Especial Mercado Laboral

Más allá de la IA: estas son las habilidades que Colombia necesita para los empleos del futuro

Formar profesionales con humanidad y criterio es la apuesta de la Universidad de la Costa, la segunda mejor del país en empleabilidad, según el Observatorio Laboral de MinEducación.

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30 de enero de 2026, 3:40 p. m.
En la Universidad de la Costa, el proyecto de vida del estudiante se trabaja desde el primer semestre, con un énfasis claro en humanidades, pensamiento crítico e inteligencia emocional.
En la Universidad de la Costa, el proyecto de vida del estudiante se trabaja desde el primer semestre, con un énfasis claro en humanidades, pensamiento crítico e inteligencia emocional. Foto: Universidad de la Costa - API

La inteligencia artificial y la sostenibilidad están dejando de ser tendencias para convertirse en fuerzas que reconfiguran, a gran velocidad, el mundo del trabajo. En este nuevo escenario, el debate ya no gira únicamente alrededor de la tecnología o de los empleos verdes, sino de una pregunta mucho más profunda: ¿qué tipo de talento necesita Colombia para no quedarse atrás?

Para Eduardo Crissien Borrero, rector de la Universidad de la Costa, la respuesta va más allá de formar perfiles técnicos altamente especializados. “Hoy Colombia no necesita solamente más programadores, ingenieros o expertos en datos —que son fundamentales—, sino algo mucho más escaso: talento profundamente humano”, afirmó. En un contexto en el que el acceso al conocimiento se ha democratizado gracias a internet y a la inteligencia artificial, el verdadero diferencial, señaló Crissien, ya no está en lo que una persona sabe, sino en “cómo piensa, cómo se relaciona y cómo actúa frente a otros”.

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Para el rector de la Universidad de la Costa, las universidades son hoy más relevantes que nunca, porque no solo forman competencias técnicas, sino personas. Foto: Universidad de la Costa - API

Esta visión contrasta con la idea, cada vez más extendida, de que la educación superior ha perdido relevancia frente al aprendizaje autodidacta. Para Crissien Borrero ocurre exactamente lo contrario: “Las universidades son hoy más relevantes que nunca, porque no solo formamos competencias técnicas, sino personas”, expresó. En ese proceso, se desarrollan capacidades que ninguna tecnología puede reemplazar: el trabajo en equipo, el diálogo con quien piensa distinto, la comunicación con sentido, la toma de decisiones éticas y la comprensión del impacto social y ambiental de las acciones profesionales.

Habilidades indispensables

Desde el sector productivo, esta lectura se confirma en la práctica. Roberto Morales, ingeniero de sistemas de la CUC y gerente Técnico Senior de Proyectos de Certika —una empresa barranquillera con operación en Colombia, España, México, Chile y Perú que impulsa el uso de Blockchain —, señaló que la inteligencia artificial ya está transformando el trabajo de manera concreta.

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“Muchas tareas repetitivas se están automatizando y eso ha hecho que el valor del trabajador esté cada vez menos en ejecutar y más en pensar, analizar y tomar decisiones”, comentó Morales, destacando que se necesitan personas que entiendan la tecnología, la supervisen y sepan cuándo y cómo usarla, no solo que la operen.

Algo similar ocurre con la sostenibilidad. Lo que durante años fue un discurso, hoy se ha convertido en una exigencia real del mercado. Nuevos roles ligados a eficiencia energética, manejo ambiental y economía circular conviven con sectores tradicionales que deben adaptarse a estándares ambientales cada vez más estrictos. “Ya no basta con tener una profesión, lo que marca la diferencia es cómo se integra la tecnología y la sostenibilidad en el trabajo diario”, advirtió Morales.

Ambos coinciden en que el foco debe ponerse en el desarrollo de habilidades que trascienden lo técnico. Crissien Borrero, por su parte, cuestiona incluso el término “habilidades blandas” y propone llamarlas power skills: habilidades de poder.

“Comunicación efectiva, inteligencia emocional, adaptabilidad, trabajo en equipo y creatividad son las competencias que realmente definen el éxito profesional. Son las más humanas y, justamente por eso, las más difíciles de reemplazar por la inteligencia artificial”, señaló Crissien Borrero. A su juicio, estas capacidades no se descargan ni se aprenden frente a una pantalla: se forman en la interacción humana, en el debate, en el error y en los espacios presenciales de encuentro.

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Eduardo Crissien Borrero, rector de la Universidad de la Costa. Foto: Universidad de la Costa - API

Morales coincide y lo aterriza en el día a día laboral. “Un título profesional, por sí solo, no es suficiente. Sigue siendo importante, pero no asegura que una persona sepa enfrentar los cambios que trae el trabajo real”. En un mercado en el que los roles son cada vez menos rígidos y las personas cambian de funciones, herramientas e incluso de sector en pocos años, la empleabilidad depende, sobre todo, de la capacidad de aprender, adaptarse y aportar valor más allá de una especialidad concreta.

Universidades con mayor impacto

Ante este panorama, el papel de las universidades se vuelve estratégico. Para el rector de la CUC, el desafío no es competir con la inteligencia artificial, sino formar seres humanos capaces de usarla con criterio, ética y propósito. En la Universidad de la Costa, explicó, el proyecto de vida del estudiante se trabaja desde el primer semestre, con un énfasis claro en humanidades, pensamiento crítico e inteligencia emocional.

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La Universidad de la Costa le apuesta a una formación humana y con criterio. Foto: Universidad de la Costa - API

“Nuestra misión es formar un ciudadano integral bajo el principio de la libertad de pensamiento y pluralismo ideológico, por eso creemos profundamente en la inteligencia artificial y formamos a nuestros estudiantes para que sean más productivos y competitivos, pero tenemos una convicción clara: la mejor forma de sacarle provecho a la IA es siendo más humanos”, afirmó.

Esta apuesta también responde a una realidad que preocupa a las instituciones educativas: la salud mental de los jóvenes. “No hay innovación posible sin personas emocionalmente sanas”, subrayó Crissien Borrero y destacó el acompañamiento psicológico y el bienestar emocional como parte activa del proceso formativo.

Desde la experiencia empresarial, Morales complementa esta mirada y señala que las universidades no pueden limitarse a transmitir contenidos. “Hoy su papel es mucho más formativo que informativo. Lo importante no es cubrir todo lo que existe sobre IA o sostenibilidad, sino que el estudiante salga con bases sólidas para aprender por su cuenta y adaptarse”. Además, enfatizó en la necesidad de acercar la academia a la realidad del trabajo, con proyectos reales, trabajo interdisciplinario y aprendizaje práctico, donde se desarrollan las habilidades que realmente hacen la diferencia.

La integración ética de la inteligencia artificial es otro punto clave del debate. Para Morales, que además es profesor de la Universidad de la Costa, esto implica entender que la IA no es un reemplazo automático de las personas, sino una herramienta que amplifica capacidades. “En el aula, más que prohibirla o idealizarla, lo clave es hacerla visible, explicar cómo funciona, qué sesgos puede tener y exigir siempre comprensión y responsabilidad individual”. En el mundo laboral, añadió, mantener a las personas en el centro de las decisiones es fundamental, especialmente en procesos que afectan directamente a otros.

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Sin embargo, no prepararse a tiempo para esta transformación, advirtieron ambos, tiene riesgos importantes. Para un país significa perder competitividad, generar empleos de baja calidad y depender de decisiones tecnológicas externas. Para las organizaciones se traduce en equipos que no se adaptan, malas decisiones y pérdida de talento. Y, en el plano social, el riesgo es aún mayor: más informalidad, frustración y desigualdad.

Mejor empleabilidad

En este contexto de cambio acelerado, los resultados de empleabilidad se convierten en un indicador clave de pertinencia educativa. Según datos del Observatorio Laboral para la Educación del Ministerio de Educación Nacional, la Universidad de la Costa se ubica como la segunda mejor universidad de Colombia en empleabilidad, un resultado que refleja la conexión entre formación integral, desarrollo de habilidades y demanda real del mercado laboral.

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Según datos del Observatorio Laboral para la Educación del Ministerio de Educación Nacional, la Universidad de la Costa se ubica como la segunda mejor universidad de Colombia en empleabilidad. Foto: Universidad de la Costa - API

Finalmente, en un mundo atravesado por la inteligencia artificial y la sostenibilidad, el verdadero desafío no es únicamente tecnológico ni económico, sino profundamente humano. Como lo expresó el rector Eduardo Crissien Borrero: “En tiempos de inteligencia artificial ser más humanos no es un lujo, es una necesidad estratégica”. El futuro del trabajo exige una adaptación consciente que no deje a nadie atrás y que convierta el progreso en una fuente real de oportunidades, equidad y desarrollo para la sociedad.

*Contenido elaborado con el apoyo de la Universidad de la Costa.


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