El cohete New Shepard transportó al espacio a los pasajeros Oliver Daemen, Jeff Bezos, Wally Funk y Mark Bezos.
El cohete New Shepard transportó al espacio a los pasajeros Oliver Daemen, Jeff Bezos, Wally Funk y Mark Bezos. - Foto: JOE RAEDLE / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / Getty Images via AFP

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¿Qué hay detrás de los viajes espaciales financiados por multimillonarios?

El científico colombiano Juan Diego Soler, quien trabajó en la Nasa y la Agencia Espacial Europea, advierte que el acceso al espacio hace parte de un negocio que crecerá en las siguientes décadas y no se limitará solo a viajes turísticos.

Al finalizar el colegio, Juan Diego Soler pensó en estudiar humanidades o economía, pero la física terminó convenciéndolo más. En esta ciencia encontró un mundo de herramientas para entender lo que pasaba a su alrededor. “Al fin y al cabo las reglas económicas son física aplicada”, señala este astrofísico colombiano experto en campos magnéticos y medio interestelar.

Una de sus influencias para tomar la decisión fue Germán Puerta, divulgador y comunicador de ciencias, quien fue director del Planetario de Bogotá. “Mi mamá me dijo que si quería estudiar física debía consultar a la gente que estaba haciendo eso; así que me puso a estudiar con German. Él me enseñó lo poquito que yo sé de astronomía observacional, eso que utiliza uno para conquistar”, señala Soler.

Tras graduarse como físico de la Universidad de los Andes, cursó un magíster en Física de Altas Energías y se convirtió en doctor en Astrofísica y Astronomía en la Universidad de Toronto, en Canadá. A lo largo de su carrera ha trabajado con la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio - NASA, la Agencia Espacial Europea en París, el Max-Planck-Institut für Astronomie en Alemania y actualmente con el Instituto Nacional de Astrofísica de Italia.

Allí hace parte del proyecto de investigación europeo Ecogal, un consorcio de institutos de investigación en Alemania, Francia e Italia, que se unieron para entender el ciclo de la materia en la vía láctea. “Las estrellas salieron de nubes enormes de gas que colapsaron gravitacionalmente. Uno de los grandes misterios de la astrofísica es entender cómo se convierte ese gas en nuevas estrellas y a dónde se va el gas de las que mueren”, explica.

En diálogo con SEMANA, desde Roma, explica todo lo que hay detrás de los vuelos turísticos promovidos por multimillonarios, hace un llamado de atención al desarrollo espacial en Colombia y anuncia cuál será la próxima gran noticia del espacio.

SEMANA: ¿Qué hay detrás de los viajes al espacio, como los realizados por los multimillonarios Jeff Bezos y Richard Branson en las últimas semanas?

JUAN DIEGO SOLER: El viaje espacial es como la cereza del pastel de la sociedad industrial. Para lograr uno, hay que tener toda una infraestructura de empresas, que realizan un montón de partes que se pueden utilizar en estos experimentos. Detrás de cada nave hay un complejo industrial enorme, como cuando uno ve una película de superhéroes. Detrás, hay estudios, cinematógrafos, edición, efectos, sonidos; lo mismo sucede en un vuelo espacial.

El trabajo de Juan Diego Soler se especializa en la formación de estrellas y el desarrollo de métodos para entender, a través de las observaciones, cuál es el efecto de los campos magnéticos en este proceso.
El trabajo de Juan Diego Soler se especializa en la formación de estrellas y el desarrollo de métodos para entender, a través de las observaciones, cuál es el efecto de los campos magnéticos en este proceso. - Foto: Cortesía Juan Diego Soler

SEMANA: Antes se hablaba de estos vuelos con una mirada científica, pero ahora el foco se ha centrado en que hacen parte de un nuevo modelo de negocio turístico. ¿Esto supone un dilema ético?

J.D.S: El acceso al espacio hace parte de una serie de negocios que van a ir creciendo en las siguientes décadas. Por ejemplo, SpaceX ha manejado tres miles de millones de dólares en contratos con la NASA. Además, el espacio y la industria de defensa son dos cabezas de un mismo animal; decir que lo que los recientes viajes son solo turísticos, es solo ver la punta del iceberg.

SEMANA: Se ha hablado mucho de los efectos medioambientales de estos vuelos, ¿qué supone esto para el planeta?

J.D.S: Algunos cuantos lanzamientos son apenas una pequeña porción de la producción de gases de efecto invernaderos. Lo que se me hace crítico, es que podamos pensar que, si algún día el planeta tierra se convierte en un lugar invivible, hay otro lugar a donde ir. Eso no es cierto, ni tenemos la tecnología para llegar. En estos momentos el único lugar del universo donde pueden prosperar los humanos es el planeta Tierra y no hemos ido a un lugar más lejos que la luna desde 1972.

SEMANA: ¿Estos vuelos al espacio podrán ser más accesibles en el futuro, económicamente hablando?

J.D.S: Es muy difícil. Incluso ahora estas aventuras espaciales se están haciendo a pérdida. Los 10 minutos de Jeff Bezos en el espacio le costaron en desarrollos 5.5 miles de millones de dólares. Lo que realmente es sostenible son las colaboraciones con las agencias espaciales, por ejemplo, llevar gente a la Estación Espacial Internacional donde el objetivo científico es probar la habilidad de los humanos a sobrevivir en el ambiente espacial, así como hacer experimentos de química, física, biología. A menos que encuentren alguna riqueza espacial, como minar la Luna o un asteroide, estos viajes van a ser siempre a pérdida.

SEMANA: ¿Hasta dónde llegan estos vuelos?

J.D.S: Estos vuelos se llaman suborbitales. Van hasta un límite artificial donde comienza el espacio exterior, definido por la línea de Kármán. Explico: llega un momento en el que la atmósfera de la Tierra se vuelve tan tenue que los gases no se mezclan. Por ejemplo, el aire que respiramos es una mezcla de oxígeno y nitrógeno que se mezclan todo el tiempo por la densidad. Cuando se llega a esta línea los gases se separan, entonces los más pesados se encuentran en la parte más baja de la atmósfera y los livianos arriba: ahí es el límite del espacio.

SEMANA: ¿Qué se ve desde allí?

J.D.S: Cuando se está a 100 kilómetros de altura, la atmósfera es tan tenue que cambia la dirección de la luz y el cielo ya no se ve azul, sino oscuro. No hay nubes, se ven las estrellas y hay ingravidez. Estos vuelos no le dan la vuelta a la Tierra, simplemente llegan a un punto donde pueden flotar los pasajeros y emprenden su vuelo de retorno, pero no superan la línea de Kármán.

SEMANA: En cuanto a Colombia, ¿conoce algún avance que se esté realizando y permita ampliar el conocimiento que tenemos del espacio?

J.D.S: En el caso de Colombia, el país tiene una órbita geoestacionaria que está consagrada en la Constitución nacional. Esa órbita no se respeta, porque no hay cómo hacerlo. El órgano encargado de eso sería la vicepresidencia que maneja todos los asuntos espaciales, pero aquí no existe un programa espacial y ni hablar de misiones tripuladas, porque es demasiado costoso. Lo que hace el país es comprar las imágenes satelitales que necesita a otras agencias espaciales. En países como Perú o Argelia compran satélites y entrenan a sus técnicos para que los puedan operar. Así que en Colombia estamos en mora con respecto al desarrollo de un programa espacial que pueda lanzar un satélite nacional.

SEMANA: ¿Cuál será la próxima gran noticia que nos dé el espacio?

J.D.S: En cuanto a turismo espacial, se espera para septiembre el siguiente lanzamiento de la nave SpaceX, que viajará con cuatro personas, que, depende como se quiera ver, tendrá como plus publicitario o altruista. El costo de los pasajes será donado a un hospital, y entre las tripulantes figura una trabajadora de esa institución que sobrevivió a un cáncer en su infancia. Se estima que este vuelo llegará a más de 400 km de altura y estará durante tres días en la órbita de la Tierra.

Sin embargo, la gran noticia de exploración espacial que tiene al mundo de la ciencia expectante es el lanzamiento del James Webb Space (JWST, por sus siglas en inglés), el más ambicioso de todos los telescopios espaciales que se conoce hasta ahora; investigación pura y dura que aportará grandes datos a la ciencia, a través de la observación de científicos de todo el mundo, entre quienes figuran las colombianas Sofía Rojas y María Claudia Ramírez.

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