Arcadia: Es injusto, pero comparta tres canciones que, para usted, encapsulan su carrera y su visión artística…
Raphael: Es muy injusto (risas). Pero si me obligáis a elegir, diría Yo soy aquel, porque fue una canción fundamental en mi proyección internacional; Qué sabe nadie, que con los años se ha convertido en mi himno; y Mi gran noche, por esa capacidad maravillosa que ha tenido para renacer generación tras generación. Mañana seguramente te diría otras tres.
Arcadia: ¿Cuáles son sus mayores orgullos, como artista y como ser humano?
Raphael: Como artista, haber podido construir una carrera a mi manera, manteniéndome fiel a mi forma de entender este oficio y contando con el cariño del público durante más de seis décadas. Como ser humano, mi familia. Sin ninguna duda. Mi mujer, mis hijos, mis nietos... Ese es mi verdadero patrimonio.
Arcadia: ¿Qué consejo le daría al Raphael indetenible de los años sesenta y setenta? ¿Qué consejo le daría ese Raphael a usted hoy?
Raphael: Al Raphael de entonces le diría: “Sigue exactamente por ahí, lo estás haciendo bien. Sé fiel a ti mismo, confía en tu intuición y rodéate siempre de gente que te quiera bien, que entienda tu visión y te ayude a crecer”.
Y él seguramente me diría: “No te acomodes, no mires demasiado hacia atrás y honra tu vocación hasta el final”. En eso creo que todavía nos entendemos bastante bien.


Arcadia: Viene de sentir los efectos de la enfermedad y la vulnerabilidad. ¿Cómo impacta esto su música y su entrega? ¿Qué lecciones le ha dejado?
Raphael: Te coloca las prioridades en su sitio. Sería absurdo decir que no pasé miedo; lo pasé. Pero cuando te enfrentas a algo así, tienes que confiar en los médicos, colaborar y mirar hacia adelante. He tenido además la fortuna de estar tremendamente acompañado por mi familia y de sentir constantemente el cariño del público.
¿Si canto ahora de otra manera? No. Siempre me he entregado completamente encima de un escenario. Lo que quizá ha cambiado es mi manera de valorar todavía más el privilegio de poder hacerlo. Soy muy consciente de ello.
Arcadia: ¿Cómo navega este siglo XXI de redes sociales y extremas polarizaciones?
Raphael: Con curiosidad. Nunca me ha gustado quedarme anclado en la época en la que empecé. Intento entender lo que sucede, escuchar a los jóvenes, conocer nuevas músicas y utilizar las herramientas que ofrece cada momento.
Las redes han cambiado muchísimo la relación entre el artista y el público y tienen cosas fantásticas. Pero procuro no vivir pendiente de ellas. Hay algo que no ha cambiado ni va a cambiar: al final uno sube a un escenario y tiene que emocionar. Ahí no hay algoritmo que valga.
Arcadia: ¿Qué memorias le suscitan Colombia y Bogotá?
Raphael: Colombia me provoca muchísimo cariño, excelentes recuerdos. Es uno de esos países en los que desde muy pronto sentí que el público me había adoptado como uno de los suyos. Y eso un artista no lo olvida jamás. Bogotá me trae recuerdos de conciertos maravillosos, de teatros y grandes recintos y, sobre todo, de un público tremendamente musical y muy entendido. Colombia tiene una riqueza cultural extraordinaria y una forma muy genuina de vivir la música.


Arcadia: ¿Cómo define el amor? ¿Qué tan necesaria es la canción de amor para el amor?
Raphael: El amor es cuidar, entender, acompañar, apoyar... Es querer bien. Es estar. Compartir la vida cuando las cosas van extraordinariamente bien y, sobre todo, cuando no van tan bien. ¿Y la canción de amor? Absolutamente necesaria (risas). Desde que existe la música, cantamos al amor y al desamor porque son sentimientos universales. Puedes cambiar los arreglos, los ritmos o la forma de escribir, pero seguiremos necesitando canciones que expliquen aquello que muchas veces no sabemos poner en palabras.

Arcadia: ¿Qué puede esperar su público de este regreso?
Raphael: Puede esperar Raphaelísimo: Raphael en superlativo. Un recorrido por esas canciones fundamentales que el público y yo hemos ido haciendo nuestras durante más de seis décadas. Estarán, por supuesto, muchas de las “joyas de la corona”, pero también canciones de Ayer... aún, mi último disco, con el que he querido rendir homenaje a la gran canción francesa y a autores e intérpretes que me han acompañado desde mis comienzos.
Será música completamente en directo y un espectáculo muy intenso. Y tratándose de Colombia... puede que haya algún guiño. Pero no me hagas contar más, porque entonces deja de ser sorpresa.
Arcadia: ¿Qué causas defiende?
Raphael: Defiendo fundamentalmente a las personas. Después de haber recibido un trasplante de hígado, sería imposible que no sintiera una profunda gratitud hacia la medicina, la ciencia, hacia los profesionales sanitarios y, especialmente, hacia la donación de órganos. Estoy aquí gracias a la generosidad extraordinaria de una persona a la que nunca conocí.
Y defiendo también la cultura y la música como herramientas que nos ayudan a entendernos. He vivido toda mi vida de ellas y sé perfectamente hasta qué punto pueden acompañar a una persona en los buenos momentos y, especialmente, en los malos.
Arcadia: ¿El significado de cantar ha cambiado para usted en estas décadas de recorrido?
Raphael: Ha cambiado mi experiencia, pero no el significado profundo. Cuando era muy joven cantaba porque era lo que quería hacer, lo que sabía hacer y, sobre todo, lo que necesitaba hacer. Y hoy sigo cantando exactamente por la misma razón. Es mi vocación.


Arcadia: ¿Qué voces lo han forjado y sigue escuchando? ¿Qué voces nuevas lo han sorprendido?
Raphael: Édith Piaf fue fundamental para mí. También Charles Aznavour, Jacques Brel, Carlos Gardel... Grandes intérpretes que no se limitaban a cantar una melodía: contaban una historia y conseguían hacerla verdad. Y, por supuesto, he admirado profundamente a compañeros con los que además tuve la suerte de compartir música, como Rocío Jurado.
De las generaciones actuales escucho muchísimas cosas. Rosalía, por ejemplo, me interesa especialmente porque tiene una personalidad artística muy poderosa y una enorme curiosidad musical.
Y si hablamos de Colombia... ¡Imagínate! Me encanta vuestra música y la enorme diversidad que tenéis: salsa, cumbia, vallenato... Totó la Momposina, Grupo Niche, Juanes, Carlos Vives, Shakira... Y hace poco me presentaron a Aria Vega, una artista jovencísima de Barranquilla que me pareció muy interesante. Pocos países pueden presumir de una riqueza y una variedad musical como la vuestra.

Arcadia: ¿Qué aprecia del mundo de hoy? ¿Qué extraña del siglo XX?
Raphael: Del mundo actual me fascina la facilidad con la que podemos acceder a la cultura. Hoy un muchacho puede descubrir en una misma tarde a Piaf, a Camarón, a Sinatra y a Vicente García, por ejemplo. Eso es extraordinario.
¿Del siglo XX? Quizá extraño algo de paciencia. El valor del tiempo, de hacer las cosas sin tanta prisa. Antes esperábamos un disco, una película, una carta... y esa espera también formaba parte de la emoción. Hoy todo sucede inmediatamente y, muchas veces, también desaparece inmediatamente.
Pero no soy nostálgico. Cada época tiene sus maravillas y sus problemas. A mí me interesa vivir la que me toca y mirar siempre “pa’lante”.
*Entradas para ver al ícono en TuBoleta.
