opinión

¡Ya es hora de apalancar la ciencia, la tecnología y la innovación en el país!

El presidente Iván Duque debería abrir una puerta para generar mayores alivios tributarios a quienes inviertan en la promoción del desarrollo, en función de la competitividad del territorio y de mejorar las condiciones de vida.


Por: Juan David Palacio Cardona*

La sociedad está en constante evolución, con la necesidad de resolver problemáticas con la misma rapidez que requieren los estudiantes, cuando están en pleno examen de aritmética, para dar la mejor respuesta posible con un tiempo limitado. Justamente, Colombia, al igual que el resto del planeta, por estos días se ve inmersa en una convulsión que podríamos convertir en una oportunidad para construir un mundo más incluyente, donde el eje de la riqueza no sea material, sino el conocimiento, en función de mejorar las condiciones de vida de todos.

En ese sentido, la ciencia, la tecnología y la innovación deben ser el motor de nuestras comunidades y la manera para transformar nuestros espacios institucionales, con la participación activa de la academia, la empresa, el Estado y –principalmente- la ciudadanía. Este es el camino para dar un gran paso, buscando soluciones a las necesidades actuales y futuras.

Una de las principales debilidades que tiene hoy nuestro país es la ausencia de planificación y lo estático que puede ser nuestro ordenamiento jurídico. El mundo está sobrepasado por la velocidad de la tecnología y la regulación no la alcanza, más aún cuando nos enfrentamos a un entorno VUCA, es decir, volátil, incierto, complejo y ambiguo.

Uno de los sectores afectados por esta dinámica es el empresariado: pese a su capacidad, constantemente ha enfrentado las inseguridades jurídicas, cargas tributarias y limitaciones de competitividad de cara a las grandes multinacionales. También, por no tener un sello que permita diferenciarlos de manera positiva, a nivel mundial, con sus productos y conocimientos.

No obstante las dificultades, en Colombia tenemos la oportunidad de buscar ser pioneros en el desarrollo de tecnologías verdes: los países más ricos, al igual que las grandes empresas extranjeras, las demandan cada día, al entender y reconocer que la producción y comercialización de bienes y servicios están marcados por los legítimos cuestionamientos de los consumidores, en relación con la responsabilidad ambiental de los productores.

Adicionalmente, se debe destacar que esta vía puede ser el camino para, por ejemplo, eliminar el hambre: con ciencia, tecnología e innovación se lograría aumentar el rendimiento de los cultivos por hectárea. Se le suman las bondades de trabajar para reducir la generación de gases de efecto invernadero y atender simultáneamente los retos que nos presentan el cambio y la variabilidad climática.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha sido un promotor de la (ciencia, tecnología e innovación) para el desarrollo económico y el progreso social. Y este es un elemento que no puede ser ajeno a la propuesta de la nueva reforma tributaria presentada por el presidente Iván Duque, quien debería abrir la puerta para generar mayores alivios tributarios a quienes inviertan en la promoción del desarrollo, en función de mejorar la competitividad del territorio y las condiciones de vida de los colombianos.

No lograr un equilibrio en la reforma motivará una migración de conocimiento y de industrias hacia otros países que tengan menos carga tributaria, incrementando así los niveles de pobreza ya existentes: cifras del Dane han advertido que en Colombia hay 17,5 millones de personas en condición de pobreza. Muchas de las problemáticas de nuestro país, desde el punto de la competitividad, se podrían resolver solo con tener una mirada holística y no bajo el sesgo de algunos intereses particulares.

El acompañamiento del Estado hacia los privados es necesario, sin embargo, estos también deben tener la responsabilidad de aportar al cambio, con la colocación de recursos económicos suficientes y espacios que promuevan el conocimiento y la participación de la academia y la ciudadanía como actores claves para la solución de problemáticas que se presentan en los diversos ecosistemas. Todo, mediante la construcción de una inteligencia abierta y colaborativa, con innovación.

Actualmente, en Colombia solo tenemos, en promedio, 16 doctores por cada millón de habitantes, lo que evidencia el gran rezago que presentamos frente a otros países del mundo. Según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE 2017), Estados Unidos es el país con mayor número de graduados de doctorados con 67.449 personas -200 doctores por cada millón de habitantes-, seguido de Alemania (28.147), Reino Unido (25.020), India (24.300) y Japón (16.039).

Las soluciones de los problemas deben ser resueltas en casa, a través de acciones como estimular el uso de las capacidades instaladas, es decir, trabajar con los laboratorios de las universidades de nuestro país y de los centros de investigación que tienen grandes industrias y seguir construyendo centros más avanzados; reconocer más los profesionales locales, gestionar el conocimiento y así evitar la fuga de cerebros hacia otros países; que los públicos y los privados subsidien becas para la formación de doctores PhD; promover regulaciones normativas más rápidas, que vayan de acuerdo con las velocidades que demandan el mundo y la tecnología; además de fortalecer el reconocimiento por los derechos de autor y lograr un equilibrio donde el Estado apalanque la promoción de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación en pro de los intereses generales de los colombianos y que se pueden convertir en oportunidades para los particulares.

*Director del Área Metropolitana del Valle de Aburrá.

@JDPalacioC

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