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Diez personas conforman la asociación Asprodecavi y combinan sus labores diarias con las responsabilidades del cuidado de las tortugas.
Diez personas conforman la asociación Asprodecavi y combinan sus labores diarias con las responsabilidades del cuidado de las tortugas. - Foto: Cortesía Asprodecavi

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Los Viga, la familia de pescadores que protege a las tortugas del río Sinú

Durante los últimos 15 años han liberado más de 25 mil neonatos de esta especie endémica que se encuentra entre las tortugas más amenazadas del planeta. Conformaron una asociación y su ejemplo contribuyó a frenar la caza y fomentar su conservación en la región.

En la vereda Caño Viejo, en Lorica, Córdoba, Armando Viga y su familia se dedican a la conservación de una de las 25 especies de tortuga que se encuentra en peligro de extinción. Se trata de la Podocnemis lewyana, conocida como la tortuga del río Magdalena. Hasta el 2006 los Viga la cazaban para su consumo y comercialización, pero la llegada de Natalia Gallego, una estudiante de biología de la Universidad Nacional, cambió su relación con este animal que ahora protegen.

Armando Viga hijo describe a su padre como un pescador que aprendió a dominar el río Sinú. “Mi papá toda su vida se dedicó a la pesca, pero también cazaba tortugas”, relata con sinceridad. En el 2006, junto a Gallego recolectaron 320 huevos de tortuga, de los cuales nacieron 273 neonatos. Una experiencia que les cambió la vida.

“Cuando Gallego se fue le dije a mi papá que continuáramos con el trabajo”. Y así fue. La familia Viga conformó la Asociación para el Desarrollo Comunitario y Ambiental de Caño Viejo (Asprodecavi). Con su conocimiento del río y las bases que habían aprendido lograron en el 2007 ser testigos del nacimiento de otros 650 neonatos.

Esta es una tortuga endémica de Colombia y aparece como críticamente amenazada en el libro rojo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza”, señala Viga, quien se dio cuenta de esta realidad hasta el 2009. “Así que afianzamos más el trabajo porque entendimos que estábamos haciendo algo importante”.

La tortuga del río Magdalena fue incluida en el Programa Nacional para la Conservación de las Tortugas Marinas y Continentales de Colombia, pero no hay ninguna zona protegida en su área de distribución.
La tortuga del río Magdalena fue incluida en el Programa Nacional para la Conservación de las Tortugas Marinas y Continentales de Colombia, pero no hay ninguna zona protegida en su área de distribución. - Foto: Cortesía Asprodecavi

Con el paso de los años, la asociación ha logrado llegar a siete playas de la cuenca baja del Sinú, que forman parte del radio de acción del proyecto. Además fabrican playas artificiales a las cuales llegan las tortugas cuando la hidroeléctrica abre las compuertas. “Son construidas en zonas donde existieron playas naturales, pues las tortugas siempre regresan”, comenta Viga.

En marzo del 2012 los visitó el presidente de Conservación Internacional en compañía de un empresario que donó diez mil dólares. “Mejoramos la incubadora, compramos material y elementos con los cuales crecimos”. Al siguiente año lograron el apoyo de la Hidroeléctrica Urrá, con la cual han mejorado aspectos logísticos.

La familia Viga logró salvar 25 mil huevos de tortuga a lo largo de 15 años, de los cuales han nacido 21 mil neonatos de tortuga. “Nosotros tenemos una efectividad del 95 por ciento de nacimientos en huevos fértiles”, destaca Viga y precisa que cada tortuga pone cerca de 18.5 huevos.

Asprodecavi ha conseguido pasar de 80 días de incubación a 55, muy cerca del tiempo que este proceso tarda en las playas naturales (50 días). “El 90 por ciento del trabajo ha sido prueba y error, con mucha disciplina”, afirma Viga, quien destaca el cambio de conciencia que se ha generado en la comunidad. “Mucha gente que era cazadora, hoy no lo hace, de hecho, en Semana Santa dos pescadores nos entregaron un par de tortugas para su liberación”.

En este momento están en todas las fases de incubación. “Hay huevos naciendo, neonatos nacidos y algunos en la pileta”, relata Viga y detalla que antes de ingresar a la pileta se pesan, miden, marcan y se les asigna un color con esmalte que significa su playa de origen. “En el momento que son liberadas, la llevamos a la playa a la que pertenecen”, concluye sin ocultar el orgullo que siente por el trabajo realizado durante todos estos años.

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