Cecilia Roth es una de las actrices argentinas de mayor reconocimiento internacional. Su trayectoria incluye personajes que, con el paso del tiempo, permanecen ligados a películas y directores que marcaron distintas etapas de su carrera. Entre ellos están Ana Dominicci, en Un lugar en el mundo, y Alicia, en Martín (Hache), ambas de Adolfo Aristarain; y Manuela, en Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar. A esa trayectoria se suma ahora su encuentro con una generación que descubre en las nuevas tecnologías otras herramientas para hacer cine.
Como invitada central de la más reciente edición de SmartFilms, Roth llegó a Colombia para participar de un espacio dedicado precisamente a esas nuevas maneras de narrar. Para la actriz, estar ahora frente a los jóvenes realizadores tiene un significado que va más allá de la presencia de una figura reconocida del cine. Lo que le interesa es la posibilidad de que quienes están comenzando puedan apropiarse de las herramientas disponibles y contar sus propias historias. “Estar aquí me gusta y me parece importante. Me parece que las nuevas maneras, las nuevas formas, los jóvenes, sus empoderamientos y sus posibilidades de contar sus propias historias son algo fundamental de apoyar sin dudarlo”, le asegura Roth a SEMANA.

Relación eterna con el cine
La relación de Roth con SmartFilms también pone sobre la mesa una transformación que recorre toda la industria audiovisual: las historias ya no dependen de una única pantalla ni de las formas tradicionales de producción y circulación. El celular, las plataformas de streaming y espacios como YouTube ampliaron las posibilidades para quienes antes podían quedar por fuera de los circuitos convencionales.
La actriz observa ese cambio desde una posición particular. Su carrera pertenece a varias épocas de la industria, pero su aproximación a las nuevas tecnologías no está marcada por la resistencia. Por el contrario, reconoce que ella ha incorporado hábitos que años atrás no imaginaba. “Voy adaptando los momentos, no los pienso de antemano. Me gusta lo que está pasando, los streamers, el streaming. Veo mucho contenido de plataforma más que de televisión al aire. En el celular hago muchísimas cosas que no pensaba que iba a hacer nunca”, cuenta.


Su aproximación, sin embargo, tiene una condición. Para Roth, la multiplicación de canales para informarse, entretenerse y producir contenidos también obliga a desarrollar una mirada crítica frente a lo que circula en ellos. El acceso a nuevas narrativas convive con la posibilidad de que la información sea manipulada. “Si todo es para bien, me parece que sí. Si empiezo a sentir que hay manipulación dentro, no; no quiero que me manipulen. Reconozco absoluta e inmediatamente las fake news, pero hay mucha gente que no las reconoce. Le entran por la cabeza y terminan eligiendo o votando mal”, señala.
Más allá de su lectura política, la reflexión conecta con el propio espíritu de un festival como SmartFilms: contar historias en un ecosistema en el que producir y publicar es cada vez más accesible, pero en el que también resulta necesario preguntarse quién cuenta, desde dónde cuenta y con qué intención. “Me parece superinteresante todo lo que sea aportar nuevas maneras de contarse, de contarnos y de contar una época, siempre y cuando uno se dé cuenta de dónde aparece el punto de la manipulación también. Ojo”.
Los personajes que permanecen

Si las nuevas generaciones están encontrando otras herramientas para construir historias, Roth pertenece a una tradición en la que los personajes se construyeron dentro de películas, equipos y procesos creativos que dejaron una huella personal. Al hacer memoria de su carrera, la actriz no establece una separación tajante entre ella y los roles que ha interpretado. “Los tengo presentes a todos porque son parte mía, o, incluso, parte de mí estaba en ellos. O sea que están muy presentes todos”, explica.

Hay, sin embargo, cuatro trabajos que identifica como especialmente movilizadores. Menciona Kamchatka, de Marcelo Piñeyro, donde interpretó a Ana, una mujer que forma parte de una pareja de militantes durante la dictadura y que atraviesa esa realidad junto con sus hijos. También recuerda Un lugar en el mundo, de Adolfo Aristarain, otra historia en la que interpretó a una mujer también llamada Ana.
La lista continúa con Martín (Hache), también de Aristarain, un personaje que define como duro y hermoso al mismo tiempo. Y aparece Manuela, rol que interpretó en Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar, una experiencia que ocupa un lugar especial en esa memoria profesional.
Roth no presenta estos papeles como una clasificación definitiva. Incluso advierte que podría estar siendo injusta al reducir su recuerdo a cuatro títulos. Pero son las obras que surgen cuando se le pide detenerse y mirar hacia atrás.


En el caso de Almodóvar, la memoria adquiere, además, una dimensión distinta. Roth y el director español continúan en contacto y se conocen desde hace muchos años. Por eso, ante la posibilidad de volver a trabajar juntos, la actriz no intenta anticipar qué clase de personaje podría surgir de ese encuentro. “Me encantaría rodar una película con él, por supuesto. Me encantaría con otro Pedro, no sé si es otro Pedro, pero con otro momento de Pedro, seguro. Y me encantaría con otro momento mío, pero no sé con qué. Sería una sorpresa volver a trabajar juntos”.
Mirarse desde la distancia

Esa relación con el pasado también aparece cuando Roth habla de sus propias películas. “Me es mucho más fácil verlas en la distancia del tiempo que apenas rodadas. Cuando ruedo una película, es muy difícil que la vea. Prefiero no verme; no miro el monitor cuando estoy rodando, prefiero que me pase por dentro y saber yo misma cómo lo estoy sintiendo, porque para mí es muy engañoso verse”, explica.

No se trata solamente de una relación con la imagen propia. En sus palabras hay también una defensa de la experiencia interior del actor durante el rodaje. “Por ahí a la mitad o a los dos minutos la quito y luego digo: ‘Wow, mira cómo era en ese momento y qué me pasaba con ese personaje’”.
Esa manera de observar el pasado dialoga con la forma como entiende su propio recorrido. Quizás por eso la actriz argentina evita convertirse en una figura que dicta fórmulas a quienes comienzan en la industria. Frente a los jóvenes que participan en espacios como SmartFilms, no ofrece una receta para alcanzar el éxito ni una lista de instrucciones para construir una carrera artística. “Yo no doy consejos, la verdad que no. Pero creo que hay que seguir los deseos. Cada uno tiene que seguir su propio deseo, su propia intuición y no cortarles el mambo al deseo ni a lo que uno siente y huele”, remata.
