El entorno económico del año 2026 ha marcado un punto de inflexión en la mentalidad financiera del empresariado colombiano. Las nuevas cargas tributarias, mayor presión regulatoria y decisiones fiscales de impacto inmediato (como el Decreto 0173 de febrero de 2026) han acelerado un cambio estructural: la financiación ya no se percibe exclusivamente como salvavidas, sino como herramienta estratégica.
Con un recaudo proyectado de $8,3 billones y pagos exigibles en cuestión de semanas, el nuevo impuesto extraordinario evidenció una realidad: muchas empresas sólidas patrimonialmente requieren estructuras de liquidez más ágiles. A esto se suma un entorno crediticio más retador. Según cifras de Asobancaria, la cartera vencida comercial ha mostrado incrementos en los últimos periodos, reflejando mayores tensiones en el flujo de caja empresarial y un endurecimiento en los criterios de aprobación de crédito.
“Hoy la financiación no se busca solo cuando hay dificultades, las compañías la están usando para proteger flujo de caja, sostener empleo y aprovechar oportunidades sin comprometer estabilidad”, señala Juan Carlos Aguilar, CEO de la firma Key Capital.
Con una década de experiencia en el mercado colombiano, la compañía ha trabajado con más de 300 empresas estructurando operaciones desde $1.000 millones de pesos. Según datos internos del sector, en el último año se ha incrementado la demanda de financiación asociada a expansión, capital de trabajo y cumplimiento de obligaciones fiscales.
El cambio responde a un contexto donde la velocidad es determinante. En sectores como infraestructura, entretenimiento, industria y comercio, perder liquidez puede significar perder contratos. “En un mercado dinámico, esperar meses por aprobación puede costar oportunidades. Por eso la agilidad es clave”, señalan expertos en estructuración financiera, quienes coinciden en que los empresarios están priorizando esquemas que permitan tiempos más definidos y estructuras claras frente al sistema tradicional.

Este fenómeno coincide con una tendencia global: las empresas priorizan estructuras financieras flexibles que les permitan reaccionar ante cambios regulatorios y tributarios sin detener la operación. La financiación estratégica, lejos de representar debilidad, se convierte así en un mecanismo de crecimiento sostenible y planificación corporativa en un entorno económico cada vez más exigente.
Financiamiento en la industria de la construcción: el impacto del aumento del salario mínimo y el reto de la liquidez
La industria de la construcción, una de las principales generadoras de empleo en Colombia, enfrenta en 2026 un doble desafío: ajustes en costos laborales derivados del aumento del salario mínimo y condiciones financieras aún restrictivas.
El incremento salarial impacta directamente costos de obra, contratación indirecta y cadena de proveedores. Para proyectos en ejecución, cualquier variación en costos operativos puede afectar márgenes previamente calculados.
El sector constructor representa cerca del 7% del PIB nacional y es uno de los mayores dinamizadores de empleo formal e informal. Sin embargo, el acceso a crédito tradicional se ha endurecido en los últimos años.
Ante este escenario, el financiamiento estructurado ha ganado protagonismo como herramienta para mantener el ritmo de ejecución sin frenar los proyectos.
Key Capital ha financiado desarrollos inmobiliarios y proyectos constructivos por montos superiores a $1.000 millones, enfocados en capital de trabajo, cierre financiero y continuidad de obra.
“Cuando aumentan los costos laborales, los desarrolladores necesitan liquidez inmediata para no detener su ejecución. Parar una obra puede generar sobrecostos mayores que el propio incremento salarial”, explican desde la firma.
En 2025, la compañía participó en operaciones que contribuyeron a mantener activos proyectos inmobiliarios en distintas regiones del país, consolidando más de 300 empresas que recibieron financiamiento oportuno; en construcción, no solo protege la rentabilidad empresarial, sino que sostiene empleo y dinamiza la economía regional.
En un sector altamente sensible a costos y tiempos, la velocidad en la estructuración financiera (hasta tres veces más rápida que el mercado tradicional) se convierte en un factor determinante, según la firma. Para 2026, la pregunta no es si el sector necesita financiación, sino qué tan rápido puede acceder a ella para mantener la ejecución y evitar frenos en una industria clave para el crecimiento nacional.
