En un nuevo episodio del programa Se dice de mí, el actor y comediante colombiano Antonio Sanint abrió su corazón y habló de su infancia, una etapa en la que cargó con la sensación de ser visto como “diferente”.
Según su relato, desde niño fue diagnosticado con déficit de atención, por lo que su hermana, María Sanint, lo recuerda como “un niño disperso, una persona que no le gustaba ir al colegio”, pero que siempre se destacó por su inteligencia.

Para el actor, convivir con esta condición dentro de su entorno familiar no fue sencillo, pues la relación con su padre era compleja y estuvo marcada por episodios de violencia, una situación que lo llevó a buscar constantemente espacios donde pudiera sentirse cómodo, aceptado y libre de señalamientos.
En esa búsqueda, Antonio encontró en el teatro su mejor refugio durante su etapa escolar. Fue allí donde tuvo la oportunidad de protagonizar Simón el bobito, una de las obras más reconocidas del escritor colombiano Rafael Pombo.
“Lo hice y tuve una sensación muy extraña que nunca había sentido y es que esa vez, la gente, todo ese público, quinientas personas, se estaban riendo conmigo,no de mi. Fue la sensación más bonita y potente”, recordó visiblemente emocionado.
Justo en este instante, Antonio Sanint admitió que sintió que servía para algo y que era bueno para algo, por lo que declaró que, definitivamente, ese era su lugar en la tierra.
A sus 14 años conoció a Julián Arango, con quien construyó una amistad inquebrantable. Ambos coincidían con sus historias de vida: papás un poco ausentes y madres trabajadoras que los sacaron adelante y les dieron ejemplo.
Además, también compartían cierto gusto por las artes escénicas y el teatro, por lo que empezaron a hacer shows en celebraciones familiares y ensayaban sus personajes de tono humorístico.
No obstante, en los años 90 decidió viajar a Los Ángeles, California, enfrentando un camino en el extranjero que no fue nada fácil, pero al final logró superar.
Durante su estadía en esa ciudad, desempeñó distintos trabajos hasta que consiguió ingresar a estudiar publicidad y producción de televisión, mientras se ganaba la vida trabajando en un café.

Tiempo después, recibió una propuesta de la agencia de publicidad en la que trabajaba Arango, motivo por el que decidió regresar a Colombia para iniciar una nueva etapa profesional junto a su amigo.
De esta manera, sus interpretaciones en el teatro alcanzaron una mayor madurez artística, lo que les permitió llamar la atención de Fanny Mikey, quien los impulsó a presentarse en el Teatro Nacional, escenario que terminó consolidando sus carreras en las artes escénicas.
