SEMANA: Usted narró en su posesión que llegó a los 24 años a Colombia y que, por cuenta de eso, sentía que casi no le tenía miedo a nada. ¿A qué se refería?
S.L.: Es la primera vez que me hacen esa pregunta. Es cierto. Yo llegué a los 24, el 7 de agosto del año 2000, sola, a un país nuevo, con el idioma a medias, con códigos culturales y formas de relacionarse muy diferentes... creo que me pasó de todo en las primeras semanas en Colombia. Verdaderamente, haber podido adaptarme muy rápidamente ha hecho que hoy muy pocas cosas me den miedo, la verdad. Porque es una aventura que cambia la vida tremendamente. Luego, decidí nunca devolverme para Francia, porque aquí encontré verdaderamente mi casa, me siento muy bien. Me di cuenta de que no habría muchas nuevas aventuras que me dieran miedo, porque ya había pasado por la mega aventura de mi vida, que era pasar de Francia a Colombia.

SEMANA: Cuénteme esa aventura, ¿por qué termina decidiendo venir a vivir a este país?
S.L.: Le va a sorprender un poco la respuesta. Yo estaba terminando mis estudios superiores en Francia. Soy del sur de Francia, de una ciudad muy universitaria que de pronto conocen por los aviones Airbus, que se llama Toulouse. Siempre, desde pequeña, he tenido la vocación de ser profesora; toda mi vida me vi siendo profesora. Cuando pasé por Sciences Po para mis estudios superiores, decidí ser profesora de universidad. Cuando terminé mis estudios superiores en Francia y vino el momento de empezar a ver dónde podía ejercer siendo profesora universitaria en Ciencia Política y Relaciones Internacionales —que son mis áreas de experticia disciplinar—, encontré una universidad en Francia que es justamente la universidad que no quiero, en la cual no me siento bien: una universidad exclusivamente volcada a lo magistral, a clanes disciplinares que no se hablan, poco abierta a la interdisciplinariedad, poco volcada a la innovación, en la cual el relevo generacional era algo muy doloroso. No había espacio para una joven universitaria de 24 años que quería comerse el mundo y cambiar cosas; no era el perfil de la universidad francesa de la época. Estoy hablando de 25 años atrás.
Vea la entrevista con Stéphanie Lavaux

SEMANA: ¿Y ahí cómo sale Bogotá como destino?
S.L.: Cuando vi esto, dije: ‘Me va a hacer muy bien salir un año, darme una experiencia internacional de un año y después regreso a Francia y me ubico’. Ese día tomé la decisión y dije: ‘La primera propuesta que me llegue y que me lleve fuera de Francia, la respondo’. Como a los dos días me llegó una oferta de la Embajada de Francia en Colombia para montar el primer Centro de Estudios Europeos en Colombia, en la Facultad de Ciencia Política de la Universidad del Rosario. En esa época era el gran boom de la integración europea y la integración andina. Los países andinos querían replicar la integración europea. Mandé mi hoja de vida, no supe nada durante unos meses, y me llamaron a finales de junio del año 2000 para decirme: ‘La esperamos, y la esperamos ya’. Al mes llegué a Colombia. Era un contrato de un año, me lo renovaron un año más, y es ahí donde tomé la decisión de quedarme en Colombia, porque el Rosario me mostró toda esta cara de universidad que yo quería para mi propio futuro: una apuesta por los jóvenes universitarios que quieren hacer cosas diferentes, que quieren ensayar nuevos modelos pedagógicos y que quieren abrir el mundo a los colombianos. Me sentí acogida.
Stéphanie Lavaux, nueva rectora de la Universidad del Rosario, habló sobre su nacionalidad francesa durante su discurso: “Me siento profundamente colombiana. No por nacionalidad, pero sí por adopción y por convicción”. https://t.co/f0wz5K9jDc pic.twitter.com/j6rEJqGBla
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SEMANA: Usted también hizo una reflexión sobre la reivindicación del papel de la educación superior y contó que es la primera generación de su familia con título universitario. ¿Qué sintió en ese momento, posesionándose como rectora de una universidad con 370 años de historia?
S.L.: Cuando miro hacia atrás, pienso: ‘Esto es fácilmente inimaginable’. Como lo dije en la posesión, soy nieta de mineros de carbón del sur de Francia. Una parte de mi familia es migrante portuguesa que huyó de la dictadura en Portugal para tratar de encontrar mejores condiciones de vida en Francia. Tengo abuelos muy humildes. Mis papás no son universitarios —aunque hayan trabajado para la educación superior toda su vida, no tienen estudios universitarios—. Cuando pienso en eso, me pregunto: ‘¿Cómo aterrizo yo como rectora de la Universidad del Rosario unas décadas después?’. Y creo que fue por la suerte de encontrarme con universidades que me cambiaron el mundo; acogedoras y que me acompañaron en mi trayectoria de vida; que me exigieron todo y más, que no me regalaron nada, pero que me formaron en un carácter en el cual la exigencia permite justamente que la persona florezca.

SEMANA: Esa reflexión le debió dar luces de lo que va a hacer en la rectoría.
S.L.: En esa introspección que hice para decir: ‘¿Cómo llegas tú a este cargo habiendo nacido donde naciste y en la familia en la que naciste?’, recuperé la esencia y el sentido de lo que debe ser la universidad. Yo pienso que la universidad tiene el deber de hacer florecer el talento de cada persona en lo individual, no en lo masivo. Es decir, preocuparse por la persona, por sus sueños, por sus competencias y sus fallas... Mis profesores trabajaron mucho conmigo en todos mis estudios de pregrado y posgrado, no donde yo era buena, sino donde no era buena, y les agradezco muchísimo haberme dado tan duro. No es que quiera repetir la experiencia; creo que uno tiene el deber hoy de enseñar y acompañar en un marco de mucha felicidad, tranquilidad y seguridad emocional. Pero mientras más reflexiono, más creo que le debo este rol al hecho de estar en una universidad que entendió muy tempranamente cómo se deben acompañar los talentos.
La rectora Stéphanie Lavaux agradeció a José Manuel Restrepo y Hans Peter Knudsen durante su acto de posesión en el claustro de la Universidad del Rosario. https://t.co/f0wz5K8LNE pic.twitter.com/DvPdi6W73I
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SEMANA: Su rectoría entraña en este momento para los rosaristas muchos simbolismos: usted es la segunda mujer que llega al cargo, es quizás la primera extranjera y la primera persona que no se graduó de pregrado de esta universidad. Y sin embargo, usted es más rosarista que muchos.
S.L.: Así me siento.
SEMANA: ¿Cómo fue volver después de estos seis años?
S.L.: No puede saber la emoción. Llevo a Uniminuto, en donde fui vicerrectora seis años, en mi corazón. Creo que Uniminuto me enseñó la Colombia profunda, me enseñó la multitud de talento colombiano en cada rincón del país, me enseñó a ser audaz y a transformar, porque detrás está el bien de cada persona. Entonces, la llevo en el corazón, pero la sensación de volver al patio del claustro... fue algo que todavía, cuando hablo, me emociona. Es imposible describirlo: es como si volviera a casa, como si nunca me hubiera ido. Volver es como cerrar el círculo, porque ya estoy en la etapa final de mi carrera. Volver para decir: «Aquí voy a dejar mi legado, aquí voy a hacer todo para que cualquier colombiano pueda tener la oportunidad de estar en el Rosario y de formarse en sus aulas con todo su talento» es lo que verdaderamente me emociona. Y sí, me siento más rosarista que cualquiera. Creo que el Rosario es un referente en el mundo de cómo se debe pensar una universidad, de verdad.
SEMANA: Usted llega después de un momento muy difícil para el Rosario. Y dice que quiere ser la universidad más innovadora de América Latina. Y ahí quiero preguntarle: ¿de dónde sale tanto optimismo?
S.L.: Primero de mí. Yo soy de verdad muy optimista en la vida. Creo que uno no nace con esto, uno decide serlo. Tomé esta decisión profunda: soy feliz en la vida no porque los acontecimientos me hagan feliz, sino porque decidí serlo, es una decisión de vida. Y porque siempre veo en las dificultades lo que va a permitir salir adelante, crecer y transformar. Por eso digo: ¿por qué hoy es el buen momento para lanzarse a ser la universidad más innovadora de Colombia, de América Latina y más allá? Para mí el mundo no tiene fronteras y no debe tenerlas; por eso no le temo a proyectar mucho más allá. Creo que es sobre las crisis más profundas donde uno vuelve a encontrar su esencia para ser más innovador. Es cuando uno vivió la escasez y la dificultad que se vuelve lo más creativo posible. Es el momento perfecto. Uno no se vuelve el número uno cuando todo está bien, porque hay un statu quo que no cuestiona nada. Pero cuando pasas por una crisis tan profunda por la que ha pasado el Rosario —que todavía es número uno o top cinco en muchas disciplinas, y no lo digo yo, lo dicen otros actores que nos evalúan—, se demuestra una resiliencia basada única y exclusivamente en el talento de sus estudiantes, egresados, profesores y administrativos. Solamente por ese talento humano hoy sigue estando en la cima. Pasamos por un momento muy difícil, pero sobre eso capitalizamos y crecemos. No me escondo de las dificultades, las habrá, pero están hechas para aprender y desarrollar nuevos modelos. Es un nuevo pacto: prefiero que me pidan perdón a que me pidan permiso; láncense, aquí lo que hay es talento puro. Hay que volver a dar confianza y señales para decir: ‘No tienen que ganarse la confianza de nadie, ya la tienen. ¿Qué hacemos juntos para volver a mover esto y llenar estos espacios de proyectos maravillosos?’. Lo que aprendí de la Universidad del Rosario es su rol en la sociedad. Y lo que quiero hacer es lo que he llamado un ‘empujón al alma’.

SEMANA: ¿Cómo piensa hacer este empujón?
S.L.: Tengo varios puntos en mente. Primero, crear un espacio donde podamos prototipar cualquier tipo de idea que permita hacer crecer la calidad de la educación superior y su experiencia. Por eso propuse la creación inmediata de lo que se denomina un «tanque de pensamiento y acción»: un espacio donde profesores, estudiantes y egresados vamos a pensar soluciones para mejorar la educación superior en este país y en el mundo, porque todos están pasando por lo mismo. Queremos pensar nuevos formatos, nuevas maneras de enseñar y nuevas formas de crear experiencias vibrantes y memorables para los estudiantes, porque de algo estoy segura: la universidad es irremplazable. Hay que volverla a hacer visible en la sociedad como un espacio donde no solo voy a echarme encima cinco años de clases aburridas, sino donde voy a poder crear mi propia empresa, mi proyecto social o solucionar los problemas del mundo. Una universidad hoy es más que una serie de créditos; es un conjunto de personas comprometidas con resolver los problemas de la sociedad, lanzándose a crear sus propias experiencias en equipo. La universidad es el único lugar donde puedo aprender en equipo, en medio de diversidad de opiniones, construyendo discurso y aprendiendo a equivocarme con amor. Aquí nos equivocamos, aprendemos, pivoteamos y volvemos a ensayar.
SEMANA: ¿Cuáles son los otros puntos?
S.L.: Segundo, todo está transversalizado por educar y formarse en tiempos de inteligencia artificial. Es un hecho y parte del nuevo pacto social. ¿Cómo vamos a hacer para que esta IA sea creada y no solo consumida desde plataformas externas que fueron creadas para todo menos para formar o acompañar el espíritu crítico? En los primeros 90 días vamos a crear una «fábrica de inteligencia artificial» pensada desde, para y con los estudiantes. Queremos diseños de IA con un entrenamiento socrático, donde lo que menos haga la IA sea el trabajo por ti, sino acompañarte a reflexionar, retarte e intelectualmente confrontarte. El mundo necesita IA pensada éticamente para formar cerebros. Tercero, voy a emprender un camino de internacionalización muy nuevo: nuevos socios internacionales —públicos, privados y universitarios— para que los estudiantes desarrollen verdaderas experiencias profesionales y culturales. Quiero potenciar el perfil glocal del egresado rosarista: un profesional que conozca los asuntos del mundo, viva la interculturalidad y aporte nuevas miradas a su país. Mi sueño —que va a ser una realidad— es un quinteto de universidades donde los estudiantes puedan arrancar en el Rosario, pasar un semestre en la Universidad de Estrasburgo (Francia), terminar su segundo año en la Universidad de Ghana (África), hacer un intersemestral en la Universidad de Sofía (Japón) y terminar en otra universidad del mundo para graduarse nuevamente en el Rosario. Esto permitirá vivir experiencias internacionales para volver a las raíces y contribuir con soluciones perennes. Además, vamos a lanzar la ‘Nueva Expedición Botánica para el siglo XXI’: un programa de investigación basado en la excelencia científica del Rosario, con la misma revolución social de la expedición original. No para recolectar especímenes por Colombia, sino para hacer la ciencia más accesible e interdisciplinar. Vamos a conjugar comunidades académicas para trabajar en temas como transiciones energéticas justas, mitigación del cambio climático, justicia social, pobreza y reducción del hambre.
SEMANA: Usted asume la rectoría en un momento en el que la educación superior en el mundo entero tiene dificultades muy grandes, por ejemplo, el declive demográfico. ¿Cómo se enfrenta eso en Colombia?
S.L.: Responderé con mi doble condición bicultural: como alguien que ha echado raíces en Colombia, pero que la mira con una distancia chévere para apreciar lo que sucede. Las universidades colombianas estamos en mora frente a esto que es estructural. El declive demográfico ocurre en muchos países del mundo; el cierre de colegios y universidades ya es una realidad global. Estamos en mora de pasar de un modelo de universidad a un modelo de multiversidad. ¿A qué hago referencia con multiversidad? Es una universidad que tiene el deber moral de ponerse a disposición de una multitud de segmentos de la población. Si algo aprendí en los últimos años es el talento y las ganas de aprender que tienen los colombianos, tengan 18 o 55 años, estén en Bogotá o en cualquier lugar del mundo. Donde uno va, hay colombianos supermotivados.
SEMANA: ¿Y qué significa eso?
S.L.: Ser una multiversidad es atender multigeneraciones, multiedades y múltiples formatos para certificar el talento. No es solo pensar que el rol de la educación superior es acompañar al recién graduado de bachillerato para que haga su pregrado y luego el posgrado. Hay muchas formas de experimentar un paso por la formación humanística y en competencias del Rosario. Si no damos el paso a ser una universidad presencial, híbrida y virtual, manteniendo la misma calidad y exigencia para ponernos al servicio de todas las generaciones —incluyendo a quienes trabajan o cuidan personas—, nos veremos seriamente afectados por el cambio demográfico. Pero si nos abrimos a todas las generaciones, ya no le tendremos temor a la reducción demográfica. Es una tormenta perfecta. Hablas de reducción demográfica, pero esa es solo una de tres tormentas.
SEMANA: ¿Cuáles son las otras?
S.L.: La segunda es que muchos bachilleres ya no quieren dar el paso a la educación superior porque esta no les ofrece lo que esperan. Por eso voy a lanzar un gran estudio sobre nuestros estudiantes y aspirantes: saber quiénes son, cómo quieren aprender y qué huella quieren dejar. No tenemos datos locales claros; importamos categorías externas como Generación Z o Millennials, pero eso no describe bien a Colombia. Necesitamos saber qué los mueve y cuáles son sus puntos de dolor.
SEMANA: ¿Y la tercera?
S.L.: La tercera tormenta ocurre en el tránsito de la educación básica a la media: hay una deserción muy fuerte porque se ha perdido el sentido de la educación; piensan que no la necesitan para que les vaya bien. Y no hay nada mejor que un buen colegio o una buena universidad para cambiarle la vida a alguien. Por eso hablo de una «universidad de tiempo largo»: no me interesa el estudiante solo cuando se gradúa, quiero acompañarlo toda la vida, hasta que se jubile. La única forma de atacar estas tres tormentas es estar presentes desde los niños hasta la generación silver, ofreciendo experiencias memorables en cualquier formato.
“La autonomía no es un privilegio corporativo, es la condición empírica de la libertad intelectual”, afirmó Stéphanie Lavaux durante su posesión como rectora de la Universidad del Rosario. https://t.co/f0wz5K9jDc https://t.co/N6LIghoIUg
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SEMANA: El gobierno Petro generó una tormenta adicional, al desmontar todas las ayudas a los estudiantes de universidades privadas. ¿Qué tanto ha impactado esto?
S.L.: Ha tenido impacto en todas las universidades privadas. Eso es absolutamente cierto. En el pasado vimos cómo programas que le apostaban al talento permitían abrir un abanico de universidades de excelencia. Hablo de Ser Pilo Paga o Generación E. Fui la vicerrectora académica que acogió Ser Pilo Paga en el Rosario y vi cómo esos talentos maravillosos hicieron crecer a la universidad y permitieron diálogos nunca antes vistos. Cuando se facilita el acceso, sin importar si la universidad es pública o privada —que es un falso dilema, pues todas somos fundaciones sin ánimo de lucro hechas por y para los estudiantes—, la capacidad de transformar la sociedad es enorme. Hoy veo a beneficiarios de Ser Pilo Paga liderando startups y empresas tecnológicas en el país.
SEMANA: ¿Qué le pide hoy al gobierno en este sentido?
S.L.: Animo al gobierno a volver a pensar en cómo abrir un abanico de posibilidades a las nuevas generaciones, recordando los impactos tan positivos de los programas anteriores. De eso se trata ser universitario: de aprender de las experiencias pasadas. Otra experiencia que dejó lecciones e impactos maravillosos fue Colombia Científica. Gobiernos anteriores crearon este programa que articuló universidades públicas, privadas, empresas y sociedad civil alrededor de grandes retos como informalidad, cambio climático o genoma humano. Fueron proyectos de cuatro a cinco años que formaron a nuevos científicos e investigadores en un marco multidisciplinar. Nos demostró cómo se puede hacer ciencia e investigación conjunta sin rivalidades. Invito al gobierno a volver a pensar en esos espacios donde universidades públicas y privadas sabemos trabajar juntas para poner la ciencia al servicio de la sociedad.
“La Universidad del Rosario ha puesto su futuro en extraordinarias manos”, dijo el vicepresidente José Manuel Restrepo en la posesión de Stéphanie Lavaux, quien fue su vicerrectora hace 12 años. https://t.co/f0wz5K9jDc https://t.co/xKkbSpLitl
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SEMANA: Le quiero hacer una última pregunta sobre los jóvenes de hoy. Usted ha acompañado a muchas generaciones a educarse. Hoy en el mercado laboral, muchos hablan de que estamos ante generaciones que se frustran más y quizás se comprometen menos. ¿Lo siente así?
S.L.: Personalmente, creo que cada persona es única. Me tiene muy insatisfecha que pongan en una misma bolsa y con las mismas etiquetas a todas las personas de una generación solo porque alguien dijo que así son la Generación Z o la Generación Alfa. Eso no es cierto; cada persona tiene un universo que nos toca descubrir y atender. Creo profundamente en la personalización e individualización de las trayectorias de aprendizaje. Sobre esas etiquetas de que son frágiles o se desesperan más rápido, primero me gustaría investigar: necesitamos estudiar si de verdad es cierto o si es un mito en el que todos nos hemos dejado llevar.
