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¿Cuál es el papel de JP Morgan en la deuda pública colombiana?

La filial colombiana de esta multinacional financiera es uno de los pocos establecimientos de crédito que no bajó sus ganancias en 2020. Su asesoría a los clientes internacionales ha servido para que estos inviertan más en deuda pública nacional.


Cuando se habla de actividades de promoción en el exterior y de atracción de inversiones foráneas, se piensa, principalmente, en entidades públicas, como ProColombia, o en el servicio diplomático. Sin embargo, otras firmas también trabajan con ese propósito y han logrado resultados destacables dentro de su campo. Una de ellas es la multinacional financiera JP Morgan Chase, que desde 1964 tiene presencia en el país: primero, mediante una oficina de representación; luego, como una corporación financiera; y, desde el año pasado, como un banco.

En su labor de asesoría financiera, no solo apoya a países como Colombia a emitir deuda en el exterior, sino que le ayuda a conseguir compradores foráneos. Como consecuencia de su trabajo y el de otras entidades del sector, hoy más de 25 por ciento de la deuda nacional está en manos extranjeras, lo que le ha dado más liquidez y ha reducido las tasas de interés; pero también pone al país en la mira de más ojos que evalúan de cerca el comportamiento de sus finanzas públicas.

Ángela Hurtado, presidenta del banco JP Morgan Colombia, explica que, tradicionalmente, han estado muy involucrados en el desarrollo del mercado de deuda pública: trabajan en temas de regulación financiera y de tributación para el ingreso de inversionistas extranjeros, no con el fin de que sea más baja, sino para que existan reglas de juego claras. Así mismo, se involucraron en el desarrollo del mercado de derivados y en la adopción de buenas prácticas internacionales.

A esto se suma la mayor participación de los activos colombianos en los índices globales de JP Morgan, los cuales les sirven a los grandes inversionistas para determinar las proporciones de dinero que destinan a cada país. “Hemos logrado que Colombia se convierta en un must para los inversionistas globales, lo cual es clave para las finanzas públicas nacionales; pero también conlleva una responsabilidad inmensa, pues una de nuestras funciones consiste en contarles lo que está pasando acá, sin negar los problemas ni los retos que tenemos como país, pero sí evidenciando que Colombia tiene instituciones fuertes”, explica esta ejecutiva, una de las dos mujeres que actualmente preside bancos en el país (la otra es Leonor Melo de Velasco, del Banco Mundo Mujer).

¿Y la financiación?

La coyuntura actual de pérdida del grado de inversión y de malestar social ha sido uno de los temas que han tenido que explicar al exterior desde la oficina colombiana de JP Morgan. Si bien gracias a internet cada vez es más fácil informarse de lo que sucede en un país, Hurtado dice que los inversionistas los buscan porque requieren el inside local. “Este es un momento crucial, pues se necesita la participación de muchos actores para buscar mecanismos de diálogo. Es un proceso que, además, requiere financiación para pagar todos los nuevos compromisos que se adquieran como país, y eso es lo que miran los inversionistas externos”, señala Hurtado.

Pero en lo que respecta a la baja de la calificación soberana, en el caso de los índices de JP Morgan no tiene impacto, ya que estos no establecen el grado de inversión como una condición para invertir. Otra ventaja es que se redujo la nota de los papeles en moneda extranjera, pero no los que están en moneda local (conocidos como TES), el mercado en el que los extranjeros tienen más participación.

Hurtado considera que la posibilidad de que las calificadoras Fitch y Moody’s repitan la decisión de Standard & Poor’s de bajarle el grado de inversión a Colombia dependerá de la capacidad del Gobierno para pasar una nueva reforma tributaria, lo que, además, dará un compás de espera a los mercados. No obstante, algunos inversionistas que con anterioridad habían previsto la pérdida del grado de inversión y vendieron sus posiciones ahora vuelven a comprar activos colombianos más baratos.

Aunque las tasas de interés están muy bajas en el mundo, las de los TES siguen atractivas para los extranjeros. “Lo importante es que ellos entren a Colombia entendiendo que esta es una historia de largo plazo, con altas y bajas, pero con la capacidad de mantener la institucionalidad como país. Hemos hecho varias charlas con clientes para explicarles la situación y poner un poco de perspectivas”, dice.

Desde 2006, cuando Hurtado llegó a la entidad, JP Morgan viene ampliando su operación en Colombia, y, a partir de ese momento, empezó a ser vigilada por la Superintendencia Financiera al convertirse en corporación financiera. A partir de entonces, se concentró en la atención de clientes corporativos, a los que decidió servir mejor al obtener la licencia de banco desde 2020.

Su asesoría incluye banca de inversión, intermediación en divisas y valores, gestión de riesgos financieros, ser creadores del mercado de deuda pública, estructurar proyectos de infraestructura (con algunos han sido reconocidos en el exterior, como la vía Rumichaca-Pasto y la de Cúcuta-Pamplona); también asesoran en emisión de deuda en mercados internacionales, y estructuran y comercializan bonos ESG (Environmental, Social and Governance). Así mismo, trabajan con las llamadas inversiones responsables, es decir, los bonos verdes, sociales y de género. Otro de sus negocios es la venta de sus fondos globales a inversionistas institucionales locales.

Pese a las dificultades que trajo la pandemia a la economía global y local, para JP Morgan el resultado fue positivo. Esto se debió a que el año pasado se generaron muchas distorsiones y, con ellas, una alta volatilidad; esto llevó a la entidad a estar más cerca de sus clientes para asesorarlos, ofreciéndoles una visión de lo local a los internacionales, y viceversa para los inversionistas colombianos.

Con un equipo de 100 personas en el país (a nivel global son 253.300), también lograron asegurarles a sus clientes atención continua: siempre hubo empleados en las oficinas. Su objetivo es garantizar temas relevantes como la seguridad de la información y de las transacciones.

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Cifras de la Superfinanciera indican que, en 2020, JP Morgan fue uno de los pocos establecimientos de crédito que no redujo sus utilidades. Estas alcanzaron 92.793 millones de pesos, con un aumento anual de 51 por ciento. Los activos llegaron a 2,12 billones. En el primer trimestre de 2021, sus ganancias iban en 19.232 millones de pesos.

“El 2020 fue un año extraordinario no solo por el resultado, sino porque no creo que se repita. No obstante, 2021 ha demostrado ser un año igual de retador”, dice la ejecutiva, pues la pandemia sigue implicando un desgaste, y, si a esto se suma el descontento social, el desafío es mayor.

En los pronósticos de esta compañía tratan de ser conservadores; tras cerrar un buen primer trimestre, esperan terminar bien la primera mitad del año. Eso sí, la incertidumbre causa volatilidad y clientes más activos, y, mientras pase eso, entidades como JP Morgan tendrán que suministrar más asesoría.

Ángela Hurtado es también una abanderada del liderazgo femenino y la diversidad en los ambientes laborales. Considera que para enfrentar la coyuntura nacional es necesario mantener la sensatez y seguir trabajando duro. Desde su rol se compromete a continuar con la mesura en la forma como venden al país. Lo importante es conservar una visión objetiva y seguir construyendo empresas incluyentes. “No podemos quedarnos cruzados de brazos, porque así no cambia nada”, dice.