Montaje teatral

‘Matilde’: una obra sobre el abuso, el silencio y la responsabilidad colectiva que abre conversación

Escrita y dirigida por Rubén Darío López, la obra narra la historia de una niña víctima de abuso, a través de cinco actrices, con una puesta en escena cargada de simbolismo.

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1 de octubre de 2026 a las 8:08 a. m.
Matilde es interpretada por cinco actrices de distintas edades, Celeste Arévalo, Adriana Botero, Lili García, Karito Galeano y Sofía Valencia, mientras el agresor, es encarnado por un mismo actor.
Matilde es interpretada por cinco actrices de distintas edades, Celeste Arévalo, Adriana Botero, Lili García, Karito Galeano y Sofía Valencia, mientras el agresor, es encarnado por un mismo actor. Foto: Compañía Hijos del Ocio / A.P.I.

Desde los primeros minutos, el público entiende que una niña ha sido asesinada y abusada, de modo que la tensión del relato no está en descubrir cuál será el desenlace, sino en comprender cómo se llegó a él. Matilde es una obra de teatro escrita y dirigida por Rubén Darío López, director de la Compañía Hijos del Ocio, que estará en corta temporada del 2 al 4 de octubre en la Casa del Valle. Es una historia que el director describe como insistente, casi como si pidiera ser escrita. Inspirada en hechos reales, aborda uno de los temas más difíciles de representar en escena: la violencia sexual contra niños y niñas. Sin embargo, la dramaturgia construye un relato atravesado por preguntas sobre el silencio, la vulnerabilidad, las redes de cuidado, la responsabilidad de los adultos y la manera en que una comunidad reacciona, o no, frente a las señales de violencia.

Matilde: una obra sobre el abuso, el silencio y la responsabilidad colectiva
En 'Matilde', desde los primeros minutos, el público entiende que una niña ha sido asesinada y abusada. La tensión del relato no está en descubrir cuál será el desenlace, sino en comprender cómo se llegó a él. Foto: Compañía Hijos del Ocio / A.P.I.
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Uno de los principales recursos del montaje es la fragmentación del personaje central. Matilde es interpretada por cinco actrices de distintas edades, Celeste Arévalo, Adriana Botero, Lili García, Karito Galeano y Sofía Valencia, mientras el agresor, es encarnado por un mismo actor. No se trata de cinco mujeres diferentes, sino de una misma Matilde que cobra vida a través de cinco cuerpos.

‘Matilde’ es una obra de teatro escrita y dirigida por Rubén Darío López, director de la Compañía Hijos del Ocio, que estará en corta temporada del 2 al 4 de octubre en la Casa del Valle

Esta decisión surgió desde la escritura y, para Rubén Darío López, este mecanismo le permitió hablar de una herida que permanece a través del tiempo, ampliar la lectura de la violencia y recordar que el abuso, el acoso y otras formas de vulneración pueden atravesar a una persona en diferentes momentos de la vida. En escena, las actrices construyen la psicología de una niña, pero sus propios cuerpos, edades y experiencias permanecen visibles, creando una tensión que termina convirtiéndose en uno de los elementos más potentes de la puesta en escena.

Matilde: una obra sobre el abuso, el silencio y la responsabilidad colectiva
En escena, las actrices construyen la psicología de una niña, pero sus propios cuerpos, edades y experiencias permanecen visibles. Foto: Compañía Hijos del Ocio / A.P.I.
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Karito Galeano, una de las intérpretes, explica que ese personaje común se construyó también desde la experiencia de cada actriz. Los recuerdos de infancia, los juegos, los gestos y las formas de comprender el miedo, la confianza, la necesidad y la vulnerabilidad fueron alimentando a una única Matilde. “Todas fuimos niñas”, señala, y desde esa memoria compartida se fue consolidando un personaje que pertenece a una historia concreta, pero que al mismo tiempo busca interpelar a públicos de distintas edades. Para la actriz, la obra también amplía el sentido del abuso, no se trata únicamente de una experiencia que pueda ocurrir en la infancia, sino de relaciones de manipulación y control que pueden aparecer en amistades, parejas, familias o espacios laborales, frente a las cuales muchas veces las personas tardan en reconocer que están siendo vulneradas.

Precisamente porque el montaje se adentra en una experiencia de violencia y exige a sus intérpretes transitar por emociones de alta intensidad, el equipo decidió abordar el proceso con acompañamiento especializado y herramientas que permitieran cuidar tanto la construcción artística como a quienes participaban en ella. Esa necesidad cobró especial importancia por la presencia de una actriz menor de edad dentro del elenco y llevó al grupo a vincular a la Fundación Los Pisingos y a la Asociación Afecto Contra el Maltrato Infantil, organización con cuatro décadas de experiencia en la prevención y atención de las violencias contra niños y niñas. Para Isabel Cuadros, directora ejecutiva de la asociación, uno de los principales aciertos de Matilde está en la manera en que hace visible los mecanismos de manipulación utilizados por un abusador. La protagonista es una niña con carencias afectivas, poca supervisión adulta y necesidades, que el agresor identifica y aprovecha para acercarse a ella. Regalos, atención y tiempo compartido, son elementos que en principio se asocian con el afecto, pero que en este caso terminan convirtiéndose en herramientas de control.

Ese trabajo de cuidado y reflexión también atraviesa la construcción escénica, donde la agresión no se representa de forma directa, sino que se desplaza hacia objetos, imágenes y otros elementos. En esa búsqueda de sentido, los vestidos utilizados por las actrices fueron pintados y bordados a mano y rinden homenaje a víctimas reales de esta violencia, casos atroces que hacen parte de la historia del país como: Rosa Elvira Cely, Alexis Delgado, Yuliana Samboní, Sofía Delgado y Michel Dayana González. La escenografía, por su parte, construye un pueblo que observa, el público forma parte de ese territorio y, en determinado momento, la cuarta pared desaparece. Matilde pide ayuda y el espectador deja de ser únicamente testigo de una ficción para enfrentarse a una pregunta mucho más incómoda: ¿qué haría si reconociera una situación semejante en su entorno?

Matilde: una obra sobre el abuso, el silencio y la responsabilidad colectiva
Una de las ideas más relevantes del montaje es la de la necesidad de construir una comunidad protectora alrededor de niños y niñas. Foto: Compañía Hijos del Ocio / A.P.I.
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De allí, surge una de las ideas más relevantes del montaje, la necesidad de construir una comunidad protectora alrededor de niños y niñas. Para Isabel Cuadros, prevenir también significa aprender a reconocer señales, acompañar, supervisar y actuar antes de que una situación de vulnerabilidad sea aprovechada por un agresor. También explica que una experiencia de abuso puede acompañar a una persona durante décadas y que muchas víctimas solo logran revelar lo ocurrido en la adultez. Destacando que Matilde hace visible esa permanencia, la herida no desaparece con los años, sino que continúa atravesando a la persona hasta que puede ser nombrada, elaborada y acompañada dentro de un proceso de sanación.

En ese sentido, Matilde es una obra difícil porque difícil es la realidad que aborda. Su apuesta no consiste en hacer más tolerable la violencia, sino en convertirla en una conversación pública sobre cómo reconocerla y, sobre todo, cómo evitar que se siga repitiendo.