Blonde Redhead se formó en Nueva York en 1993, a partir del encuentro entre la cantante y guitarrista japonesa Kazu Makino y los hermanos gemelos italianos Amedeo y Simone Pace. Surgida en el circuito experimental de la ciudad, la banda desarrolló inicialmente un sonido vinculado al noise rock y al legado de la no wave, que fue incorporando otras posibilidades melódicas y texturales a lo largo de una discografía que incluye Melody of Certain Damaged Lemons (2000), Misery Is a Butterfly (2004) o 23 (2007).


En ese recorrido fueron importantes sus colaboraciones con músicos como Guy Picciotto, de Fugazi, quien produjo varios de sus discos. La incorporación de elementos del dream pop, el shoegaze y la electrónica amplió progresivamente su lenguaje, una exploración que continuó en Penny Sparkle (2010) y Barragán (2014).
Tras nueve años sin publicar un álbum de estudio, el trío regresó en 2023 con Sit Down for Dinner, un trabajo que comenzó a tomar forma antes de la pandemia y terminó de concretarse durante el confinamiento. Makino, que entonces vivía en una pequeña isla italiana, tuvo que regresar a Estados Unidos y reunirse con los hermanos Pace. La convivencia aceleró la composición de canciones que hasta entonces habían desarrollado sin demasiada urgencia. El resultado fue un disco que incorporó la experiencia del aislamiento y recuperó la importancia de compartir el tiempo con otras personas, con una sonoridad que se aproxima al folk rock, el pop atmosférico y la electrónica.
El título del álbum surgió de la lectura de El año del pensamiento mágico, de Joan Didion. Publicado en 2005, el libro reconstruye el duelo de la escritora tras la muerte repentina de su esposo, John Gregory Dunne, quien sufrió un infarto mientras ambos se disponían a cenar, después de visitar a su hija hospitalizada. Makino retomó ese episodio para las dos partes de “Sit Down for Dinner”, una composición que confronta la familiaridad de un ritual cotidiano con la posibilidad de que la vida termine inesperadamente. La lectura adquirió otra dimensión durante la pandemia, cuando la muerte y la separación se convirtieron en experiencias cercanas para buena parte de la población.
Esa etapa encontró una prolongación en The Shadow of the Guest (2025), un lanzamiento que recupera varias composiciones de Sit Down for Dinner y las amplía mediante colaboraciones con el Brooklyn Youth Chorus, experimentos de ASMR (respuesta sensorial meridiana autónoma por sus siglas en inglés) y una reinterpretación de “For the Damaged Coda” con músicos mexicanos. El proyecto también recupera material creado para un desfile de Isabel Marant y propone nuevas formas de escuchar canciones que ya formaban parte del repertorio del grupo.
A propósito de su presentación del próximo 2 de octubre en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá, Arcadia conversó con Kazu Makino sobre la creación de estos trabajos, su relación con la muerte, las colaboraciones que han ampliado el universo de Blonde Redhead y las nuevas composiciones que prepara la banda. Esto nos dijo.


Arcadia: Sit Down for Dinner llegó nueve años después de Barragan. ¿Qué cambió en la forma en que trabajaron juntos los tres durante ese lapso y, finalmente, qué hizo posible este disco?
Kazu Makino: Creo que la pandemia lo hizo posible porque yo estaba muy feliz viviendo bastante lejos de los gemelos. Me mudé a un lugar lejano, a una isla diminuta. Estaba bastante contenta. Pero todo se vino abajo, terminó abruptamente, debido a la pandemia. La isla estaba en Italia. No sé si te acuerdas, pero Italia fue el primer país en entrar en confinamiento. Fue el primer país donde la pandemia comenzó a propagarse con fuerza en Europa. Así que todavía no pasaba nada, aún no había llegado a Estados Unidos y teníamos una gira planeada, y yo pensé: “No voy a regresar porque sé que va a llegar antes de que te des cuenta”. Estaba bastante lejos de la gente y de los gemelos. Básicamente, todos nos mudamos juntos a un espacio reducido. Así que estábamos bajo el mismo techo, ¿qué vas a hacer? Haces música y así fue como sucedió. De hecho, teníamos ideas, ya teníamos algunas canciones, pero no teníamos prisa por terminarlas. Pero luego, debido a la pandemia, eso fue lo que hicimos. Y así, todo se concretó bastante rápido.
Arcadia: El título del álbum viene de ese ritual de sentarnos juntos sin importar qué, ya sea en giras, en ensayos o durante el caos que trajo la pandemia, y yo pensaba que, en la actualidad, no solemos tener los mismos rituales que solíamos tener, como los tenían nuestros padres. Por ejemplo, comemos frente al televisor y ya no hablamos de las cosas en familia, ni valoramos tanto las tradiciones de nuestros países de origen. Entonces, personalmente, para ti, ¿qué tenía de tan importante compartir la comida en la mesa? ¿Por qué esa idea era tan importante para ti y para los gemelos?
K.M.: Tienes razón, somos un poco obsesivos con la comida. Creo que los italianos, es decir, ¿sabes qué?, creo que en casi todos los países, excepto en Estados Unidos, somos mucho más obsesivos con la comida, ¿verdad? Le damos mucha más importancia. En Japón es de lo único que hablamos, lo único que hacemos. Así que la comida es como un tema central en buena parte de la música, pero Sit Down for Dinner surgió de un libro. Como dice la letra, te sientas a cenar y la vida tal como la conoces se acaba. Se trata de un hombre que se sienta a cenar, se levanta solo para ir a buscar vino y muere así sin más. Así que creo que se trata más bien de que realmente no podemos elegir cuándo nos vamos, cómo nos vamos. Eso también es algo a lo que te ves obligado, algo que te golpeó de frente durante la pandemia. Y de alguna manera sigue pasando, ¿no? Nunca terminó después de la pandemia. Ahora es un genocidio.
¿Cómo diablos es que no podemos elegir cómo nos vamos? Entonces, creo que eso también tiene mucho que ver con cómo vivimos los terremotos y todo lo que está sucediendo. Es increíble que no pensemos en cómo vamos a morir. Nunca lo predecimos o decimos “Siento que voy a morir pronto”. Quizás algunas personas sí lo hacen, pero nunca se sabe. Es todo lo contrario. Sientes que no vas a morir. Para mi abuela su mantra era: “¿Cuándo me voy a ir? Por favor, ven a buscarme”. Y vivió muchísimo tiempo. Mucha gente le tiene miedo a la muerte, pero a mí me da miedo no morir porque, en cierto modo, crecí con mi abuela y la veía aburrida a más no poder. Y ella era una persona muy activa. Fue independiente hasta los 93 años, más o menos. Y luego necesitó a otras personas para vivir. Y entonces perdió el interés por vivir. Así que, en mi mente, es como si no fuera tan fácil morir.
Arcadia: Pero tiene que ver con la idea de vivir. Si no sabes cuándo vas a morir, tal vez deberías valorar cada segundo, ¿sabes?
K.M.: Sí, la gente dice eso, pero no es tan fácil. Tengo pastillas en mi cuarto porque no es tan fácil. No es tan fácil. Pero al mismo tiempo, ya sabes, ese es el oficio, ese es el arte. Creo que es lo mejor. No es que lo aprecies o que digas: “Ay, me siento tan vivo”. Creo que te olvidas del momento. Te olvidas de que estás vivo o no piensas en esas cosas porque ni siquiera sientes el paso del tiempo. Creo que ese es el momento que estás buscando, porque estás persiguiendo algo o tienes tanta pasión o interés en algo que te olvidas de ti mismo, o te olvidas de lo que está pasando. Te olvidas de que el tiempo está pasando. Creo que ese es el punto ideal al que debes conectarte.
Arcadia: Organizaste una cena con motivo del lanzamiento del álbum en París, Londres, Los Ángeles y Nueva York. ¿Qué te enseña el hecho de dar de comer al público que no te enseña un show normal?
K.M.: Fue muy incómodo. Me di cuenta de que comer también es un acto bastante privado; es un acto muy íntimo. Así que, no sabía qué hacer. Me di cuenta de que no suelo comer mucho frente a extraños, ¿sabes? Así que me quedé pensando: “¿De quién fue esta idea?”. Es bastante difícil. Y los fans estaban como observándonos mientras comíamos, realmente nos miraban fijamente y esas cosas. Nos costó mucho romper el hielo y ser nosotros mismos. Nos tomó mucho tiempo relajarnos.


Arcadia: Al volver a escuchar Sit Down for Dinner en comparación con Penny Sparkle o Barragan, ¿dónde ubicas este disco en tu propio mapa interno del sonido de la banda? ¿Qué buscabas estéticamente?
K.M.: Ah, estéticamente, ya sabes, surgió de hacer un álbum solista. Así que quería ampliarlo; de alguna manera sigo queriendo seguir por ese mismo camino. Al final, mi conclusión fue algo así como: “No quiero pelear; no quiero sufrir haciendo esta música; quiero divertirme; quiero, en cierto modo, no sentirlo, no tomármelo tan en serio”. Eso pensaba. O sea, claro, en algunas canciones me puse seria porque hay canciones que son muy buenas y esto es lo que hacemos. Realmente no pienso en ello. Me encanta trabajar y esto es lo que hacemos. Hacemos música. Pero luego, de vez en cuando, haces algo que te hace decir: “Ay, esto es, esto es bueno”. Es casi como preguntarte “¿Quién hizo eso?”.
Entonces, cuando tienes cosas así, tienes que defenderlas mucho. Porque, cuando la idea o la canción es buena, todos quieren tocar en ella, todos quieren producirla. Así que debes tener una visión y tienes que tomar la iniciativa. Cosas así pasan. Pero sí, realmente no lo sé. Traje a la persona que trabajó en mi álbum solista, Sam Griffim Owens; él se encargó de gran parte de la producción y también tocó en él. Así que sí, fue como recorrer lo que parecía ser un nuevo camino. Pero, mirando atrás, creo que Penny Sparkle y Barragan fueron también algo totalmente nuevo para nosotros. Porque salimos de la zona de confort. Y estoy muy Feliz de que estos álbumes existan porque fueron momentos de Blonde Redhead en una especie de universo paralelo.
Arcadia: The Shadow of the Guest retoma “Before”, “Rest of Her Life”, “Via Savona” y “Coda” con el Coro Juvenil de Brooklyn, en lugar de limitarse a remezclarlas. ¿Qué hizo que el coro fuera tan adecuado para la reelaboración de esas canciones?
K.M.: Sabes, antes de la pandemia, quería incluir esto. Ya tenía la idea del coro en mente mientras grabábamos Sit Down for Dinner. Pero por la pandemia no pudimos hacerlo, ¿verdad? No podíamos salir a buscar a nadie. Así que este era un deseo que tenía desde hacía mucho tiempo. Por eso, en cuanto fue posible, tuve que hacerlo. Me hubiera gustado que lo hubiéramos hecho para el álbum.
Arcadia: Las piezas de ASMR son un verdadero cambio de formato. ¿Qué buscabas para mantener la atención del oyente con esas pistas que una canción convencional no podría lograr?
K.M.: No lo sé. Ni siquiera sé cómo explicarlo. Es cálido y es el pasado del que no quiero alejarme; es un verano feliz y ahora este lado B que estamos lanzando, “Crimson Door”, suena exactamente como lo que pasa en mi cabeza, cómo veo las cosas o cómo las escucho. Es casi como si la música nunca fuera solo una canción; la música siempre sigue de alguna manera. Creo que de eso se trata el ASMR. No se trata tanto de una canción —y, por supuesto, a mí también me encantan las canciones—, sino del tipo de sonido que escuchas a lo largo de todo el día, ¿sabes?
Arcadia: En ese sentido, hablemos de la versión con toques de mariachi de “For the Damaged Coda”. Esa canción es súper, súper, súper conocida en la cultura pop gracias a ese increíble episodio de Rick y Morty. Pero, ¿qué te impulsó a escucharla de esa manera? ¿Cómo surgió la colaboración con Fernando del Santiago y Yamil Rezc?
K.M.: Fue idea de Jamil, y quizás esta pregunta le quede mejor a él. Pero tal como dije, me ha emocionado mucho Claudia (Sheinbaum), la presidenta de México. Y simplemente, lo podía sentir. Era como si supiera que Norteamérica se va a hundir. Y cuando eso pase, estos son los países que nos van a liderar. Serán nuestros líderes espirituales. Así que estaba muy emocionada por lo que pasa en América Latina. Y, cuando Simone dijo: “¿Por qué no hacemos algo de mariachi?“, yo respondí: ”Puta, claro que sí. Celebremos su tradición y su cultura". Así que me sumé de inmediato.
Arcadia: La mayoría de las bandas dan por terminado un disco una vez que se lanza y se realiza la gira. Ustedes retomaron este álbum menos de dos años después. ¿Qué dice eso sobre qué tan “terminado” es un álbum para ustedes? ¿se siente como un flujo continuo que se entrelaza con lo que están haciendo ahora?
K.M.: La verdad es que, con un disco, no puedes decidirlo; ya no tienes el control una vez que sale al público. Es como un tema de conversación con el público o con el mundo. Lo lanzas, sale al mercado, y si hay un público que responde a él, entonces esa conversación sigue adelante; realmente depende de cuánto resuene; si resuena, sigues tocando y termina cuando esa conversación se agota. Definitivamente, el público tiene mucho, mucho que decir sobre cuánto tiempo dura el ciclo de un disco.


Arcadia: Hay una historia que cuenta que a Thom Yorke le aburría muchísimo “Creep”. Y se pasó como unos 20 años evitando tocarla en los conciertos. ¿Alguna vez te cansas de tu propio trabajo?
K.M.: No, porque tenemos muchísimas canciones. Acabo de llegar a casa del ensayo hoy, justo ahora. Y estamos aprendiendo la canción más nueva. Estamos aprendiendo “Black Spell”, que me resulta muy difícil. Es la canción más fuerte, más aguda y violenta que he cantado en mi vida. Es difícil. Pero también estamos recuperando canciones muy antiguas, como “Distilled”, canciones súper viejas. Y es igual de emocionante tocarlas porque las escribimos casi con instinto animal. No sabíamos nada sobre cómo componer música. Puro instinto, me encantan.

Arcadia: Hablemos de ese último sencillo, de “Blood Spilled”. ¿Esa dirección está tomando la banda? ¿Tienen algún rumbo sonoro hacia el que se dirigen o simplemente surge durante las sesiones de improvisación?
K.M.: Esa canción fue como… sabes, es casi como si cada canción empezara con un sonido, como una balada, pero luego, en un momento, me di cuenta: “Ay no, esta va a ser una canción realmente feroz”. Así que tuve que convencer a los gemelos de que iba a seguir por ahí. Ellos decían: “No lo escucho así”, pero yo insistía: “No, voy a seguir por ahí”. Me costó mucho convencerlos, pero ahora que ellos también se dieron cuenta, todos estamos totalmente comprometidos con eso. Y sí, fue prácticamente un punto de inflexión para mí. Se siente como un hito. Es algo muy importante para nosotros. Por eso tenemos otras dos canciones que escribimos. Por eso decidimos sacarlas como sencillos, como canciones independientes, porque realmente no encajan en ningún otro lado. Me encantaría tener más canciones como esta.
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