Usando el seudónimo de Saskia Swann, de 45 años, para proteger su identidad y carrera, la asistente de vuelo explicó que pasó seis años trabajando y recibiendo “cacahuetes” para una de las principales aerolíneas del mundo, antes de que una reunión casual en un bar de Londres le abriera la oportunidad de un trabajo a bordo de un avión privado de lujo.
En el libro Above And Beyond: Secrets Of A Private Flight Attendant, coescrito con Nicola Stow, Saskia detalla cómo fue introducida al brillante mundo de oligarcas y multimillonarios donde las azafatas visten Prada y las travesuras que se dan en una milla de altura no solo tienen lugar en el lujo de los pasajeros, sino en la propia cabina que comanda el avión.
Desde un jefe que “esperaba un poco más de sus asistentes de vuelo” hasta tener que ocultar evidencia de amantes a bordo, ella ha ofrecido una visión muy reveladora de la vida detrás del trabajo de la tripulación de cabina de un jet privado.

El billonario ruso que esperaba sexo
Saskia firmó ocho acuerdos de confidencialidad antes de que le ofrecieran su primer trabajo para un multimillonario ruso, con un impresionante salario anual de 40.000 libras esterlinas. Al entrar en el mundo de la ostentación y el glamour, comenzó a vivir la gran vida, viajando por el mundo con lujo, con trajes de diseñador, estadías en hoteles de cinco estrellas y una asignación diaria de 80 libras. Sin embargo, el trabajo no estuvo exento de inconvenientes.
Aunque a Saskia le informaron que viajaría junto a la esposa de su jefe y sus dos hijos, no pasó mucho tiempo antes de que ella descubriera el secreto que él estaba escondiendo. En una ocasión, Saskia acompañó a la familia desde Estambul hasta Los Ángeles, pero tan pronto como el hombre se despidió de su esposa, ella se vio obligada a deshacerse de toda evidencia de su presencia. Ocultando todo, desde sus zapatos hasta sus libros y peines, un rato después se le encomendó la tarea de darle la bienvenida a la amante modelo a bordo.

“No debe haber ni uno de los pelos de Irina (nombre de la esposa para proteger su identidad) a la vista en ningún lugar de este avión. Savannah (nombre de la amante para proteger su identidad) es rubia. Si ella ve un cabello castaño, sospechará que Pavel (nombre del multimillonario para proteger su identidad) la engaña y nos despedirán a todos”, relata.
Después de que la pareja de Savannah y Pavel pasara un ‘par de horas divirtiéndose’ en el sofá, Saskia contó cómo Savannah, quien también reveló que la pareja había estado junta durante tres años y dos meses, comenzó a preguntarle a Pavel por qué no se casaría con ella. Continuó diciendo cómo la había llevado a lugares de todo el mundo, incluidos París, Hong Kong, Sídney y Hollywood, pero cuando empezó a mencionarle que la llevara a su ciudad natal, Moscú, para conocer a sus padres, Pavel comenzó a crear excusas para evadir las respuestas.
Asustada de decir algo que pudiera hacer que la despidieran, Saskia hizo todo lo posible por cambiar la dirección de la conversación. Pronto, Saskia fue informada de que Pavel era un “mujeriego conocido” que también “espera un poco más de sus asistentes de vuelo”.

Ella menciona cómo llegó ese momento en un viaje a Nueva York y, tal y como le habían advertido sus colegas. Recibió un mensaje de texto a las 5:00 de la tarde. Había sido advertida de que, si no se acostaba con Pavel, también podría considerarse despedida porque es “parte del trabajo”. Y con una deuda de 20.000 libras, Saskia, que se alojaba en una habitación de 1.500 dólares la noche en ese momento, aceptó la invitación a cenar de su jefe, no sin antes romper a llorar.
Después de que le entregaran una caja que contenía un vestido y un collar de diamantes, Saskia se encontró abordo de un Mercedes y en camino al restaurante de lujo Eleven Madison Park.
Después de una comida costosa y de alta gama, Pavel se subió a un ascensor privado y llevó a Saskia a su suite del pent-house, que estaba adornada con candelabros, lujosos balcones de vidrio y paredes lacadas. Luego de comer más caviar, ostras, langosta y emborracharse con botellas frías de Dom Pérignon, Saskia menciona cómo una cosa llevaba a la otra. “Nuestro baile terminó en sexo, en la suave alfombra entre restos de comida”, dijo. “Sexo misionero interminable. Estoy segura de que Pavel había tomado Viagra. Cerré los ojos y lo dejé continuar”, contó.

A pesar de esto, Saskia, quien “se sintió culpable” cuando tuvo que atender al ruso frente a su esposa, reveló que su enorme deuda y el miedo a perder su trabajo hicieron que la única noche de sexo se convirtiera rápidamente en una aventura. “Entonces mi rutina continuó, con sus llamadas de las cinco y sexo en compañía de candelabros, vinos finos y las obras de Monet, Picasso, Matisse”, agregó.
La historia del príncipe saudí

Luego de tres años, Saskia comenzó a trabajar para el príncipe saudí Hossein (nombre para proteger su identidad), en donde también continuaron los asuntos secretos. A Saskia le dijeron: “Solo pon unos pocos pétalos de rosa blanca en la almohada para la princesa, aunque siempre pétalos rojos para la otra mujer”.
Recordando el momento en que atrapó al príncipe saudí y a su amante Sabeen (nombre para proteger su identidad) teniendo relaciones sexuales, ella dijo: “Había bultos y protuberancias moviéndose debajo de la manta de seda, ropa tirada en el suelo. Afortunadamente estaban en posición de misionero y mirando hacia la parte trasera del avión, así que no me vieron”.
Regalos multimillonarios

Saskia, que en un momento tuvo una deuda considerable, pero ahora vive libre de deudas, se sorprendió cuando le entregaron un guardarropa de diseñador para su primer trabajo a bordo de un jet privado.
“Este era un guardarropa completamente nuevo, uno muy caro también, completo con zapatos, botas, equipaje y accesorios. Las prendas eran algo así: sexy traje negro estilo secretaria que comprende una falda tipo lápiz y una chaqueta, recortada y ceñida, y terminando en la mitad de la cadera; pantalones negros de sastre; un vestido negro entallado clásico; chaquetón de lana virgen color carbón con detalle de ribete de piel; cuatro blusas color crema, transparentes, pero no completamente transparentes; una chaqueta de punto; pañuelos de cuello de seda Hermès; un par de cinturones de piel ajustados, ambos de Prada; un bolso, también de Prada; calzado de Salvatore Ferragamo: un par de tacones y botas hasta la rodilla para el suelo y dos pares de zapatillas de ballet para llevar en el aire. Y finalmente, me presentaron mi equipaje: una maleta de cabina con ruedas y una maleta más grande para la bodega. Ambos Louis Vuitton”, dijo.

El extravagante botín, explicó Saskia, “se entregaría en la dirección de mi casa en los próximos dos o tres días. Y aunque estaba tratando de actuar de manera tan casual sobre esto, no pude evitar sentirme abrumada”.
