A finales del año pasado, el Gobierno tomó una decisión que sorprendió al mercado y generó un tsunami en el mundo económico nacional: decretó el aumento del salario mínimo en 23,7 %, el más alto en la historia reciente y que llevó la cifra a 2 millones de pesos mensuales, incluido el auxilio de transporte.

Al tomar la decisión, el Gobierno la soportó en un concepto de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre el salario vital.
El Departamento Nacional de Planeación (DNP) respaldó la decisión del Gobierno nacional de ese incremento y explicó en su momento que este aumento representa un avance en la implementación del salario vital, impulsado por la OIT, que establece que los ingresos laborales deben ser suficientes para cubrir las necesidades básicas de una familia como alimentación, vivienda, salud y educación. La decisión parte de un principio claro: el salario no es solo para sobrevivir, es para vivir con dignidad, señaló el DNP.

“Este cálculo no es ideológico: es el resultado de un análisis técnico, participativo y basado en datos. En diciembre de 2025, la OIT presentó ante la Comisión Permanente de Concertación un estudio para Colombia, sustentado en la Encuesta Nacional de Presupuestos de los Hogares, que estima el costo de los gastos esenciales en cuatro grandes grupos: alimentación, vivienda, salud y educación, y otros esenciales. Según este ejercicio, el gasto mensual de una familia promedio de cuatro personas en 2024 es de 2’982,960 millones. Al considerar el número promedio de trabajadores por hogar (1,5), el salario vital por persona se puede estimar en cerca de 2 millones de pesos mensuales”, agregó en su explicación Planeación.
“En Colombia, la definición del salario mínimo ha estado tradicionalmente basada en la inflación y la productividad, con el objetivo de preservar el poder adquisitivo de los trabajadores sin generar efectos adversos sobre el empleo formal. Cuando los aumentos se ubican de manera persistente por encima de estos fundamentos, la evidencia sugiere mayores presiones sobre la formalidad laboral y barreras de entrada al mercado de trabajo, especialmente para jóvenes y trabajadores de baja calificación. Para el 2026, el Ejecutivo cambió el enfoque y se basó en el concepto de salario vital”, señala Anif en un informe.
Explicó que el salario vital, un concepto que el Gobierno adoptó para determinar el salario mínimo en 2026, se define como el monto necesario para cubrir una canasta de costos establecida por la OIT.
El modelo calcula cuánto necesita una familia típica para cubrir alimentación, vivienda, educación y salud y otras necesidades básicas. Para el caso colombiano, se estima el costo de estas necesidades para hogares unipersonales, de dos, tres y cuatro personas. El cálculo del salario vital contempló un hogar compuesto por tres integrantes.
En ese sentido, Anif en un estudio advierte que existen algunos interrogantes respecto a los detalles metodológicos del cálculo del salario vital. “La metodología no tiene en cuenta diferencias en la canasta de costos a nivel regional y tampoco explica los bienes o servicios que hacen parte del grupo de “otras necesidades” que incorpora en su estimación”, asegura el informe.

En primer lugar, dice este centro de pensamiento, no es claro cómo se traduce el costo de las necesidades en el salario vital. Segundo, no son explícitos los elementos contenidos en la categoría “otras necesidades”, rubro que representa el 28 % de la canasta. En tercer lugar, la canasta de costos contempla el gasto en transporte, por lo que el salario vital también lo hace. El Gobierno utilizó la cifra publicada por la OIT y adicionó el subsidio de transporte a ese monto. Finalmente, la canasta estimada no contempla las diferencias regionales en la canasta de consumo: obviamente, los servicios tienen costos muy diferentes en ciudades grandes como Bogotá que en otras ciudades o municipios más pequeños.
Anif calculó el salario vital y lo comparó con el salario mínimo de un trabajador formal, bajo contrato a término indefinido o fijo, que recibe trece salarios al año. “Dada la canasta de necesidades de la OIT para 2024, estimamos su valor para 2025 teniendo en cuenta la inflación de cada uno de sus componentes observado el año pasado y la inflación esperada para 2026 de 4,54 %, de acuerdo con el Decreto 1469 del 2025 que fijó el salario mínimo para este año. Además, tuvimos en cuenta que, según datos del Dane, hay 1,5 trabajadores en cada hogar y que el número promedio de integrantes es de tres personas. Respecto a lo anterior, es importante considerar que, dada la transición demográfica, el número de integrantes promedio de un hogar ha venido cayendo. Bajo este escenario, encontramos que el salario vital para una familia con tres integrantes, en 2025 era prácticamente igual al salario mínimo”, explica el informe.
No obstante, agrega el análisis, en 2026 se generó una brecha del 18 % entre el salario mínimo y el salario vital. Además, la brecha se amplía para los hogares unipersonales, que podría ejemplificarse en el caso de un joven que no tiene dependientes. Para 2026, el salario mínimo supera al salario vital de un trabajador sin dependiente en un 87 %. “Esto indica que el salario mínimo más que suple las necesidades de la canasta de costos estimadas por la OIT. Si bien un mayor salario permite mejorar la condición de los trabajadores formales, no es ajeno el hecho de que esto opera como una barrera de acceso al mercado laboral”, puntualiza el informe
En ese orden de ideas, el centro de pensamiento afirma que “la discusión de política pública debe girar en torno a mecanismos de compensación que contribuyan a mejorar el bienestar de esos hogares, sin incrementar el salario de todos los trabajadores formales, lo que afecta la creación de empleo formal”.
