Hijo de una leyenda que hizo volar a los colombianos desde sus televisores, Héctor Mora escribe su propio estatus legendario desde la huella que ha dejado y sigue dejando en la difusión del rock, del rock bogotano y del rock nacional, y en lo que ha sumado para establecer a esta capital como, en esencia, una urbe que abraza la estridencia y la distorsión.
En distintas capacidades (como coordinador genera o colaborador), a lo largo de los años, Mora ha estado relacionado con Rock al Parque, un festival que llega a 30 años, y del que es programador y curador desde 2023. Es, y bien lo aclara en esta extensa charla, apenas un engranaje en esta masiva bestia que implica la labor de miles, con 17 entidades publicas coordinadas para que la juventud capitalina (y la que visita) diga, una vez al año, en clave de rock, sin pagar un peso, “este parque es mío”.


Por el aporte de personas como Mora, en 2026, Bogotá no solo es fuente de música, también es un imán regional de eventos de música en vivo, con actos en el pico de su fama. Rock al Parque y estos festivales, dice Mora, le mostraron al sector privado que había un público para estos espectáculos. No es poco, es el génesis de la escena vibrante que hoy muchos toman por sentado.
Y si bien para muchos Rock al Parque ha cedido en relevancia ante nuevos invitados privados al Simón Bolívar (como el Cordillera y el Estéreo Picnic), siempre será la semilla poderosa que se debe festejar y alimentar.
Además, como enviando un mensaje de pertinencia y voluntad, la organización confeccionó un cartel brutal para esta edición 30 y un programa de memoria que desarmó hasta a los más críticos. Encima equilibró horarios supremamente atractivos (entendiendo que en festival siempre habrá sacrificios por hacer). Gol y golazo...


A mediados de los años noventa, cuando nació este hito de país, que ha encendido fuegos culturales en ciudades como Medellín e Ibagué y dio pie a una serie de festivales en otros géneros en la ciudad, la gente que añoraba música en vivo consideraba impensable lo que se vive hoy. Especialmente después de la debacle de Guns n’ Roses en el 92... por más romantizada que esté la historia.
Fue la llegada de Rock al Parque la que hizo de la convivencia masiva en torno al rock algo factible otra vez; encima de un patrimonio ciudadano a exaltar, una identidad bogotana entrañable. Sin ese festival diciendo “se puede”, probablemente Metallica no hubiera tocado en 1999, en el mismo Parque Simón Bolívar, y no sabemos si se viviría la avalancha actual de conciertos. Hay muchos factores más en juegos, pero así de importante ha sido su efecto colateral.

Desde los momentos de gestación y desde su presente, Héctor Mora ha estado ahí. Marcó la escena como DJ en la 99.1, Frecuencia joven de la Radiodifusora Nacional, hoy Radiónica, donde por tres décadas (entre idas y vueltas) ha dado constantes muestras de conocimiento y pasión por la música global y local, cultivando escena.
Y claro, en paralelo, también ha marcado el curso como gestor, como curador actual del mayor de los Festivales al Parque. Ahí pone a jugar su cancha en dinámicas de la creación y escucha musical, del mercado y la industria, articulando desde el sector público. Todo para que tenga lugar un evento que recibió 235 mil almas en 2025 y, por lo que ofrece en su aniversario 30 en 2026, quiere que lleguen más.
Esto nos dijo el programador en jefe de Rock al Parque...



Arcadia: Fue coordinador general de Rock al Parque, ahora es programador y curador, ¿qué es lo que nadie se imagina de estar involucrado a ese nivel en esta bestia de evento?
Héctor Mora: Tuve la oportunidad de ser director o coordinador general del festival por contrato del 98 al 2001 y en el 2003. Era otra era y lo hacía el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, una entidad que hoy no existe. Luego estuve en 2004 en el comité asesor para la celebración de los 10 años. En los últimos años, tuve la oportunidad de ser llamado de nuevo por el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) para formar parte del equipo desde el año 2023, donde soy curador y programador de Rock al Parque.
Ahora es distinto. Esto ha crecido tanto que lo hacen muchas entidades, con un trabajo interadministrativo muy fuerte. La cantidad de entidades involucradas es impresionante: la Secretaría de Cultura, la misma Alcaldía, organismos descentralizados. Es un montón de gente.
En la parte de curaduría y programación es donde se concentra mucho de lo que hacemos. Hay áreas que manejan la producción, áreas jurídicas y una coordinación de festivales al parque que administrativamente dirige los nueve festivales al parque.
¿Qué es lo que la gente no se imagina? Que el curador y programador tiene una parte asignada dentro de un sistema gigantesco que involucra a muchísimas personas con diferentes visiones frente a cómo construir Rock al Parque: los de permisos, estrategias de comunicación y todo lo que gira alrededor.
Rock al Parque forma parte de un programa llamado Festivales al Parque y es uno de nueve. Es el más grande, más visible y uno de los más antiguos. Fue una iniciativa que sirvió para aterrizar a nivel operativo muchas políticas públicas en Bogotá. La gente piensa que el festival es un ente solo, pero forma parte de algo más grande. Dentro de ese rol, cada festival tiene su curador y programador, quien vela por los lineamientos del festival e iniciativas propias para dar una directriz en la curaduría y programación.
Otra cosa que la gente cree es que la curaduría corresponde a lo que le gusta o considera bonito al curador. Eso es lo que menos sucede. Uno debe responder a lineamientos más generales y complejos de la dirección del Idartes y la Secretaría de Cultura sobre el énfasis del género y lo que se busca. Dentro de ese universo, debes conocer la música, tener lectura del entorno actual y pasado, intuición, experiencia de promoción y programación.
Afortunadamente, soy productor de televisión y radio, lo que me ha permitido nutrirme de información desde la televisión, la radio y los conciertos. También me certifiqué en marketing musical hace unos años. Todas esas variables e información las utiliza el curador, con intuición, riesgo, análisis y estudio, para desarrollar la programación. Es un trabajo un poquito menos roquero de lo que la gente piensa: no es tanto estar en conciertos, sino trabajo de computador y de mucho Excel.


Arcadia: Una celebración de 30 años generaba expectativas gigantes y parecen haber respondido al altura, manteniendo a la gente asombrada. Cuéntenos sobre hilvanar este festejo con bandas enormes en muchísimas vertientes del rock…
H.M.: Recibir el eco y la respuesta del público y de la prensa especializada nos ayuda y motiva para seguir construyendo y mejorando el proyecto. Este año era muy complejo porque, al centrarse en la edición número 30, el referente de mucha gente es el pasado y la nostalgia, que son elementos muy fuertes.
Sin embargo, al hablar de un festival cuya historia abarca dos siglos diferentes, encontramos que muchas cosas han cambiado. Ese pasado de los primeros años hace tres décadas no es el mismo pasado vigente para quien comenzó a asistir hace 15 años, en el 2011. Si es una persona de 30 años, comenzó a asistir a los 14 o 15 años, por lo que la mitad de su vida ha existido Rock al Parque. Es una lectura muy distinta, arraigada a experiencias diferentes en una ciudad que ha cambiado.
El primer reto fue lograr un balance entre ese respeto y nostalgia por el festival y la emoción de la actualidad. Por un lado, decidimos resaltar el impacto latinoamericano del festival y lo que ha significado para el continente, estando siempre en la agenda internacional de Bogotá. También su impacto en la ciudad: es un evento gigantesco donde la cotidianidad del Parque Simón Bolívar se altera durante el fin de semana, y lleva 30 ediciones siendo gratuito, lo que representa un orgullo en materia de política cultural, participación, convivencia, tolerancia y apropiación del espacio público.
Asimismo, queríamos destacar la importancia del festival para las bandas bogotanas, pues la historia del rock en la ciudad cambió desde que existe Rock al Parque, al ser una plataforma grande para visibilizarse, conocer otras bandas, dialogar y extender su música a otros territorios.

Teniendo en cuenta a la ciudad, las bandas y al público, queríamos incluir a las agrupaciones que marcan la parada, recordadas o que emocionan a futuro con propuestas nuevas. No queríamos quedarnos solo en una visión repitiendo todos los artistas de una época, sino dar un balance entre las grandes figuras del pasado y shows destacados como Apocalyptica o Tokyo Ska Paradise Orchestra, y agrupaciones latinas vigentes como Los Bunkers.
También incluimos sonidos nuevos del rock latinoamericano del último siglo y de la última década y media, como Mon Laferte, cuya carrera abarca unos 15 años (estuvo con nosotros en 2017 y representa la nueva imagen de la mujer en el indie pop rock latinoamericano), o Between the Buried and Me de Estados Unidos en el metal, de este siglo.
Buscando ese balance, tuvimos 26 agrupaciones invitadas que nunca habían tocado en el festival, más 10 distritales de la convocatoria que tampoco habían tocado, sumando 36 bandas inéditas en el evento, ¡casi la mitad del cartel! Y para emocionar, logramos presentar seis agrupaciones que nunca habían estado en Colombia: Iseo & Dodosound, Ministry, Editors, entre otras. Lamentablemente tuvimos la cancelación de Decessus en los últimos días, la agrupación chilena donde canta la señorita Chile, Ignacia Fernández, que iba a tener su primer show en Colombia.
Así logramos una programación balanceada, diversa y representativa de las nuevas generaciones, con Bandalos Chinos de Argentina, reciente, con otros tipo de sonidos. Obtuvimos variedad en las vertientes del rock y en las diferentes generaciones que conviven alrededor de la música.

El rock es supremamente amplio y faltan muchos géneros. La gente a veces piensa que lo que se programa es el todo, pero cada edición tiene un énfasis distinto según la agenda internacional y nacional, y el pulso de la ciudad. La convocatoria distrital recibe cientos de agrupaciones (queda seleccionada una de cada 12) y este año tenemos 26 bandas distritales que nos demuestran qué está pasando en Bogotá.
A veces un año hay más bandas de un género, o aparecen más propuestas en formato cantautor, algo que no pasaba hace 5 años. Todo eso responde al pulso de la ciudad. El cartel de Rock al Parque es la temperatura de los últimos 2 o 3 años, de la tendencia de las bandas distritales.

Arcadia: No solo el cartel está de lujo, en los horarios, que suelen ser traumáticos para la gente , lograron un balance notable. Y les tocó cruzarse con el concierto de Iron Maiden el mismo fin de semana. ¿Qué tanto les tocó moverse para estructurar todo ese tejido?
H.M.: Ahí hay dos cosas. Primero, la curaduría, la selección de bandas; luego, el reto de la programación para crear flujos donde la gente pueda apropiarse del parque y disfrutarlo. Se tienen muy presentes la logística, la seguridad y los tiempos de ingreso y salida para evitar concentraciones masivas simultáneas. También influye la dinámica de producción en tarima y el tiempo de cambio entre grupos según su complejidad. Todo hay que tenerlo presente.
Con la edición 30, las tarimas debían funcionar todas con un insumo artístico robusto. Hay géneros diferentes enfrentados como si fueran conciertos distintos; son nueve conciertos diferentes. Puedes tener a Mon Laferte a un lado, a Gondwana con Quique Neira, con una propuesta de reggae diferente; o a un Apocalyptica, un metal sinfónico, frente a Triptykon tocando Hellhammer o Celtic Frost, más extremo y oscuro. No es posible dejar a todas las bandas internacionales en una sola tarima, toca hacer circulación. Y sabemos que artistas grandes se van a cruzar, es inevitable. Se busca que cada tarima tenga un énfasis por día para ofrecer variedad sin provocar choques drásticos.

A nivel de factores externos, hay que lidiar con la nutrida agenda cultural de Bogotá, que este fin de semana coincidía con Iron Maiden, ese fin de semana. Nosotros sabíamos esto desde el año pasado y conversamos con la organización de Maiden. Ellos también sabían. Y Rock al Parque suele programar la música pesada el primer día (sábado), y hablamos para no competir el mismo día. La ciudad y Secretaría de Seguridad y los organismos de control también estuvieron pendientes para atender ambos eventos con la atención del caso. Nos acomodamos con la jornada del sábado y Maiden con la del domingo, garantizando tranquilidad para todos.
Arcadia: Son 30 años y, más allá de la música, hay una agenda académica, un afiche hermoso y un libro increíble. Cuéntenos de lo que va en paralelo a la música en este festejo.
H.M.: Un acierto muy especial para esta edición 30 fue trabajar en diferentes frentes teniendo clara la importancia del evento y qué se quería. No era solo la fiesta de los tres días, in situ, sino generar una memoria que resalta los aportes del festival y reflexione sobre el orgullo que ha despertado en la ciudad. Bogotá se siente feliz y orgullosa de su festival. Y eso es muy raro que pase en una metrópolis de más de 9 millones de habitantes, donde a veces se deshumaniza el trato, donde la cultura ciudadana a veces queda de lado, que un evento genere tanta pasión (y discusión y debate) demuestra que está vivo.
El trabajo de memoria ha sido liderado por Gustavo García, coordinador de proyectos de memoria, periodista y excurador del festival. Y esto permitió desarrollar una amplia gama de productos: el libro que menciona, exposiciones itinerantes, proyectos discográficos y el foro de periodismo musical paralelo al festival, un punto de encuentro vital para los periodistas y la difusión del rock colombiano. Esos productos de memoria son fundamentales para conservar, dimensionar el impacto y valoremos un proyecto único no solo en el país, en América Latina, por ser público y gratuito.


Arcadia: ¿Cómo siente que se relaciona la actual administración distrital con Rock al Parque y los Festivales al Parque?
H.M.: La importancia de los Festivales al Parque ha trascendido diferentes administraciones y colores políticos (eso sí, enfrentando los retos administrativos de todo proyecto público: presupuesto, asignaciones, tiempos). Pero, en general, en los últimos 20 años se ha consolidado un sentido de pertenencia y de orgullo en la administración distrital por este festival, Rock al Parque, y eso facilita las cosas.
La administración actual está profundamente comprometida. Muchas personas de la actual gestión cultural tuvieron vinculación con el festival en el pasado. Por ejemplo, la directora de Idartes (María Claudia Parias) o el secretario de Cultura (Santiago Trujillo) estuvieron muy ligados a la Orquesta Filarmónica de Bogotá cuando se hizo la transición del Instituto Distrital de Cultura y Turismo hacia Idartes. Ellos asumieron administrativamente muchas de estas acciones, y eso hace que conozcan y tengan un afecto especial hacia el festival.
Y regresaron, y encontraron lo construido por las otras administraciones, los resultados, y ha sido tan positivo que hay una actitud diferente (incluso en tiempos de cambios de gobierno). Nadie discute sobre cosas que son buenas, que tienen resultados, más allá de los nuevos retos. Y creo que ha sido fundamental para esta edición 30 que existiera ese nexo afectivo a nivel de experiencia y de corazón de muchas de las personas con el festival, en algún momento de su pasado.
Arcadia: Estamos viviendo en Bogotá y Colombia una escena de música en vivo muy activa. ¿Cómo impacta Rock al Parque esa sinergia de Bogotá como polo de conciertos internacionales?
H.M.: En sus inicios, el festival buscaba motivar a la empresa privada a crear espacios y conciertos de música en vivo y rock y un desarrollo mayor en rock. No para patrocinar el evento, para tomar iniciativa en sus propias propuestas. Y lo logró. El festival fue exitoso y demostró que existía público, lo que impulsó al sector privado a desarrollar sus propuestas y festivales gratuitos o privados. Es innegable el aporte de este y todos los festivales al parque en esa materia, en motivar e impulsar.
Hoy tenemos una industria gigantesca con promotoras y productoras de nivel internacional y un circuito activo donde vienen artistas en plena vigencia, no solo estrellas del pasado, como sucedía antes. Sin el aporte de los Festivales al Parque y Rock al Parque, no existirían los grandes eventos privados que hoy sacan la cara y representan al país en materia de oferta cultural.
Arcadia: En 30 años, ¿qué se mantiene igual al Rock al Parque inicial y qué ha cambiado por completo?
H.M.: Se mantienen iguales tres cosas fundamentales. Primero, que es gratuito, hecho fundamental, y que se hace en el espacio público de la ciudad. Segundo, que abre la convocatoria distrital, que permite a las bandas de Bogotá inscribirse y puede llegar a tocar junto a agrupaciones internacionales para que las vean y aprendan. Y tercero, la emoción de la gente por el evento: porque critica, comenta, se emociona. Esos tres elementos son de lo mágico y único que hace singular al festival.

Arcadia: ¿Algún sueño que todavía proyecte o le falte por cumplir respecto a su trabajo en este evento?
H.M.: El sueño siempre será mejorar, encontrar la “programación perfecta” para la gente, aunque sea algo subjetivo. Me gustaría que el público, al preguntarse por el festival, no busque quién viene de fuera. Me gustaría que dijera “vamos a ver qué hay en Rock al Parque”, valorando el conjunto de la propuesta y la música colombiana. Aún así, es un público que sabe. Según estudios del Observatorio de Cultura, más del 67 por ciento de los asistentes afirman conocer de rock y saber qué bandas van a ver. La gente va principalmente a escuchar música. Aún es formato de recital. La gente todavía va por la música, no por la experiencia paralela.
Arcadia: ¿Cuál es la banda que no se puede perder y qué le gustaría añadir para la gente?
H.M.: Uno como organizador es quien menos disfruta de ver las bandas, las escucha a lo lejos. Sin embargo, en el plano internacional, el show de Apocalyptica es impresionante (la gente aún habla del show que dieron hace década y media, de leyenda); Ministry dará su único show en Colombia, en su gira de despedida, una propuesta industrial y contestataria en medio de un clima político mundial muy tenso donde, seguramente, harán más de un manifiesto, como sacudida será especial; y Mon Laferte regresa convertida en una figura inmensa del indie pop rock latinoamericano. Es el ejemplo del artista que visita nuestro festival y que es clave tener en el radar porque se sabe que van a crecer. Ella ya creció y viene con todo, ¡hasta con la niña que tiene!


En la escena nacional es dificilísimo elegir una sola propuesta: tenemos bandas de trayectoria como Skampida, Perpetual Warfare; agrupaciones de décadas en el ska y metal; y grupos de la convocatoria distrital como Lutter, de punk rock melódico con década y media de trayectoria. Y propuestas de cantautoras como Laura Pérez y Brina Quoya es de destacar, el trabajo de Lucio Feuillet también; y en rock, Pez Errante, Boca de Serpiente o Stayway, Lo mismo decían de Juana... que son solo algunos de los nombres. Las bandas nacionales están buenísimas todas.

Les recomiendo a todos ingresar a los canales oficiales para consultar la programación de los nueve conciertos diferentes que tendremos en el Parque Metropolitano Simón Bolívar con entrada libre.
Hitos del curador
De Rock al Parque, me atrevería a decir algunos de los hitos y cosas que no puedo olvidar...
El primero, porque tengo un recuerdo muy especial, fue haber visto a Danny Dodge un viernes. En esa oportunidad, el festival comenzó un viernes en la jornada del Simón Bolívar, y la presentación de Danny Dodge era como a las 4, 4:30 de la tarde. Yo los conocía de antes y era una banda muy fuerte e importante en el underground. Y fuimos a verlos y no había casi nadie, muy poquita gente. Y siempre me ha llamado la atención que esa banda, un par de años después, estaría tocando con Soda Stereo, la última banda colombiana que tocaría con Soda Stereo antes de que se separaran y antes de la reunión y la gira de despedida. Ese es un recuerdo muy especial.

De hitos de Rock al Parque, desde conciertos internacionales, el de Robi Draco Rosa, que fue muy corto. También la presentación de Superlitio en el 98, justamente después de Robi Draco, cuando ellos pensaban que la gente se iba a ir, pero la gente se quedó, los descubrieron y fue un momento muy especial para ellos.



De allí hay más cosas, no todas alegres; hay tristes. En el 99 no pudo tocar Ultrágeno en la noche final, porque el concierto se colgó muchísimo y se tuvieron que sacrificar algunas presentaciones. La Secretaría de Gobierno no quiso dar autorización para más y la gente pedía a gritos a Molotov y a Cafe Tacvba. Para que se pudieran presentar los dos grupos al final dentro de los tiempos permitidos, se tuvo que cancelar la participación de Ultrágeno.

Tengo recuerdos de todo tipo. Alegrías recientes, con el concierto de Testament hace unos cuantos años, un conciertazo, o el cierre con El Cuarteto de Nos, el año pasado, algo muy especial porque es un grupo de rock de letras, distinto, que utiliza en sus pantallas diálogos entre una computadora y Roberto, el cantante. Colocan el diálogo en la pantalla y todo el parque leía, ¡y eso es algo muy difícil de lograr hoy en día! Lo recuerdo con mucho cariño.

Y muchas otras presentaciones: Juanes, Apocalyptica la primera vez, las múltiples participaciones de 1280 Almas, o shows de La Pestilencia. Recuerdo uno especial de La Pestilencia, quizá en el 98 o 99, en el que salió Dilson y un grupo invitado que estaba desnudo dentro de unos cubos inflables transparentes y bailaban por la tarima. Hay muchos momentos felices, las caras de la gente, pero creo que eso es lo principal que más recuerdo...
