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Las instituciones son otras, como dicen los expertos, no solo en el ámbito de la transformación digital, sino en la aceleración de tendencias curriculares y pedagógicas. - Foto: Getty Images

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Universidades de Colombia se transforman, tras la crisis socioambiental que dejó la pandemia

Por: Lina Sánchez Alvarado

Frente a los nuevos retos globales, las universidades del país se transforman. Currículos más flexibles, nuevas formas de aprendizaje y el uso de la tecnología, entre las innovaciones.

Ante la profunda crisis socioambiental que vive el mundo, las universidades aceleran sus transformaciones ante los nuevos desafíos.

Dos años después de la presencia del coronavirus, este obligó a nuevas apuestas educativas, virtuales como presenciales. No obstante, muchos estudiantes, al salir del colegio, dudan sobre si estudiar una carrera o ser hábiles en oficios para las competencias del futuro. Las universidades tienen un gran reto en esa materia.

“La riqueza académica está cada vez más cerca a la oportunidad de contar con programas flexibles y certificaciones en nuevos temas y habilidades, para formarse de manera presencial y virtual’', dice Luis David Prieto, vicerrector académico de la Universidad Javeriana.

La pandemia fue catalizadora de cambios en la educación superior. Las instituciones son otras, como dice Prieto, no solo en el ámbito de la transformación digital, sino en la aceleración de tendencias curriculares y pedagógicas. Están llamadas a buscar soluciones.

Pensando en esta realidad, Eafit, por ejemplo, creó el centro Nodo, que forma habilidades en el sector tecnológico, ante retos reales que proponen empresas aliadas con la universidad.

Andrés Mora Cuartas, director de desarrollo académico de esa institución, explica que están en un cambio continuo en el que el desarrollo de competencias es central: “Propendemos por el diseño de soluciones a los desafíos humanos más retadores de nuestros tiempos: la tecnología, el cuidado del medio ambiente y los dilemas de la sociedad ante un cambio de época, de nuevos paradigmas”.

En Bogotá, la Universidad Central trasladó varios de sus programas académicos a la virtualidad, redujo tiempos de desplazamiento para profesores y estudiantes en una ciudad compleja. Y pensando en evitar la deserción, comenzó un proyecto de gestores de acompañamiento que nació en la pandemia y aún se mantiene. Óscar Herrera, vicerrector académico, asegura que el programa cumplió su objetivo, especialmente, durante el confinamiento.

La salud mental, una de las grandes preocupaciones ante la crisis sanitaria, exigió una estrategia en Eafit: ‘Alcemos la mano’, un programa con el que la comunidad educativa, por medio de charlas, talleres y materiales educativos, busca formas de pensar y actuar: la meta es potencializar la capacidad de disfrutar la vida.

Como herencia de la pandemia, la Universidad Autónoma de Occidente (UAO), en el sur del país, consolidó una oferta académica flexible no solo pensando en el Valle del Cauca, sino en departamentos cercanos como Cauca, Chocó, Nariño, Putumayo, y en países de la región como Perú, República Dominicana, El Salvador, Honduras y Ecuador.

Germán Gallego, director general de la UAO Virtual, explica: “No entendemos lo virtual como escenarios de estudio independiente y con actividades en soledad, sino que lo pensamos con todas las formas de interacción, enseñanza y aprendizaje. Buscamos facilitar las interacciones sin limitar a los profesores y estudiantes a una videoconferencia”.

Esta institución habla de ambientes adaptativos, colaborativos e inmersos, con los que estudiantes y docentes acceden a aprendizajes interactivos con aplicaciones o juegos.

La Fundación Área Andina llama ‘humanismo digital’ a la idea de que lo virtual necesita interacción social. La experiencia demostró que sí es posible generar espacios de aprendizaje con apoyo de la tecnología. La institución viene usando simuladores, al igual que la Universidad Ean.

Esta última lanzó, recientemente, clases de inglés mediante tecnología 3D y realidad virtual que, por ejemplo, permite simular que un estudiante está en un restaurante en Nueva York, mientras conversa en inglés y refuerza el idioma.

“No hay límite al momento de combinar tecnología y educación, pues estamos dando herramientas que necesitan los jóvenes para un mundo en constante evolución”, dice Néstor Fonseca, gerente de Proyección y crecimiento de Ean.

Son varias las instituciones que combinan diversas modalidades, sin abandonar la presencialidad. La Universidad de Antioquia (UdeA) cree que es posible formar con un uso crítico, creativo y humano de las TIC. Elvia María González, vicerrectora de docencia, afirma que gracias a las innovaciones propuestas por los profesores, nació un laboratorio orientador para formar con las nuevas apuestas pedagógicas y didácticas.

A su vez, los profesores de la Universidad Autónoma de Bucaramanga crearon una comunidad de innovación de docentes mentores y estudiantes en prácticas. No solo fortaleció las competencias digitales, sino que incentivó el aprendizaje basado en proyectos, problemas y estudios de caso. Ante los retos actuales, la Universidad Autónoma de Manizales tiene alianzas para usar plataformas de aprendizaje globales, y que los estudiantes tomen cursos impartidos en el mundo.

Además, creó una Maestría en ambientes de aprendizaje innovadores, en convenio con la Universidad Haaga-Helia, de Finlandia. Desde la investigación, busca generar trabajos que vinculen a la empresa, al Estado y que impacten la productividad.

Las experiencias que dejó la pandemia se capitalizan en las universidades y avanzan más allá de lo que en un principio se pensó como la educación virtual: dotar todos los salones de micrófonos y cámaras.

Hoy, los profesores trabajan en equipo en modelos pedagógicos y curriculares que sumen la presencialidad y la virtualidad, sin olvidar que la educación superior debe adaptarse a una realidad local, nacional y mundial que pide soluciones.

Luis David Prieto, vicerrector académico de la Universidad Javeriana, llama a tener una mirada reflexiva sobre una sociedad de tecnologías emergentes, nuevos estilos de vida, nuevas concepciones de bienestar y la transformación del mundo del trabajo. “Esto nos obliga –agrega– a conocer con rigurosidad y de manera crítica este contexto cambiante, pero también a mantener la apertura y sensibilidad por aquello que la sociedad necesita”.