exportaciones

2022, un año con panorama optimista para los floricultores colombianos

Solo para San Valentín, el país exporta alrededor de 650 millones de flores.


En la actualidad, las flores nacionales inundan el mercado internacional, en especial el de Estados Unidos, destino del 78 % de las exportaciones de Colombia en cuanto a esta industria. Los pedidos son cada vez más exigentes y cumplir estos estándares de calidad es uno de los retos más importantes para el sector, sobre todo cuando el valor comercial depende de que las características estéticas de la flor se mantengan en el tiempo.

La alta calidad por la que este producto nacional es reconocido en el mercado internacional permite competir con diferentes países como Ecuador, Kenia y Holanda, principales exportadores de flores en el mundo.

De acuerdo con cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) y con análisis de ProColombia, entre enero y noviembre de 2021 se registraron 1.544 millones de dólares, con un aumento cercano al 20 % con respecto al año anterior.

Entendiendo este importante escenario y con miras a la competitividad, los productores deben innovar en sus procesos en toda la cadena de valor desde el cultivo hasta su llegada al usuario final, teniendo en cuenta el tiempo en que la flor perdura en un florero.

“Además del importante aporte en la generación de divisas para el país y de la generación de un sector con alta reputación en el mundo, el cultivo de flores tiene un impacto positivo en el desarrollo económico y social del país. De esta manera, la competitividad es fundamental, sobre todo para mantener las cualidades comerciales de la flor, cuyo precio en el mercado es determinado por su estética en el punto de venta y no en la cosecha”, manifestó en un comunicado Eduardo Cerón, gerente de País de la unidad de Soluciones Productivas para Agricultura en Colombia de BASF.

Esta es una empresa química con una cartera de productos que incluye componentes químicos, plásticos, productos de rendimiento, agrícolas, de química fina, petróleo y gas.

Un enemigo silencioso que acelera el envejecimiento de la flor y contribuye al deterioro de la misma es el etileno, un compuesto producido de manera natural por la flor, pero que aumenta su cantidad debido a lesiones físicas ocasionadas por el maltrato en procesos de poscosecha, al estrés por presencia de patógenos o por los cambios de temperatura durante todo su transporte.

“Teniendo en cuenta que un tercio de la vida útil de las flores cortadas está influenciada por el ambiente previo a la cosecha, mientras que los otros dos tercios dependen del manejo y las condiciones en poscosecha, es importante integrar procesos más innovadores, especialmente en esta última fase de la cadena, que harán que la flor no se estrese y se dañe”, también afirmó Cerón.

En la actualidad, los floricultores cuentan con tecnologías encaminadas a producir en la planta una mayor tolerancia al estrés. Este tipo de tratamientos desarrollados por investigadores de BASF, líder mundial en soluciones para la agricultura, ha impactado la calidad de la flor de exportación alargando los tiempos de vida en florero.

“El uso de fungicidas en poscosecha es muy importante y las rosas, además de presentar menor afección de ‘Botrytis cinerea’, una de las principales enfermedades que afecta los tallos, disminuyen su sensibilidad al etileno exógeno, aumentando la duración de vida en florero”, asimismo aclaró el experto.

Además de la incorporación de estas innovaciones en la poscosecha, también es importante determinar las condiciones en las que viajan las rosas de exportación, como temperatura, humedad, mezclas con otras especies, concentraciones de etileno a las que están expuestas y duración de cada una en estos ambientes.

Solo así se puede maximizar la competitividad de este símbolo económico de nuestro país en el exterior.