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La maldición Kennedy: la dinastía americana marcada por la tragedia

De 1963 a 2025, la hija mayor de JohnF. Kennedy y Jacqueline Bouvier Kennedy sufrió las muertes por asesinato, enfermedad y accidente de sus padres, un tío, su único hermano y una hija.

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18 de marzo de 2026 a las 5:59 p. m.
Caroline Kennedy, de 68 años, con la bebé de su hija Tatiana durante su sepelio en Manhattan, en enero pasado.
Caroline Kennedy, de 68 años, con la bebé de su hija Tatiana durante su sepelio en Manhattan, en enero pasado. Foto: GC Images

Tan fascinados viven los gringos con la realeza que, si bien echaron al rey de Inglaterra de sus dominios en 1776, fundaron una república con un régimen presidencial fuerte, institución de raigambre monárquica, es decir, basada en mucho poder concentrado en una sola persona, de lo que puede dar fe Donald Trump.

El presidente, como los reyes, vive en un palacio, la Casa Blanca. Y, al igual que en los tronos, donde no hay rey sin reina, la esposa del mandatario, conocida como “primera dama”, es parte esencial de la sociedad estadounidense.

Todo esto dio paso a la figura de la familia presidencial, un lejano murmullo de las dinastías reales. De esas veleidades monárquicas más la insaciable ambición de un empresario católico de raíces irlandesas, vienen los Kennedy, a quienes muchos compatriotas les encanta llamar “the America’s royal family” o la familia “real” de Estados Unidos.

John F. Kennedy y su esposa Jackie pierden a dos hijos. Arabella falleció en el parto; y Patrick Kennedy, a los dos días de nacido.
John F. Kennedy y su esposa Jackie pierden a dos hijos. Arabella falleció en el parto; y Patrick Kennedy, a los dos días de nacido. Foto: Getty Images

Este preámbulo es necesario para comprender qué representa en la vida del país norteamericano Caroline Kennedy, única sobreviviente de Camelot, como se conoce el paso de sus padres, el presidente John F. Kennedy y Jacqueline Kennedy, por la Casa Blanca.

La llegada de un miembro del clan al cargo más poderoso del planeta, en 1961, fue, en gran medida, obra de JosephKennedy, abuelo de Caroline, quien de la nada construyó una fortuna que hoy equivaldría a más de 3.000 millones de dólares. Como no pudo cumplir sus aspiraciones políticas, las enfiló en el mayor de sus nueve hijos, Joseph Jr., quien murió en la Segunda Guerra Mundial. Entonces, Joseph utilizó su dinero e influencias para que el segundo de sus varones, John, fuera presidente.

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Si los Kennedy ya eran célebres, su presencia en el palacio presidencial puso al país en éxtasis. John, de 43 años, y Jackie de 31, personificaron con su juventud la llegada de una nueva era. Con su glamur, ella se volvió la mujer más admirada y reconocida del globo, una verdadera “reina”.

El periodo marcó el regreso de los niños a la histórica mansión después de medio siglo: Caroline y John-John, de 3 años y 2 meses, respectivamente. Los asesores de los Kennedy encontraron en ellos la fórmula para proyectar la imagen de familia rozagante, con fotografías bailando y jugando en la Oficina Oval. El público los amó y consintió, al igual que los súbditos de Isabel II lo hacían con sus hijos.

Tragedias de los Kennedy
Joseph Kennedy Jr., hermano mayor de John F. Kennedy, muere en combate durante la Segunda Guerra Mundial. Foto: Getty Images

Pero estos “principitos” a la americana no se vieron liberados de una realidad: a la saga de fortuna y poder de los Kennedy la atraviesa una cadena de muertes, asesinatos, accidentes y otras calamidades, que acuñaron el mito de que el apellido está maldito.

Cuando Caroline tenía 5 años, en 1963, su padre fue ultimado a tiros en Dallas, Texas. La misma suerte corrió su tío, el candidato presidencial Robert Kennedy, en 1968. Su madre bajó a la tumba en 1994, víctima del linfoma no Hodgkin. Cinco años más tarde, su hermano murió pilotando el avión en que viajaba con su esposa, Carolyn Bessette, y su cuñada, Lauren. Esto sin contar las múltiples desgracias de las otras ramas del clan.

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Ahora Caroline se ve de nuevo devastada por el infortunio: la pérdida de Tatiana Schlossberg, su segunda hija con el diseñador Edwin Schlossberg. De solo 35 años, la periodista supo que sufría de leucemia unas horas después del parto de su segunda bebé. Quimioterapia, trasplantes de células madre y la participación en un experimento médico no atajaron su muerte el pasado 30 de diciembre.

En medio de la enfermedad, Tatiana, quien fue redactora de The New York Times, publicó en The New Yorker un ensayo considerado como su legado, pues allí expuso cómo afrontó tal reverso de fortuna, luego de que se consideraba una de las personas más saludables que había conocido.

La maldición Kennedy
Tatiana con su esposo, George Moran, y sus dos hijos, cuando luchaba contra la leucemia que la mató. Foto: @JFKLIBRARYFDN

En un pasaje desgarrador, manifestó que siempre se esforzó por ser buena en todo para proteger a su madre. “Ahora, le he agregado una nueva tragedia a su vida, a la vida de nuestra familia, y no hay nada que pueda hacer para detenerlo”, escribió, en una alusión a la suerte adversa de su estirpe.

Las imágenes de Caroline en el sepelio de Tatiana pintaron de cuerpo entero su devastación. Quienes la conocen cuentan que nunca se creyó el cuento de la “princesa americana”, ni se ha considerado famosa. Así, mantuvo a Tatiana, junto con Rose y al hoy candidato al Congreso Jack, sus otros dos hijos, lejos de la mirada pública. Si ellos se destacan es por voluntad propia y no porque ella les inculcara que debían hacerlo por ser Kennedy, como lo hacía el abuelo Joseph. En esos antecedentes ve una causa a tantos problemas de salud mental que terminaron en muerte en su familia.

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La exembajadora de Estados Unidos en Japón y Australia aprendió de su madre la obsesión por la seguridad y la privacidad y les ofreció a sus retoños un entorno cálido, donde eran muy cercanos al personal de servicio. Así mismo, retardó sus aspiraciones políticas, una vocación dominante en su apellido, hasta que estuvieron bien crecidos. Perder a Tatiana es para ella la derrota ante una enfermedad que la dejó impotente, tras tantos esfuerzos por mantenerla a salvo, opinan sus allegados.

Si bien es conocida por su extraordinaria discreción, también lo es por la resiliencia con que ha afrontado las penas que Estados Unidos ha llorado a su lado. Posiblemente heredó el destino funesto de los Kennedy, pero también la valentía que tanto estimó su padre, que vivió con dolor físico casi todos los días de su vida sin quejarse. Él tenía tan presente esta virtud, que un libro que escribió sobre el tema, Perfiles de coraje, le mereció un Pulitzer e inspiró el premio llamado como la obra.

John F. Kennedy
El presidente Kennedy es asesinado durante un recorrido en carro por Dallas, Texas. Foto: Bettmann Archive

El mandatario escribió: “En cualquier ámbito de la vida en que se enfrente al desafío de la valentía, cualesquiera que sean los sacrificios que encare si sigue su conciencia (…), cada hombre debe decidir por sí mismo el rumbo que seguirá. Las historias de valentía (…) pueden enseñar, ofrecer esperanza, inspirar. Pero no pueden proporcionar la valentía misma. Para ello, cada hombre debe examinar su propia alma”. Una reflexión que Caroline seguramente ha hecho suya desde muy joven y ahora la reconfortará en su prueba más dura.