Nelson Polanía, conocido por el público como Polilla, reveló uno de los episodios más dolorosos de su vida: el accidente que sufrió cuando tenía cinco años y que le dejó cicatrices permanentes en el rostro.
El comediante relató cómo ese hecho, ocurrido en su infancia, lo obligó a pasar por cuatro cirugías y se convirtió en una experiencia determinante dentro y fuera de los escenarios.
Polilla revela cómo un ataque de perro cambió su rostro y su infancia
Según contó Polilla en el programa Me raya la cabeza, de Caracol Televisión, el accidente ocurrió cuando tenía apenas cinco años, mientras jugaba con familiares en el sector de Usaquén, al norte de Bogotá.
En medio del juego, cayó sobre un perro dálmata que reaccionó de forma violenta y le causó heridas graves en el rostro. “Me destrozó la cara completamente”, afirmó el humorista, señalando la cicatriz que aún hoy es visible en su mejilla izquierda.
La gravedad de las lesiones obligó a una atención médica urgente y, con el paso de los años, a cuatro cirugías reconstructivas, procedimientos que marcaron su niñez y adolescencia.
El testimonio fue recogido por El Espectador, que detalló cómo el comediante tuvo que aprender a convivir con las secuelas físicas y emocionales de aquel ataque, en una etapa en la que la apariencia suele ser especialmente sensible.

Cuatro cirugías, resiliencia y una relación intacta con los animales
A pesar del impacto del accidente, Polilla aseguró que nunca desarrolló miedo ni rechazo hacia los animales.
Por el contrario, destacó que su relación con ellos siempre fue positiva, una postura que mantuvo junto a su esposa, la fallecida humorista La Gorda Fabiola, con quien apoyó causas de protección animal durante años.
El comediante explicó que las cicatrices se convirtieron con el tiempo en parte de su identidad, incluso dentro de su carrera artística.
En un medio como la televisión, donde la imagen suele ser determinante, Polilla logró consolidarse como una de las figuras más queridas del humor colombiano, especialmente por su trayectoria en Sábados Felices, programa en el que participa desde 1996.

Hoy, su historia resuena más allá del entretenimiento. El testimonio de Polilla no solo habla de un accidente infantil, sino de resiliencia, reconstrucción y aceptación, en un país donde el humor ha servido, muchas veces, como refugio frente al dolor.
La cicatriz que marcó su rostro terminó convirtiéndose también en una señal silenciosa de supervivencia.









