El 26 de febrero de 2026, un equipo de la Subdirección de Gestión del Patrimonio Documental del Archivo General de la Nación llegó a una casa de Teusaquillo, en Bogotá, donde durante años había permanecido el archivo personal del ingeniero Gustavo Arias de Greiff. La colección reunía documentación sobre la historia ferroviaria y aeronáutica del país y había sido formada por Arias de Greiff a lo largo de su trayectoria profesional y de sus investigaciones. La humedad y las condiciones del inmueble hacían necesario evaluar el estado de conservación y el riesgo de pérdida.


Después de esa visita comenzó el traslado al Archivo General de la Nación. El fondo comprende 88 cajas, 176 tomos, 17 álbumes y 107 carpetas, con 34.635 folios, 8.159 fotografías y 535 planos y mapas fechados entre 1878 y 2022. El material incluye documentos sobre los primeros ferrocarriles del país, registros de SCADTA, fotografías de estaciones y locomotoras, planos de obras de ingeniería y papeles recopilados por Arias de Greiff a lo largo de los años.
Gustavo Arias de Greiff había dedicado buena parte de su vida a recopilar ese material. Nacido en Bogotá en 1933, estudió ingeniería mecánica y aeronáutica en la Universidad de los Andes y en la Universidad de Pittsburgh. Trabajó en los Ferrocarriles Nacionales de Colombia, Acerías Paz del Río y Aero Vías Nacionales, participó en proyectos relacionados con El Cerrejón y la reconstrucción de locomotoras, y mantuvo durante años una búsqueda constante de libros, fotografías, informes y manuscritos que podían terminar dispersos.
Durante esas décadas, Arias de Greiff fue reuniendo documentos relacionados con los sectores en los que había trabajado y con los temas que investigaba. Por eso, el fondo contiene materiales de procedencias y épocas distintas, recopilados a lo largo de años en bibliotecas, archivos institucionales y colecciones particulares. Los ferrocarriles, la aviación, la navegación y la ingeniería aparecen de manera recurrente porque hicieron parte tanto de su trayectoria profesional como de sus investigaciones históricas.
Para entender el alcance de lo que conserva el archivo hay que volver al siglo XIX, cuando el ferrocarril comenzó a aparecer en los proyectos de infraestructura de la entonces República de la Nueva Granada. El primer antecedente estuvo en Panamá, que todavía hacía parte del territorio colombiano. La línea entre Colón y Ciudad de Panamá fue terminada en 1855 y permitió atravesar el istmo entre los océanos Atlántico y Pacífico, en un momento marcado por el crecimiento del tránsito internacional y por la fiebre del oro de California.


En el territorio continental, los proyectos ferroviarios tomaron forma algunas décadas después y respondieron a necesidades regionales muy concretas. Antioquia buscaba una salida al río Magdalena; el Valle del Cauca necesitaba comunicarse con Buenaventura; Santander miraba hacia la frontera con Venezuela, y varias poblaciones del centro del país dependían de Honda y Girardot para conectarse con las rutas fluviales. Transportar café, tabaco, banano, carbón, maquinaria o pasajeros a través de una geografía atravesada por cordilleras exigía semanas de viaje en algunos trayectos.
Francisco Javier Cisneros fue uno de los ingenieros ligados a esa expansión. El cubano llegó a Colombia en la década de 1870 y participó en proyectos en Antioquia, el Cauca, Buenaventura, Barranquilla y Honda. En 1874 fue contratado por el gobierno de Antioquia para impulsar una línea que permitiera acercar Medellín al río Magdalena. Después intervino en iniciativas ferroviarias en otras regiones, donde encontró las mismas dificultades que afectaban a casi todos los proyectos de infraestructura del país.
Las obras dependían de concesiones, capital privado y presupuestos públicos reducidos. Construir unos kilómetros podía exigir puentes, cortes de montaña, túneles y trabajos de explanación, mientras las guerras civiles interrumpían contratos, disminuían los recursos y obligaban a suspender obras durante años. Algunas líneas avanzaban por tramos y otras quedaban detenidas después de inversiones que no siempre lograban completar los recorridos previstos.
Durante las primeras décadas del siglo XX, varias de esas líneas comenzaron a articularse con proyectos de mayor alcance. El Ferrocarril de La Dorada se prolongó hacia zonas productoras de tabaco, las líneas del norte avanzaron hacia Santander y el sistema de Santa Marta se extendió hacia el interior de la zona bananera. El crecimiento de las exportaciones de café y de otros productos aumentó la demanda de transporte y llevó al Estado a intervenir con mayor frecuencia en la construcción y administración de las vías.
Buena parte de esa historia puede rastrearse en el fondo Arias de Greiff a través de documentos producidos por las propias empresas. Hay informes de los ferrocarriles del Pacífico, Cauca, Caldas, Girardot, Antioquia, Cundinamarca, Tolima, Huila, Caquetá, Ambalema, Ibagué, Nariño, Cúcuta, Boyacá, Santander y Magdalena. También se conservan memorias del Senado, documentos del Ministerio de Obras Públicas, contratos, legislación y publicaciones especializadas.
Julián Gutiérrez, historiador del Archivo General de la Nación, considera que la llegada del fondo ayuda a cubrir parte del vacío dejado por la pérdida y dispersión de archivos ferroviarios durante las últimas décadas. “Desde que Colombia abandonó la política ferroviaria ha sido una constante en el país la pérdida de los archivos”, explicó durante la presentación del material.


Muchos documentos quedaron repartidos entre empresas, asociaciones de antiguos trabajadores, oficinas regionales, estaciones cerradas y colecciones particulares. Otros nunca ingresaron a archivos públicos. Gutiérrez recuerda que todavía aparecen en subastas documentos ferroviarios del siglo XIX, una señal de la dispersión que ha acompañado a este tipo de archivos.
Aunque el AGN conserva fondos relacionados con los ferrocarriles y con el Ministerio de Obras Públicas, una parte importante de la documentación producida por las concesiones y por las empresas que operaron las líneas continúa fuera de las instituciones archivísticas. El fondo Arias de Greiff reúne materiales procedentes de varias de esas fuentes y permite relacionar documentos técnicos con fotografías, publicaciones y correspondencia.
Durante la valoración inicial llamó especialmente la atención un grupo de tres álbumes fotográficos. Uno de ellos contiene 230 imágenes tomadas entre 1892 y 1908 y permite seguir obras de los ferrocarriles del Cauca, Girardot, Norte, Caldas y Antioquia. En esas páginas quedaron registradas estaciones, locomotoras, puentes, cortes de montaña, trabajadores y distintos momentos de la construcción de las líneas.
Las fotografías también muestran paisajes y poblaciones visitadas durante los recorridos de los ingenieros. Algunas corresponden a comunidades indígenas de distintas regiones y otras están relacionadas con una comisión gubernamental encargada de trabajos limítrofes con Venezuela. Son registros producidos en una época en la que fotografiar fuera de las ciudades exigía equipos pesados, materiales sensibles y procesos que dificultaban la toma y conservación de las imágenes.

Según la información contenida en el propio álbum y los datos recopilados con la familia, buena parte de esas fotografías habría pertenecido al ingeniero Rafael Álvarez Salas. Nacido en Purificación, Tolima, en 1859, trabajó como topógrafo y constructor de obras públicas y en 1890 ingresó como segundo ingeniero del Ferrocarril de Girardot. Después participó en proyectos en Antioquia y el Cauca. Arias de Greiff dedicó sus últimos años a reconstruir su trayectoria y en 2021 publicó un libro sobre Álvarez Salas y sus fotografías.
La aviación ocupa otra parte del conjunto. Dos álbumes contienen imágenes relacionadas con la Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos, SCADTA, fundada en Barranquilla en 1919. La compañía desarrolló rutas que aprovecharon el río Magdalena para la operación de hidroaviones y conectaron la Costa Caribe con varias ciudades del interior, en una época en la que algunos recorridos terrestres podían tomar varios días.
Después de dos décadas de operaciones, SCADTA dio paso en 1940 a Aerovías Nacionales de Colombia, Avianca. Arias de Greiff conoció ese sector desde su trabajo profesional y también desde la investigación histórica. Publicó Otro cóndor sobre los Andes en 1999 y Decolando contra el viento en 2013. Sus estudios ferroviarios habían dado origen antes a La mula de hierro, de 1986, y La segunda mula de hierro, publicada en 2006.

Su trayectoria profesional explica por qué el fondo contiene documentos de procedencias tan diversas. Fue director de Talleres Nacionales de los Ferrocarriles Nacionales de Colombia, trabajó en Acerías Paz del Río y dirigió áreas de mantenimiento en Avianca. También participó en proyectos relacionados con el ferrocarril de El Cerrejón y la reconstrucción de locomotoras, y desarrolló trabajos en México y Argentina en temas ferroviarios. Mientras avanzaba en esas actividades fue reuniendo papeles producidos mucho antes de su nacimiento. Algunos habían pertenecido a bibliotecas públicas, al Ministerio de Obras Públicas o a colecciones particulares. Los documentos más antiguos se relacionan con la construcción del Ferrocarril de Antioquia durante el último cuarto del siglo XIX.
La organización del fondo permite seguir varias líneas de interés de Arias de Greiff. Hay publicaciones de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, informes elaborados por compañías ferroviarias, boletines de los Ferrocarriles Nacionales, legislación, contratos, libros, correspondencia, manuscritos y notas personales. A ello se suman fotografías de puentes, estaciones, locomotoras, aviones, barcos y talleres.

El fondo incluye 535 planos y mapas con trazados ferroviarios, diseños de puentes, obras de ingeniería y detalles técnicos de locomotoras. Parte de ese material corresponde a proyectos a la trayectoria profesional de Arias de Greiff y permite seguir cambios en la construcción y expansión de la red ferroviaria. Después del traslado al AGN, el Grupo de Conservación y Restauración inició la limpieza y desinfección de los documentos. Luego fueron ubicados en unidades de conservación adecuadas y comenzó la elaboración de un inventario general para conocer el contenido de las cajas y facilitar su consulta. El orden previo realizado por Arias de Greiff ayudó a conservar relaciones entre documentos procedentes de diferentes épocas y lugares.
Alrededor de las estaciones aparecieron talleres, empleos, bodegas, hoteles y comercios. Las vías también permitieron movilizar maquinaria y facilitaron la salida de productos hacia los puertos. Cuando las carreteras comenzaron a ofrecer rutas más directas y menores costos de operación, parte del sistema ferroviario perdió participación y varias líneas fueron cerradas. El crecimiento de los ferrocarriles había alcanzado uno de sus mayores niveles durante las primeras décadas del siglo XX, impulsado por las exportaciones de café y banano, la expansión de algunas ciudades y nuevas inversiones públicas. Parte de las obras recibió recursos vinculados con la indemnización pagada a Colombia después de la separación de Panamá.
La situación empezó a cambiar durante la segunda mitad del siglo. Las carreteras ganaron participación en el transporte de pasajeros y mercancías y numerosas líneas dejaron de recibir nuevas inversiones. Ferrocarriles Nacionales de Colombia, creada en 1954, centralizó parte del sistema, pero el cierre posterior de dependencias y estaciones también dejó archivos administrativos repartidos en distintos lugares.


La pérdida de esos documentos limita la posibilidad de estudiar cómo se tomaron decisiones sobre infraestructura, cuánto costaron las obras, qué empresas participaron y qué ocurrió en cada región. También dificulta reconstruir la historia laboral de miles de personas vinculadas con talleres, estaciones, puertos y compañías de transporte.
La llegada del fondo Gustavo Arias de Greiff al Archivo General de la Nación permite reunir en una institución pública materiales que durante años estuvieron en una colección privada. Los documentos no reemplazan los archivos oficiales que todavía permanecen dispersos, pero ofrecen nuevas fuentes para estudiar contratos, obras, empresas, estaciones, trabajadores y transformaciones territoriales a lo largo de más de un siglo.
Los documentos no reemplazan los archivos oficiales que todavía permanecen dispersos, pero ofrecen nuevas fuentes para estudiar contratos, obras, empresas, estaciones, trabajadores y transformaciones territoriales a lo largo de más de un siglo.
Una selección de fotografías, planos y documentos del fondo forma parte de la exposición actualmente abierta en el Archivo General de la Nación. La muestra permite conocer algunos de los materiales recopilados por Arias de Greiff y acercarse al proceso que sigue un archivo después de su ingreso a la institución, desde la conservación y el inventario hasta la consulta pública.La exposición puede visitarse en la sede del Archivo General de la Nación, en Bogotá, donde parte de este conjunto ya permite aproximarse a más de cien años de historia ferroviaria, aeronáutica y de ingeniería en Colombia.
