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Innovación que transforma el agro colombiano: del dato a las decisiones. Foros Semana y Syngenta abren esta conversación el 14 de octubre

Con una demanda creciente de alimentos y desafíos climáticos, Colombia busca convertir sus ventajas agrícolas en productividad, resiliencia y desarrollo rural. La innovación, entendida como la combinación de ciencia, tecnología y conocimiento del territorio, ocupa un lugar central en ese camino.

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9 de octubre de 2026 a las 12:38 p. m.
En compañías de tecnología agrícola (Agtech) como Syngenta, entre otras, conviven la investigación y el desarrollo con la genética, la protección de cultivos, soluciones biológicas y las herramientas digitales.
En compañías de tecnología agrícola (Agtech) como Syngenta, entre otras, conviven la investigación y el desarrollo con la genética, la protección de cultivos, soluciones biológicas y las herramientas digitales. Foto: Syngenta / API

En una finca colombiana conviven muchos de los desafíos que atraviesa hoy la agricultura. Un productor necesita decidir cuándo sembrar en medio de lluvias menos previsibles, proteger sus cultivos frente a nuevas plagas, afrontar el costo de los insumos y responder a exigencias crecientes de calidad y trazabilidad.

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Todo esto mientras procura sostener su rentabilidad y abastecer una cadena alimentaria que necesita ofrecer productos suficientes, seguros y accesibles.

El cambio climático suma otros desafíos: las sequías, las inundaciones, las olas de calor y los cambios en la distribución de plagas dejaron de ser amenazas lejanas. Hoy alteran los calendarios de siembra, la disponibilidad de agua y la calidad de las cosechas.

Un estudio publicado en Nature Climate Change calculó que el cambio climático causado por la actividad humana redujo cerca de 21 % el crecimiento acumulado de la productividad agrícola mundial desde 1961. Para los agricultores, el desafío es doble: proteger el rendimiento bajo condiciones más inestables y reducir al mismo tiempo el impacto ambiental de la producción.

La agricultura llega así a un punto de inflexión: producir más y mejores alimentos cuidando al mismo tiempo los recursos, y haciendo frente al cambio climático, la disponibilidad de agua y la degradación de los suelos. El reto consiste en demostrar que productividad y sostenibilidad pueden avanzar juntas.

Un país con todo lo que se necesita

Colombia parte de una posición con ventajas competitivas: la diversidad de pisos térmicos permite producir durante buena parte del año; el país cuenta con experiencia en cadenas como café, flores, banano, palma, cacao y frutas, y tiene una ubicación favorable para llegar a mercados de América del Norte.

La actividad agropecuaria, además, conserva un peso económico y social considerable. La productividad futura dependerá, en buena medida, de obtener más valor en las áreas ya destinadas a la agricultura.

Allí convergen el mejoramiento genético, la protección de cultivos, los productos biológicos, las prácticas regenerativas y el manejo adaptado a cada territorio.

Su impacto será mayor cuando respondan a necesidades reales, sean viables para el productor y contribuyan al cuidado del suelo y el agua.

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Para los agricultores, el desafío es proteger el rendimiento bajo condiciones más inestables y reducir al mismo tiempo el impacto ambiental de la producción. Foto: Syngenta / API

El valor de la información

A esa combinación se suma un recurso que gana peso en el campo: los datos. Cada lote produce información sobre lluvias, temperatura, humedad, estado del suelo, desarrollo del cultivo, presencia de plagas y respuesta a distintos manejos.

Durante años, buena parte de esa información quedó dispersa en registros manuales o en la experiencia individual.

Hoy, sensores, imágenes satelitales, drones, estaciones meteorológicas e inteligencia artificial permiten integrarla, encontrar patrones y convertirla en recomendaciones más precisas. El valor no reside en acumular millones de datos, sino en traducirlos en una pregunta concreta: qué conviene hacer, en qué lugar y en qué momento.

Una imagen satelital puede revelar variaciones dentro de un lote; un modelo puede relacionarlas con el clima y los antecedentes productivos; una plataforma digital puede ayudar a priorizar el monitoreo o ajustar una intervención.

Esto facilita pasar de decisiones generales a un manejo más localizado, con potencial para usar mejor el agua y los insumos, anticipar riesgos y evitar aplicaciones innecesarias. Los datos también cambian la manera de innovar.

Cada ensayo, acierto o falla aporta información para corregir una hipótesis y orientar el siguiente paso. En un contexto de inteligencia artificial, robótica y ciencia de datos, la innovación rara vez sigue una línea recta.

Aprende de manera continua y avanza mediante pruebas, evidencia y ajustes. En compañías de tecnología agrícola (Agtech) como Syngenta, entre otras, conviven la investigación y el desarrollo con la genética, la protección de cultivos, soluciones biológicas y las herramientas digitales.

La inteligencia artificial puede ayudar a acelerar procesos y anticipar problemáticas para desarrollar nuevas soluciones. En el campo, plataformas digitales como Cropwise® buscan integrar información agronómica para acompañar decisiones productivas.

La ciencia de datos también puede aportar a la salud del suelo. Al combinar imágenes remotas, análisis físicos y químicos, historial de rendimientos y prácticas de manejo, es posible construir una lectura más completa de la variabilidad de cada lote.

Esa información ayuda a orientar la agricultura de precisión, evaluar dónde tendría sentido una aplicación variable y comprender qué ambientes muestran mayor estabilidad a lo largo del tiempo.

En paralelo, las soluciones biológicas amplían y complementan las alternativas para manejar plagas y enfermedades, enfrentar situaciones de estrés climático y favorecer la salud del suelo y el uso eficiente de nutrientes.

La importancia del trabajo colaborativo

Sin embargo, la digitalización abre preguntas relevantes, como el desarrollo de modelos de acceso compartido a todos los actores de la industria. También resulta conveniente acompañar la conectividad con capacitación y asistencia técnica.

La mejor innovación no será la que acumule más información, sino la que la convierta en una decisión sencilla, oportuna y rentable.

Colombia ya cuenta con redes institucionales, mesas agroclimáticas y conocimiento técnico. El siguiente paso consiste en acercar esos recursos a las decisiones cotidianas.

Pronósticos localizados, alertas tempranas, calendarios de siembra flexibles y recomendaciones por cultivo pueden reducir pérdidas y mejorar el uso de recursos. En todo este proceso, la confianza es igualmente importante.

Los consumidores piden información sobre el origen y la seguridad de los alimentos, mientras los agricultores necesitan reglas previsibles y basadas en evidencia.

Comunicar los beneficios, riesgos y límites de cada herramienta será tan relevante como desarrollarla. La pregunta, entonces, no es si la agricultura colombiana tiene que innovar, sino cómo puede hacerlo de manera inclusiva, responsable y práctica.

El país tiene la oportunidad de combinar conocimiento, infraestructura, financiamiento, tecnología y mercados, con los agricultores en el centro. Los datos pueden ayudar a conectar esas piezas: convierten la experiencia en aprendizaje, la incertidumbre en escenarios y la innovación en decisiones aplicables.

Estos desafíos y oportunidades serán parte de la conversación del evento de Syngenta y Foros Semana, que se realizará el próximo 14 de octubre. La agenda estará focalizada en optimizar las ventajas competitivas que trae la innovación al país y en las capacidades que el sector necesitará desarrollar.