de saber que jamás se puede contentar a todos. Para Arcadia, el de esta edición 30 ofrece un balance fantástico entre lo local, presente y actos de trascendencia jamás escuchados en vivo en el país. En una era en la que se le compara injustamente con eventos privados como el FEP, que también llegaron al Parque, R. A. P. ofrece en 2026 a 26 agrupaciones invitadas que nunca habían tocado en el festival, más las diez distritales de la convocatoria (36 bandas inéditas, casi la mitad). Y esto surte efecto desde la expectativa de vivir nostalgias con los clásicos de Los Prisioneros por cuenta de Claudio Narea y su banda (la rompieron en el Cordillera), sentir el presente de Los Bunkers o dejarse arrastrar por sonidos frescos de bandas locales como Lutter, de las uruguayas Niña Lobo o de Brina Quoya.

Esta tercera década también se celebra con una estela de memoria, que incluye un libro de colección y una agenda que incorpora exposiciones itinerantes, proyectos discográficos y el foro de periodismo musical, punto de encuentro para los periodistas y la difusión del rock colombiano. Estos productos son claves para registrar, conservar y dimensionar el impacto de este proyecto público y gratuito, único en América Latina, que emociona mucho a la población que impacta y a varios que visitan la ciudad para vivirlo.

Para la ciudad, “Rock al Parque es un hito, como Monserrate o los cerros orientales”, dijo María Claudia Parias, directora de Idartes, a Arcadia. Y en el espíritu de medir la huella del evento y esta genial edición 2026, sumamos las voces del programador del festival, Héctor Mora, y de integrantes de dos agrupaciones bogotanas con trayectoria y futuro en estas tarimas míticas: V for Volume y Syracusæ.
Héctor Mora / Curador y programador / (2023-presente)


Devoto y conocedor de la música, este periodista y productor de televisión y radio presenció in situ los inicios del festival, viendo a Danny Dodge en un parque casi vacío. Y poco después, asumiría como coordinador general (de 1998 a 2001 y en 2003, cuando era obra del extinto IDCT). A este regresó en 2004 para ayudar en la celebración de diez años y en 2023 asumió su función actual.

Para este 2026, dice a Arcadia: “No queríamos repetir artistas de una época, sino dar un balance entre las grandes figuras del pasado, shows destacados como Apocalyptica o Tokyo Ska Paradise Orchestra y agrupaciones latinas vigentes como Los Bunkers”. Mora confiesa que su trabajo es más Excel de lo que se imagina y aclara que no se programa por gusto, pues se responde “a lineamientos generales y complejos”. En ese marco, añade que “incluimos sonidos nuevos del rock latinoamericano del último siglo y de la última década y media, como Mon Laferte (estuvo con nosotros en 2017 y representa la nueva imagen de la mujer en el indie pop rock latinoamericano) o Between the Buried and Me, de Estados Unidos, en el metal, de este siglo”, e incluso el indie pop de Bandalos Chinos que quizá le fascina a su hija.

Mora subraya tres factores claves en todo este camino: la importancia de que sea gratuito, en el espacio público; el hecho que emociona y pone a debatir a la gente, y la convocatoria distrital, que en estas épocas recibe cientos de agrupaciones, y escoge una de cada 12. “Hay años en los que hay más bandas de un género, o aparecen más propuestas en formato cantautor, algo que no pasaba hace cinco años. Y eso responde al pulso de la ciudad. En términos distritales, el cartel de R. A. P. toma la temperatura de los últimos dos o tres años”.
A nivel general, explica que este año fue complejo porque, al centrarse en la edición 30, juegan elementos fuertes como el pasado, la nostalgia. “El primer reto fue lograr un balance entre ese respeto y nostalgia por el festival y la emoción de la actualidad”.

Diego Rodríguez / Compositor y guitarrista /Syracusæ


Sobre el impacto de R. A. P. en la banda, Rodríguez anota que “todos crecimos asistiendo al festival y escuchando las bandas que lo hicieron una joya de la música alternativa y la contracultura en Colombia. Bandas como La Pestilencia y Ultrágeno abrieron el camino para las vertientes y los géneros que hoy tocamos”, y añade que ver a The Dillinger Escape Plan en 2012 lo hizo cuestionarse la música que hacía. Luego, mira a la historia que allá robustecieron: “Haber clasificado como banda distrital en 2018 y tocar entre Walls of Jericho y Suicide Silence, con pocos años de historia, fue impensable y nos llenó de experiencia a nivel técnico”. Ahora, luego de llevar su música a Suecia, Dinamarca y escenarios notables en Colombia, integrar este aniversario importa: “Vamos con un show especial que conmemora su historia, totalmente inesperado”, exhorta. Rendirán homenaje a varias de las bandas “que consideramos icónicas en el país y han pasado por el festival. Esto solo sucederá una vez, por lo cual ¡no se lo pueden perder!”.
María José Camargo / Cantante y compositora / V for Volume


En el festival, la memoria más resonante que Camargo recuerda como artista es la de la gente cantando al unísono su himno Cheap Universe, prendiendo las luces de su celular, cuando ya se habían apagado las luces y el sonido. “Sonó a un grito feral de personas que reconocieron en esa canción un himno a lo que estaban sintiendo”, explica. La cantante y compositora suma que Rock al Parque es un festival, “pero primero fue una conquista colectiva. La prueba de que Bogotá podía invitar otras formas de pensar, de vestir, de amar, de gritar y de estar juntos con diferentes acentos y pintas. De que la cultura alternativa tenía derecho a ocupar la ciudad y hacerla temblar”. Y luego añade que “hay dos pruebas de que, a la larga, no hay nadie más que nadie: la muerte y el pogo. En un pogo a nadie le importa de dónde vienes ni cuánto tienes. La carne es la carne y el pulso es el pulso”. No es menor para esta música que “esta idea de reclamar y mantener ese espacio colectivo haya durado 30 años, a pesar de cambios de gobierno y discurso. Eso es un triunfo. Y formar parte de esa celebración es como recibir una condecoración. Entender que somos moléculas de algo enorme y necesario para nuestro espíritu colectivo”.
