Cartagena vuelve a sonar distinto en enero. Pero no solo por la música. En los teatros, capillas y plazas del Centro Histórico, la ciudad vive estos días una celebración que combina prestigio artístico, turismo cultural y una escena social que, desde hace dos décadas, ha convertido al Cartagena Festival de Música en una cita fija del calendario del jet set cultural colombiano e internacional.
En su edición número veinte, que se desarrolla del 4 al 12 de enero, el Festival celebra su historia con una programación ambiciosa de 27 conciertos y una curaduría que dialoga entre tradición y contemporaneidad bajo el concepto El alma y el cuerpo. Universalismo musical y las escuelas populares. Una narrativa que no solo se escucha en los escenarios, sino que se vive en la ciudad y en los encuentros que se repiten edición tras edición.
El punto de partida fue el emblemático Teatro Adolfo Mejía. Allí, la Orquesta de Cámara Franz Liszt, orquesta residente de esta edición, inauguró el Festival bajo la dirección del húngaro István Várdai, junto al joven violinista alemán Simon Zhu. El concierto marcó el inicio de una semana en la que la música clásica volvió a convertirse en excusa para el reencuentro social. “Más que un festival, esto ya es una tradición. Uno viene por la música, pero se queda por la conversación, la ciudad y los encuentros que solo pasan en Cartagena en enero”, aseguró Camila Parker, quien ha asistido a varias ediciones del Festival.

Como ocurre cada año, los conciertos se transforman también en puntos de reunión. En las capillas del Sofitel Santa Clara y del Charleston Santa Teresa, en el Palacio de la Proclamación y en otros espacios históricos, no solo se escuchan recitales de cámara, se disfruta de encuentros con personas que regresan cada enero, gestores culturales, empresarios, diplomáticos, coleccionistas de arte y visitantes internacionales que hacen del Festival una experiencia que va más allá de la música.

Cada año nombres como Patricia Escallón de Ardila, Julia Salvi, Carlos Julio Ardila y miembros de familias tradicionalmente ligadas a la vida cultural y social del país, como los Santo Domingo y los Sarmiento, así como empresarios y embajadores que combinan su agenda cultural con estancias prolongadas en la ciudad hacen parte de este evento. No se trata de una alfombra roja sino de una escena discreta y constante que consolida al Festival como un ritual social de alto nivel.

Los invitados del 2026
Entre los grandes protagonistas de la programación de este año figuran nombres como el violinista Maxim Vengerov, el arpista francés Xavier de Maistre, la soprano italiana Mariam Battistelli y el pianista Andrea Lucchesini, junto a destacados artistas colombianos como el violonchelista Santiago Cañón-Valencia, el Bogotá Piano Trío y la Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá. Un cruce entre lo global y lo local que refuerza la identidad del Festival y su proyección internacional.

Esta edición también apostó por ampliar sus lenguajes y públicos. Propuestas contemporáneas como Grandbrothers, que fusiona piano y electrónica, y el pop sinfónico de Cody Fry, junto a la Filarmónica Joven de Colombia en un concierto gratuito, conecta nuevas audiencias con el universo orquestal. “Después del concierto, todo sigue: cenas largas, encuentros improvisados y caminatas nocturnas por el Centro Histórico. El Festival marca el ritmo de la semana”, cuenta un gestor cultural que asiste cada año.

El Festival mantiene una fuerte vocación pública. Las conferencias-concierto del musicólogo Giovanni Bietti, las proyecciones al aire libre y los recitales gratuitos han integrado a residentes y visitantes en una experiencia cultural compartida, reforzando el vínculo entre la música y la ciudad.

La moda, aunque silenciosa, también hace parte del ritual. Vestidos ligeros, lino, sastrería fresca y una elegancia sin excesos definen el código no escrito de las noches musicales. Es una estética que dialoga con el clima y la arquitectura de Cartagena, y que distingue al Festival como una cita donde la sofisticación se expresa con naturalidad. “Aquí nadie viene a deslumbrar, pero todos entienden el código: elegancia ligera, caribe sofisticado y una estética que acompaña la música”, asegura María Rincón, empresaria y asistente frecuente al evento.

Un gran final
Lo que viene mantiene el pulso alto. El cierre, programado en la Plaza de la Aduana, reunirá al clarinetista y saxofonista cubano Paquito D’Rivera con la Orquesta Sinfónica de Cartagena en un concierto gratuito que promete convertirse en uno de los momentos más comentados de esta edición aniversario.
A sus 20 años, el Cartagena Festival de Música no solo celebra su historia artística. Se reafirma como un punto de encuentro entre música, ciudad y sociedad; una cita donde el arte convive con la vida social, la moda y una escena internacional que, cada enero, vuelve a encontrarse en Cartagena. Una ciudad que, por estos días, suena —y se vive— más sofisticada que nunca.










