Siete meses después de que el Gobierno de Gustavo Petro decidiera una alza inédita del salario mínimo para 2026, al ajustarlo muy por encima de la inflación, sigue el debate con respecto a si la medida generó o no una mayor carestía en el país.
Pese a que entre diciembre de 2025 y junio de 2026 el costo de vida anual pasó del 5,1 % al 6,14 %, el presidente Petro insiste en que la medida no es inflacionaria y que, por el contrario, es uno de los logros de su administración.

“Mi Gobierno decidió, por decisión mía, aumentar sustancialmente el porcentaje del salario mínimo. No fue algo que se me ocurrió el 31 de diciembre pasado; desde el principio de mi Gobierno tomé ese camino (…) Sin embargo, el golpe fue un poco duro para la prensa en el último año, porque decidimos pasar del salario mínimo vital a algo que ordena la Constitución de Colombia: el salario vital familiar y flexible”, aseguró en su extenso discurso de instalación del Congreso, el 20 de julio, en donde aprovechó para hacer un balance de su gestión.
“El salario no produce inflación, produce crecimiento económico y puestos de trabajo”, insistió y agregó que “por eso creció el empleo, bajó el desempleo, creció la riqueza social en Colombia, bajamos la pobreza, bajamos la desigualdad social y produjimos una economía más buena para la vida”.

El mandatario saliente insistió en que los resultados del mercado laboral contradecirían la teoría económica según la cual un aumento considerable del salario mínimo presiona al alza los precios. Incluso aseguró que en los últimos días “ha tenido ganas, pero se ha contenido, de producir un nuevo salto” en el salario, lo que estaría en concordancia con los cambios implementados con la reforma laboral.
Pese a la convicción de Petro, numerosos economistas han señalado que el incremento del salario mínimo es justo una de las razones por las que la inflación cada vez se aleja más de la meta de 3 % establecida por el Banco de la República. Es más, un análisis del Citibank señala que Colombia es el único país de América Latina que, tras siete años desde el inicio de la pandemia por covid, no logrará converger a la meta de inflación.

Aunque el salario mínimo lo reciben apenas 2,5 millones de colombianos, su incremento anual repercute en miles de empleos, en especial en los que se desarrollan en el sector de servicios. Por lo tanto, aumenta los costos de actividades donde muchos trabajadores reciben ese pago, como la seguridad, la limpieza, las peluquerías y los restaurantes.
Prueba de ello está en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) que mide mensualmente el Dane. En el año terminado en julio de 2026, el servicio de recolección de basuras se encareció un 19,79 %, los servicios relacionados con las copropiedades subieron el 14,50 % y el transporte intermunicipal (la mayoría de los conductores devenga el mínimo) se incrementó el 14,10 %, mientras que toda la canasta familiar tuvo un alza del 6,14 %.

Por lo anterior, economistas como los del BBVA esperan que la inflación continúe aumentando durante el resto del año debido a los efectos remanentes del incremento del salario mínimo. Si a eso se suma el dinamismo de la demanda interna y la inminente ocurrencia del fenómeno de El Niño, en ese banco creen que la inflación puede cerrar 2026 alrededor del 7 %.
Uno de los factores que podría ayudar a contener el impacto inflacionario del aumento del salario mínimo es la caída del dólar. La apreciación del peso abarata las importaciones y reduce las presiones sobre los precios de algunos bienes producidos o cosechados en Colombia, pero vinculados a las cotizaciones internacionales.
