Energía

Colombia importa el 40% del gas que consume. ¿Cómo recuperar la soberanía energética?

Para evitar una crisis y frente al impacto que tendrá el fenómeno de El Niño, Jaime Checa Jiménez, presidente de la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de Energía, habla de alternativas como el fracking y asegura que en 2027 se podría estar perforando el primer pozo.

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5 de noviembre de 2026 a las 6:31 p. m.
Jaime Checa Jiménez, presidente de la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de Energía.
Jaime Checa Jiménez, presidente de la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de Energía. Foto: Liz Matías - SEMANA

La caída de las reservas, la creciente dependencia del gas importado y la llegada del fenómeno de El Niño ponen a prueba la seguridad energética del país. Para Jaime Checa Jiménez, presidente de la junta directiva de la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de la Energía (ACGGP), recuperar la soberanía energética exige reactivar la exploración, aprovechar los recursos no convencionales y construir una política de largo plazo que combine conocimiento técnico, inversión y trabajo con las comunidades.

Colombia importa cerca del 40 por ciento del gas que consume. ¿Cómo llegó el país a esta situación y qué tan grande es el potencial que todavía tiene en el subsuelo?

Jaime Checa Jiménez (J.C.J.): Los recursos del subsuelo se clasifican de diferentes maneras. Una cosa es lo que se estima que puede existir y otra es lo que se descubre mediante una perforación. Cuando se identifica un recurso, todavía hay que desarrollar los proyectos necesarios para llevarlo a producción y convertirlo en reservas. Durante mucho tiempo tuvimos una situación de comodidad con el gas, porque nos sobraba y era uno de los servicios más económicos que pagábamos. Sin embargo, en 2024 empezamos a necesitar gas del exterior y hoy importamos cerca del 40 por ciento de lo que consumimos. El país tiene un potencial importante en su subsuelo, respaldado por el conocimiento geológico y la historia de exploración. El problema es que hemos desacelerado la actividad exploratoria y no estamos convirtiendo ese potencial en recursos que podamos desarrollar y aprovechar. Ahora estamos pagando las consecuencias.

¿Qué necesita Colombia para recuperar su soberanía energética y dejar de depender de las importaciones?

J.C.J.: Lo primero es entender que la soberanía energética significa tener diferentes opciones para tomar decisiones sin depender de otros países. Para construirla necesitamos avanzar simultáneamente en varios frentes. Está la exploración convencional, el desarrollo de los recursos offshore, los no convencionales y también la posibilidad de establecer conexiones energéticas con otros países. No podemos depender de una sola alternativa. Necesitamos un abanico de posibilidades que nos permita responder a las necesidades del país. Esto requiere inversiones muy grandes y condiciones de estabilidad para que las compañías tengan confianza en que podrán desarrollar sus proyectos. También necesitamos un verdadero plan energético de largo plazo, que no cambie cada vez que cambia el gobierno. La exploración requiere muchos años de trabajo, y el descubrimiento de gas en el Caribe colombiano, por ejemplo, es el resultado de décadas de actividad. No podemos interrumpir estos procesos y esperar que los resultados aparezcan inmediatamente.

Uno de los grandes debates del sector es el desarrollo de los yacimientos no convencionales mediante fracking. ¿Por qué considera que Colombia debe avanzar en esa posibilidad?

J.C.J.: Porque necesitamos desarrollar nuestras reservas de petróleo y gas y los recursos no convencionales representan una alternativa importante para hacerlo. En Colombia hablamos de esta posibilidad desde 2008. Se adelantó un proceso de construcción de regulación, se consultaron expertos, se atrajo inversión extranjera y varias compañías firmaron contratos para desarrollar actividades. Sin embargo, comenzó una campaña de oposición que generó temor en la sociedad y en la institucionalidad. Se presentaron demandas contra la reglamentación y el proceso terminó frenando. Posteriormente se plantearon los proyectos piloto de investigación integral para resolver las dudas sobre la actividad, pero tampoco se llegó a materializarlos. En 2022, el Consejo de Estado se pronunció sobre las demandas y determinó que la reglamentación era válida. Es decir, se despejaron las dudas jurídicas sobre la posibilidad de desarrollar esta actividad bajo las condiciones establecidas. Hoy tenemos una regulación vigente y una base de conocimiento importante. Lo que necesitamos es recuperar la confianza de los inversionistas y de las comunidades para retomar el trabajo. Muchas de las preguntas que teníamos hace años ya se han respondido con las experiencias internacionales. Las que faltan, particularmente sobre el comportamiento de estos recursos en nuestro territorio, solo podremos resolverlas cuando empecemos a trabajar.

¿Cuáles son las regiones de Colombia que tienen mayor potencial para desarrollar proyectos de fracking?

J.C.J.: Los estudios geológicos permiten identificar las zonas del país donde existen formaciones rocosas con potencial para producir hidrocarburos no convencionales. Las dos cuencas que concentran el mayor interés son el Valle Medio del Magdalena y la cuenca Cesar-Ranchería. En el Valle Medio del Magdalena estamos hablando de zonas cercanas a Puerto Wilches y Barrancabermeja, territorios con una tradición de aproximadamente 100 años de explotación petrolera. La otra zona es Cesar-Ranchería, que comprende áreas del departamento del Cesar y el sur de La Guajira. Allí se concentra el mayor potencial identificado hasta ahora para comenzar. Hay que generar confianza en esos territorios y reconstruir el trabajo conjunto entre la industria, las comunidades y las instituciones para que los proyectos puedan avanzar.

¿Qué tan cerca está Colombia de pasar del debate a la ejecución de estos proyectos? ¿Podríamos tener resultados en el corto plazo?

J.C.J.: El camino está despejado desde el punto de vista jurídico y regulatorio, aunque todavía pueden necesitar algunos ajustes. Ahora hay que recuperar la confianza de los inversionistas y generar las condiciones en los territorios. La aspiración que hemos escuchado en la Cumbre de Petróleo y Gas, y que considero factible, es que en 2027 podamos perforar al menos un pozo no convencional. Drummond, por ejemplo, tiene contratos firmados que están suspendidos y podría ser uno de los actores que retome esa actividad si se dan las condiciones. Sería una señal muy importante para obtener información real sobre el comportamiento de estos yacimientos en Colombia y demostrarle a la sociedad que no hay ningún misterio en esta tecnología. Es una operación de mayor escala y concentración, pero se trata de una actividad cuya tecnología es ampliamente conocida y que cuenta con experiencias importantes en otros países.

Mientras se desarrollan estos proyectos el país enfrenta la llegada del fenómeno de El Niño. ¿Qué tan vulnerable está Colombia frente a un escenario de menor disponibilidad de agua y dificultades para garantizar el suministro de gas?

J.C.J.: No creo que estemos suficientemente preparados. El riesgo del fenómeno de El Niño se conoce desde hace años y las autoridades vienen monitoreando, pero necesitamos tomar decisiones preventivas. La matriz eléctrica colombiana depende principalmente del agua, pero cuando no tenemos suficiente disponibilidad hídrica, entran a respaldar al sistema el carbón y el gas. El problema es que tampoco hemos fortalecido suficientemente esas fuentes y, además, tenemos una dependencia creciente del gas importado. La solución inmediata está en las importaciones, pero también necesitamos acelerar la infraestructura para recibir ese gas. Actualmente funciona la planta SPEC LNG y hay otros proyectos próximos a entrar, entre ellos alternativas en Buenaventura. Sin embargo, cuando llegue el momento de mayor exigencia, no tendremos demasiadas opciones. Esto también se refleja en los precios. Ecopetrol salió recientemente a buscar gas y encontró valores del orden de 24 o 25 dólares por millón de BTU, frente a los cinco o seis dólares que se pagaban hace algunos años. Incluso se han visto casos de 35 dólares. Es un incremento muy importante y hay industrias para las que comprar gas a esos precios deja de ser económicamente viable.

¿Qué consecuencias puede tener esta dependencia del gas importado para la economía y la competitividad del país?

J.C.J.: El gas más caro es el que no se tiene. Si una industria ha construido su operación alrededor del gas natural y tiene que reemplazarlo por otros combustibles, como el carbón o el gas de cilindro, estamos retrocediendo en una evolución que debería conducirnos hacia fuentes más limpias. Esta es una coyuntura que tendremos que resolver durante los próximos años, hasta que entre en operación Sirius, de Petrobras Colombia, cuyo desarrollo está previsto para 2031. Ese proyecto podría duplicar las reservas de gas que tenemos actualmente y mejorar considerablemente la situación del país. Pero la lección es que no podemos volver a interrumpir los ciclos exploratorios. La energía es la base del desarrollo económico, y si Colombia aspira a crecer a tasas del 6 por ciento anual, necesita garantizar el suministro energético para sus hogares e industrias. Además, todavía tenemos cerca del 10 por ciento de nuestra matriz energética asociada a fuentes como la leña y el bagazo. Esto tiene un costo social importante, especialmente por la exposición al humo de mujeres y niños. Necesitamos avanzar en la disponibilidad de gas y facilitar que llegue a más territorios.

¿Cómo se puede impulsar la exploración de hidrocarburos y el fracking sin poner en riesgo la transición energética, el medioambiente y las comunidades?

J.C.J.: No podemos pensar que para desarrollar las energías limpias tenemos que borrar del mapa los combustibles fósiles. La experiencia internacional ha demostrado que esa transición no es tan sencilla. Europa, por ejemplo, enfrentó una situación muy compleja cuando se interrumpió el suministro de gas ruso y quedó expuesta su dependencia energética. Además, para desarrollar tecnologías como la solar y la eólica también necesitamos minerales, transporte, infraestructura y procesos industriales que hoy siguen dependiendo de los hidrocarburos. La Agencia Internacional de Energía estima que para 2050 los combustibles fósiles todavía representarán cerca del 60 por ciento de la matriz energética mundial. Las energías limpias van a seguir creciendo, pero todas las fuentes van a ser necesarias durante este proceso. Por eso hablamos cada vez más de adición energética y coexistencia. Esto no significa que podamos hacer las cosas de cualquier manera. Las actividades deben desarrollarse con rigor técnico, medidas de manejo ambiental, monitoreo y transparencia en la información. También es indispensable que las comunidades participen y se conviertan en socias de los proyectos. La transición debe ser ordenada y responder a las realidades del país.

¿Qué papel deben desempeñar la geología, la investigación y la pedagogía con las comunidades para que Colombia pueda avanzar en esta agenda?

J.C.J.: Desde la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de la Energía tenemos la tarea de promover el conocimiento geológico y del subsuelo, porque allí está una parte importante de la riqueza que puede convertirse en prosperidad para los colombianos. Para eso necesitamos estudios, exploración y conocimiento del territorio. Pero también debemos hacer pedagogía energética, porque es importante ir a las regiones y explicar estos procesos en un lenguaje sencillo, para que las personas entiendan qué hay en sus territorios, cómo se desarrollan estas actividades y cuáles son sus implicaciones. Los proyectos de petróleo y minería suelen generar conflictos sociales y necesitamos resolver esas diferencias y construir relaciones en las que las comunidades estén convencidas de los procesos, participen y reciban beneficios. La idea es generar condiciones de gana-gana para que la industria pueda avanzar de manera armónica.

¿Cuál es el mensaje de la ACGGP para el Gobierno y la industria frente al futuro energético de Colombia?

J.C.J.: El país necesita recuperar el conocimiento de su subsuelo y convertir esa riqueza en oportunidades para la sociedad. Debemos mantener los esfuerzos exploratorios, fortalecer la institucionalidad y construir una visión energética de largo plazo. También necesitamos entender que los hidrocarburos siguen siendo una palanca del desarrollo nacional, porque sus aportes permiten financiar inversión social, infraestructura y educación. Eso no significa dejar de impulsar otras fuentes de energía, sino reconocer que la adición energética requiere tiempo y que todas las alternativas deben avanzar. Nuestro llamado a las instituciones, a la industria y a los medios de comunicación es a trabajar en la pedagogía, explicar estos procesos con rigor técnico y facilitar que la sociedad comprenda su importancia. La riqueza del subsuelo sólo tiene sentido cuando logramos transformarla en prosperidad para los colombianos.