ambiente

2022: el año clave para el saneamiento del río Bogotá

El fallo que ordenó a la Nación y al Distrito descontaminarlo generó inversiones por más de 3,9 billones de pesos y la construcción de una serie de obras que comenzarán a entregarse este año.


Un domingo de abril de 1991, Vidal León González se preparaba para ordeñar sus vacas cuando escuchó que alguien tocaba a la puerta. Era su padrino Juan Domingo, quien esa mañana le hizo una pregunta que marcó el rumbo de los últimos 30 años de su vida. “¿Le gustaría ser guardabosques?” Gonzáles no sabía lo que eso significaba pero cuando lo entendió no dudó en aceptar cuidar 8.750 hectáreas del Páramo de Guacheneque.

Esta reserva natural se encuentra en el municipio de Villapinzón, a 3.300 metros sobre el nivel del mar, es la cuna del nacimiento del río Bogotá y provee el 30 por ciento del agua que consume la ciudad. En ella se resguardan espectáculos naturales como el pozo de la nutria y fauna y flora típica del bosque alto andino.

González ha vivido allí desde 1951, en la vereda Chasquez, donde aprendió de la mano de su abuelo y su padre a identificar la flora del páramo. “Mi abuelo vivió 115 años y era una persona que protegía mucho el ambiente, además se conocía todas las especies de memoria”, comenta González, quien también aprendió a identificarlas.

Durante todo este tiempo ha protegido la reserva de incendios, talas, contaminación y de quienes llegaban en busca de esmeraldas, oro y carbón. Su dedicada labor garantizó el cuidado de la reserva, pero también de 11 kilómetros del río Bogotá de agua pura y potable. “De ahí para abajo lo contaminan los cultivos, la ganadería, las aguas negras del municipio y las de los cueros”, advierte.

González ha sido un testigo directo de los cambios que ha sufrido este cuerpo de agua con el paso de los años. “Aquí nace el río en el pie del alto de la calavera, una laguna que era grande y cristalina, sin embargo, se ha reducido bastante”, y puntualiza que alcanzó a conocer el río cuando aún era caudaloso.

Vidal González cumplió 30 años como guardabosques. Aunque aún camina el páramo, desde hace cuatro meses disfruta de su pensión al lado de sus hijos y nietos.
Vidal González cumplió 30 años como guardabosques. Aunque aún camina el páramo, desde hace cuatro meses disfruta de su pensión al lado de sus hijos y nietos. - Foto: Cortesía Vidal González

Educar para preservar

Los conocimientos de González también han servido para que académicos y fundaciones identifiquen y recolecten muestras de las 273 especies de flora que se encuentran en este lugar. Muchas de ellas han sido para el herbario de la Universidad Nacional.

Jorge Escobar, director de la Fundación Humedales de Bogotá, reconoce la labor de González con quien organiza caminatas por el páramo. “Estos escenarios naturales se terminan convirtiendo en aulas y laboratorios vivos donde podemos aprender de una manera mucho más experiencial”, señala.

Para Escobar conocer el páramo es descubrir otra cara del río Bogotá, pues quienes habitan la ciudad han crecido con una percepción negativa hacia este cuerpo de agua. “Si hoy salimos a hacer una encuesta en Bogotá y preguntamos dónde nace el río, la mayoría no sabe, entonces debemos atacar esa problemática de desconocimiento para promover la educación ambiental”, comenta.

Invertir en el río

Cristina Arango, gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, cree que los ciudadanos pueden contribuir con la descontaminación del río Bogotá con un cambio de hábitos. “Debemos dejar de botar basura a la calle, el aceite por el lavaplatos, condones o pañitos por el sanitario porque eso afecta la estructura de alcantarillado y termina afectando los cuerpos hídricos de la ciudad que desembocan en el río Bogotá”, recalca.

En el 2004 el río Bogotá se convirtió en un asunto de interés nacional gracias a un fallo del Tribunal Administrativo de Cundinamarca, que ordenaba a la Nación y al Distrito descontaminar este afluente. Arango comenta que en los últimos 20 años se han adelantado varias obras que buscan alcanzar este objetivo.

“La más importante es la estructura de interceptores que transportan el agua hacia cada una de las Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR), Salitre y la futura Canoas”, señala y destaca que desde el Distrito hay un total compromiso de sanear el río Bogotá, como está consignado en el Plan de Desarrollo, por eso se han invertido en los últimos años cerca de 3,9 billones de pesos.

Por último, resalta la importancia de tres hitos que pueden mejorar de manera significativa las condiciones del río. El primero es la entrada en funcionamiento de la PTAR El Salitre en su segunda fase, un proyecto que actualmente se está desarrollando. El segundo es la entrada en operación de la estación elevadora de Canoas, a finales del 2022. El tercero será la finalización de la PTAR Canoas en el 2027, la cual permitirá tratar el 70 por ciento de las aguas de Bogotá y el ciento por ciento de las aguas urbanas de Soacha. “Esta es la década del río Bogotá”, concluye con ánimo.

Lea también: Aceite sin reciclar: un silencioso contaminante del planeta

Lea también: “Falta emprender más en sectores potenciales como el turismo y el desarrollo de tecnología”: Ricardo Leyva