Tal como lo anticipaban varios expertos, las calificadoras de riesgo volvieron a emitir un duro juicio sobre el país en su más reciente evaluación. Esta vez fue S&P Global Ratings la que recortó la calificación soberana de Colombia: en moneda extranjera pasó de ‘BB’ a ‘BB-’ y en moneda local de ‘BB+’ a ‘BB’.
La decisión, anunciada este miércoles 8 de abril, también incluyó una revisión a la baja de la evaluación de transferibilidad y convertibilidad, que pasó de ‘BBB-’ a ‘BB+’. Este indicador mide la capacidad de un país para permitir el libre flujo de capitales y divisas.

“Nuestras calificaciones sobre Colombia reflejan su limitada flexibilidad fiscal, elevada carga de deuda, débil posición externa y un PIB per cápita moderado”, sostiene el comunicado de S&P en el que anuncian la decisión. En su concepto, el problema del país es que la política fiscal se ha vuelto menos predecible, lo cual se evidencia en la decisión del Gobierno de suspender la regla fiscal el año pasado.
A eso se suma el hecho de que el entorno político no ha sido favorable para reformas tributarias de fondo, en medio de amplios déficits desde 2024, los cuales han sido resultado de un elevado gasto primario del Gobierno, altas tasas de interés e ingresos fiscales por debajo de lo esperado.

En S&P también preocupa que el deterioro fiscal, sumado a otras políticas económicas, haya elevado las expectativas de inflación, lo que ha llevado al banco central de Colombia a endurecer su política monetaria.
No obstante, en la calificadora destacan la flexibilidad monetaria derivada de un banco central independiente, que ha aplicado una política de metas de inflación con tipo de cambio flotante, lo que actúa como amortiguador frente a choques externos.

Pese a la rebaja de la calificación, los expertos de S&P dejaron la perspectiva estable, lo que indicaría que no habría cambios en la próxima revisión.
Daniel Velandia, managing director de Research y economista jefe de Credicorp Capital, señala que, aunque los mercados han descontado una menor calificación del país, la decisión de Standard & Poor’s llegó en un momento inusual, pues en un año electoral las agencias calificadoras suelen esperar a ver quién llega a la presidencia y cuáles serán sus políticas fiscales.

“A Standard & Poor’s le preocupa la impredecibilidad de la política fiscal y el comportamiento negativo de la inflación, la cual se ha vuelto a acelerar particularmente por el aumento del salario mínimo. Asimismo, y como a la mayor parte de los economistas, a esta agencia le preocupa que el próximo gobierno heredará una situación fiscal compleja en el sentido en que habrá que destinar mayores recursos a gasto en seguridad, salud y pensiones, a lo que se suman las presiones fiscales derivadas del aumento del salario mínimo”, señala Velandia.
En ese orden de ideas, S&P recorta la calificación porque no espera que haya un ajuste muy rápido de las cuentas fiscales, casi que independientemente de quién llegue a la presidencia.

Velandia no descarta que, ante esta noticia, los mercados reaccionen de manera algo negativa porque no se esperaba una descalificación en este momento del año. Esto, sin embargo, se podría compensar por el hecho de que los mercados han seguido descontando que Colombia incluso puede llegar a un nivel de B+. Es decir, una nota por debajo de la que tiene actualmente con Standard & Poor’s y con Fitch.
