Desde los ochentas, Desorden Público ha pulido un sonido único, un ska genuino, caribeño y caraqueño que, sin importar el paso del tiempo, mantiene su estampa franca y contestataria. Y esa “crónica musical de la realidad latinoamericana” que conjuran vienen a compartir a la celebración de 30 años de Rock al Parque, un festival que conocen, que les ha dejado algunas memorias inolvidables (y otras más matizadas).
Al frente, sus fundadores y corazón musical, Horacio Blanco (voz y guitarra), Danell Sarmiento (batería, voz), Oscar Alcaíno (percusión) y Caplis Chacín (bajo), quien respondió a este cuestionario Arcadia. En él, el músico comparte lo que sentía necesario expresar sobre la música de la banda, el festival que los honra con su invitación y, sobre todo, el país hermano del que vienen y en el que viven, cuya situación no deja de preocuparlos a ellos y preocuparnos a todos los que lo queremos. Esto nos dijo...
Arcadia: Tres canciones esenciales para conocer a Desorden Público, y una breve introducción a cada una...
Podrían ser La danza de los esqueletos, Combate y Allá cayó. Tres canciones muy diferentes entre sí, pero también icónicas en el repertorio de Desorden.
La danza de los esqueletos: una suerte de reggae al estilo Desorden, cuyo tema esencial es liberarse de los prejuicios, sobre todo raciales. Todos somos iguales, la raza humana es una sola y no importa si eres millonario, cuadrapléjico, atleta, supergalán, pobre; a fin de cuentas, cuando morimos, todos somos esqueletos que no se diferencian unos de otros.
‘Siempre hay un mensaje detrás de nuestras canciones’.
Combate: una canción aguerrida, con un sonido que en su momento fue muy moderno dentro del menú de Desorden. Hay sampleos, un loop de una base rítmica, pero a la vez es una de las canciones más representativas de Desorden y de las que más nos gusta tocar. Siempre la mezclamos con alguna otra cosa del reggae tradicional y funciona muy bien. Combate no es ska, no es reggae del todo, pero es muy Desorden.

Y Allá cayó: refleja mucho la esencia de Desorden. Hacemos fiesta incluso con una letra horrible como la de esta canción, que se basa realmente en tres crónicas policiales sobre tres muertes: una por un ajuste de cuentas, otra por un atraco y otra que no recuerdo. Son tres muertes violentas, tres crónicas policiales que puedes leer en cualquier parte horrible de un periódico, mientras que la música es muy festiva.
‘Desorden aprovecha ese vehículo de la fiesta del ska, la fiesta musical, para decir cosas que a veces no tienen nada de festivas. A veces son muy duras, muy horribles, pero es necesario decírselas a la gente para reflexionar’, dice Caplis.
De cierta manera, Plomo plomorrienta era conceptualmente un disco en contra de tanta violencia urbana, de tantas muertes por armas de fuego y de la violencia desatada no solamente en Caracas, sino en muchas urbes latinoamericanas.
Arcadia: Explíquenos el nombre de la banda…
Caplis Chacín: El nombre de Desorden Público viene de una crítica y, al mismo tiempo, de una suerte de protesta ante unos vehículos que circulaban por ciertas zonas de la ciudad. Eran unos camiones que se llamaban Orden Público, manejados y tripulados por guardias nacionales del ejército venezolano, que salían simplemente a reprimir. No estaban controlando la delincuencia; eran organismos represores.
Eso estamos hablando de principios de los 80. No podían ver jóvenes un poco diferentes, alternativos, chicos metidos en su onda punk y punk rock, que andaban con un mohicano, prendas de vestir un poco estrafalarias, alfileres en la oreja o botas militares, muy punks.
Los sometían, los metían en esos camiones, les daban peinillazos y golpes, los esposaban y los hacían pasar malos ratos. Fue como una suerte de protesta: si eso era el orden público, nosotros queríamos ser todo lo contrario. Nosotros íbamos a ser el desorden público.

Arcadia: Nacieron en Caracas, en Venezuela, una nación azotada por la política y los desastres naturales. ¿Cómo los impacta humana y artísticamente este presente?
C.C.: En cuanto al azote de las tragedias naturales, es indiscutible que Venezuela este año ha tenido un año fuera de serie en cuanto a lo malo. Comenzando porque hubo unos bombardeos a principios de año para llevarse al presidente, al que estaba en el puesto de presidente sin haber sido electo. Eso trajo un estancamiento de todo.
Nadie sabe qué va a pasar. Estaba toda la amenaza de que volviera a haber otro bombardeo, que terminaran de llevarse a todo el tren principal de gobierno. Eso no pasó, pero los shows brillaron por su ausencia.
Eventos de vacaciones, todo eso, nada sucedió porque siempre había una expectativa de que podía pasar algo en cualquier momento. Nadie iba a arriesgar un capital en un show si, de repente, una semana antes o dos días antes del evento sucedía otra incursión militar de Estados Unidos en Venezuela.
Al mismo tiempo, la manera de responderles a los gringos fue sometiendo al propio pueblo venezolano, a los militares venezolanos. Era una situación realmente terrible.
Eso ha paralizado todo el espectro cultural en nuestro país durante este año, en el que casi nadie ha tenido trabajo de nada. Ha sido un año realmente duro.
Y, para colmo de males, el 24 de junio nos llega ese terrible doblete sísmico. Un terremoto que, si bien esperábamos desde hacía más de 10 años —estaba medio anunciado que esa falla estaba por obsequiarnos esa pesadilla—, no esperábamos que fuera tan grande como lo que sucedió.
Desde luego, el ánimo, el asombro y todo esto han influido en que no haya eventos ni espectáculos.
Aunque la sociedad, tres meses más tarde, desea y necesita reincorporarse, activarse de nuevo, echarse adelante y dejar atrás todo lo malo, sin olvidar que hay muchos seres queridos que murieron, un país no puede quedarse estancado en la penumbra, en la pesadez, en la tristeza. No se puede hundir en eso un país.
Tiene que seguir adelante y sobreponerse a las cargas negativas. En eso hemos estado, pero no ha sido para nada fácil.
Arcadia: Su memoria más impactante/relevante de Rock al Parque es…
C.C.: Nosotros hemos estado, si no me equivoco, tres o cuatro veces en el Rock al Parque. Creo que una vez estuvimos anunciados o algo así.
La vez que más me impactó, sin duda alguna, fue la primera vez que pisamos ese escenario enorme en el Parque Simón Bolívar. Creo que era en un horario medio matutino. Me atrevería a decir que fue algo así como a las 12 del mediodía o cercano a esa hora, todavía medio de mañana.
Era un mar de gente. Eran, no sé, 80.000 personas frente a Desorden. Nosotros teníamos la idea de que Rock al Parque era muy rockero, un festival donde lo que comandaba era el rock pesado, las guitarras duras y todo eso.
Nosotros íbamos con nuestra propuesta de ska, incluso muy latino, muy caribeño. La sorpresa fue enorme cuando vimos ese mar de gente bailando, mucha gente coreando nuestras canciones. Fue increíblemente energizante y nos permitió hacer un gran show esa primera vez.
En otras ocasiones, la Media Torta también fue fabuloso. Y la última vez, que fue la más reciente, no fue tan bueno porque fue en la tarde, cuando la gente apenas estaba empezando a llegar. Nosotros fuimos con todas las ganas del mundo, pero no nos contagiamos de tanta adrenalina como en épocas anteriores, cuando veíamos ese mar de gente al frente.
Nos tocó ver un recinto apenas empezando a llenarse. No fue el mejor horario y, seguramente, no fue el mejor momento de Rock al Parque ni para nosotros ni para el público.

Arcadia: ¿Cómo describe el festival y qué les significa hacer parte de esta celebración de 30 años?
C.C.: Para nosotros un motivo de enorme orgullo y enorme felicidad poder salir de Venezuela, mostrar nuestra música a otro público, a gente que tiene acceso a muchas otras cosas y que valora lo nuestro. Para nosotros también es un goce y un infinito placer poder estar en festivales de estos donde, además de ir a tocar, vamos a ver otro tipo de espectáculos, otras bandas que, de otra manera, jamás tendríamos el chance de ver.
Compartir con bandas colombianas, con bandas como Tokyo Ska Paradise Orchestra de Japón, con bandas españolas y latinoamericanas, argentinas, mexicanas, siempre es enriquecedor. Estamos súper contentos de haber sido incluidos como única representación venezolana en este 30 aniversario de Rock al Parque. Vaya, es una enorme medalla en el pecho que nos vamos a colgar.

Arcadia: ¿Qué puede esperar la gente de su show en dicha celebración?
C.C.: Vamos con un set muy enérgico, un set que es ska de arriba a abajo.
Si bien el ska puede no estar en el momento de mayor popularidad, sabemos que en Colombia la movida ska ha ido creciendo poco a poco gracias a los hinchas del fútbol. Muchos de los que gustan de esta música son muy de la onda skinhead, y el skinhead está muy ligado al ska.
Vamos con un ska, un set bien ska, bien para adelante, como decimos nosotros. Es bastante festivo.
Vamos a aprovechar que tenemos un disco nuevo, un disco que lanzamos en Bogotá. Hicimos la fiesta de presentación de ese nuevo repertorio, que es un homenaje a la Fania All Stars. Nosotros lo llamamos Salsa All Ska. Es un EP de seis canciones clásicas de la salsa.
Sabemos que Colombia es un país bastante salsero, tanto como Venezuela, y que, ya sea a través de los discos de sus padres o de sus abuelos, muchos chamos que van a estar en el público deben haber oído alguna de esas canciones.
Solo nos vamos a arriesgar con un par de ellas en un set de 13 o 14 canciones, tocadas bien pegadas una de la otra, para que nos dé chance en esos 50 o 55 minutos que nos dan.
La fiesta está garantizada desde la primera canción hasta la última. No hay bajones pensados aquí. No hay mucho reggae, pero sí hay bastante ska adrenalínico.
Entre las sorpresas, estamos hablando con algunos amigos de la escena ska bogotana e incluso con algunos amigos de la escena ska internacional, a ver si nos juntamos al menos en una canción durante este set.
Arcadia: ¿Qué andan grabando?
C.C.: En cuanto a lo que estamos grabando, ya lo acabo de decir: el 5 de marzo de este año, 2026, lanzamos oficialmente nuestro trabajo más reciente, que es un EP de seis canciones, un homenaje a la Fania All Stars.
Son canciones de Celia Cruz, Ray Barretto, Cheo Feliciano, Rubén Blades y Willie Colón. Es un disco que está bien chévere. Ya incluso hay algunas discotiendas en Bogotá que lo tienen y vamos a llevar un lotecito más de discos, a ver si le interesa a la gente comprarlo por allá.

Arcadia: ¿Cómo leen el presente de la cultura en Venezuela, Latinoamérica, el mundo, y cómo le responden?
C.C.: Wow, qué pregunta tan larga.
En Venezuela la cultura está golpeadísima, extremadamente golpeada. Como que nos hubieran metido en un ring contra un monstruo de 300 kilos, contra un alfeñique de 30.
Ha sido realmente una lucha muy desigual porque aquí lo que se llama la música urbana, el reguetón y todo esto se apoderó, desde hace más de 10 años, de la escena. La radio solamente responde a eso.
Entonces, ir con una propuesta que uno considera válida todavía, como la de una banda de ska, con fusiones y todo esto, a veces hace que te vean como un dinosaurio, como algo pasado de moda, algo que ya no tiene tanta cabida en el gusto de los venezolanos. Me parece que es un craso error porque, como dicen, en la variedad está el gusto.
El panorama de Venezuela es muy distinto al del resto de Latinoamérica. De hecho, eso se puede ver hasta en el documental Rompan todo, sobre el rock latino, donde muestran que, a cada rato, aparece un mapa de Latinoamérica y los aviones pasan de ida y de vuelta sobre Latinoamérica y nunca paran en Venezuela.
Eso es lo que ha estado sucediendo en Venezuela desde hace por lo menos 15 años. Nunca más vino nada para acá. Grandes artistas y grandes agrupaciones que van incluso a Colombia anualmente ignoran por completo que existe un país que se llama Venezuela.
Venezuela se convirtió en una especie de hoyo negro en el mapamundi, gracias a la política, indiscutiblemente. Lo sabemos: hay artistas que dicen: “Yo no voy a Venezuela hasta que no caiga el régimen de turno”. No queremos involucrarnos para nada con ese gobierno venezolano y todo eso.
Entonces, ¿quiénes pagan las consecuencias? El pueblo. ¿Quién se queda sin eventos, sin cultura, sin cosas que valgan la pena? El pueblo venezolano. Eso nos ha pasado una factura enorme.


Es muy diferente a lo que veo apenas cruzo la frontera y veo en Colombia la cantidad de festivales, la cantidad de gente informada, de discos nuevos que salen, de artistas increíblemente alternativos e independientes, no necesariamente los del más grande mainstream, sino artistas que están haciendo propuestas interesantísimas.
Eso pisa Bogotá, Santiago de Chile, Buenos Aires, varias ciudades de Brasil, México, y en Venezuela, nada. Pareciera que solamente tenemos derecho a oír música urbana y reguetoneros que se atrevan a venir a Venezuela, cosa que es muy triste.
Ahora, en este mundo hay de todo. Hay desde sociedades muy cerradas hasta sociedades muy abiertas, extremadamente abiertas, donde pasa de todo.
Yo creo que cada quien se enfoca en lo que más le guste, pero en una sociedad abierta tienes el privilegio y el goce de poder disfrutar de lo que te gusta, independientemente de la corriente que sea.
Si soy un amante del ska y del reggae, tengo un abanico enorme de posibilidades para escoger en países muy libres y muy abiertos. Si soy amante de la música electrónica, del rock pesado, de la música llanera, del folclore, de la música country, hay tantas cosas.
Lamentablemente, en Venezuela no podemos compararnos con muchos de estos países abiertos porque aquí se ha cerrado demasiado el espectro cultural.

Arcadia: ¿Algo por añadir?
C.C.: Sí. Ciertamente, Desorden nace en Caracas y no es que hayamos sido una nación azotada por desastres naturales comúnmente. Hemos tenido en años recientes ese par de desgracias, a finales de los 90 y ahora, en 2026. Pero yo diría que más azotados hemos sido por la política.
Ahí sí hemos sido azotados duramente, sobre todo durante estos últimos 26 o 28 años, en los que ha habido muy mal manejo de la riqueza del país y una manipulación del pueblo a través de panfletos realmente maquiavélicos.
Desorden no se escapa de eso. Ha sido afectado terriblemente en una sociedad en la que tratamos de ir por el centro, de no ser de ningún bando ni del otro. Siempre un bando te identifica con el otro y el otro te identifica con el opuesto.
Ha sido realmente duro, sobre todo durante los últimos 15 años, cuando se ha polarizado de manera radical la sociedad venezolana.
Si salimos a tocar al extranjero, los compatriotas que son muchos de los que se han ido con la diáspora de casi un tercio de la población, algunos nos acusan de ser progobierno porque seguimos viviendo en nuestro país y seguimos tocando en Venezuela. Otros, en cambio, cuando estamos en Venezuela —donde siempre estamos porque vivimos allí—, nos consideran opositores.


Es una situación muy compleja y ambigua, y para nosotros no ha sido fácil.
Cada vez tenemos menos trabajo y sonamos menos en las radios, a pesar de que somos una banda que nunca ha parado de tocar y de trabajar. No está fácil, sobre todo porque también este gobierno se encargó de casi aniquilar a la empresa privada.
No es un secreto para nadie que los espectáculos cuestan dinero, y ese dinero sale en gran parte de los patrocinios, de los anunciantes, de las marcas y de las empresas privadas. Todo eso ha ido mermando en Venezuela a pasos gigantes, al punto de que llegó un momento en que los shows solo los hacían empresarios progobierno o entes del gobierno.
Entonces, si no estabas alineado al cien por ciento con su política y con sus ideales, te dejaban por fuera. Eso ha estado sucediendo muchísimo en Venezuela. Por eso muchísimas bandas se fueron del país, por eso mucha gente no resistió, tiró la toalla y se dedicó a otra cosa. La vida cultural se ha visto muy golpeada.
