Netflix volvió a captar la atención de los amantes del suspenso con Monstruo: La historia de Lizzie Borden, una producción que alcanzó el primer puesto entre las series más vistas en 16 países. Aunque su popularidad ha crecido desde su estreno, la ficción también ha generado controversia por incluir acontecimientos que no corresponden con los registros históricos.

La cuarta entrega de la antología criminal creada por Ryan Murphy e Ian Brennan cuenta con ocho episodios y reconstruye el caso de Lizzie Borden, acusada de asesinar a su padre y a su madrastra en Massachusetts, Estados Unidos, en 1892. Pese a que fue declarada inocente durante el juicio celebrado al año siguiente, el crimen continúa rodeado de interrogantes.
La producción, protagonizada por Ella Beatty, incorpora elementos dramáticos que han despertado cuestionamientos. Uno de ellos es la relación sentimental que se presenta entre Borden y Bridget Sullivan, empleada doméstica de la familia e interpretada por Vicky Krieps. Sin embargo, no existen pruebas históricas que confirmen ese vínculo ni su supuesta participación conjunta en los asesinatos.

Otra de las inconsistencias está relacionada con Nance O’Neil, actriz que aparece vinculada al proceso judicial, aunque conoció a Lizzie varios años después. La ficción también introduce una conexión con la asesina Aileen Wuornos que no corresponde a los hechos documentados.
Según informó MeriStation, la serie acumuló 12,1 millones de visualizaciones durante su primera semana en la plataforma. Estas cifras reflejan el interés que siguen despertando las producciones basadas en crímenes reales.
No obstante, su éxito también ha puesto sobre la mesa una discusión sobre las licencias creativas de este tipo de contenidos y la importancia de distinguir entre los acontecimientos comprobados y los recursos narrativos utilizados para construir una historia destinada al entretenimiento.
