Alianza con Mompreneurs

Sin casa, sin ahorros, con deudas y dos hijos: la travesía de reinventarse desde cero

Una historia de superación fue la base para crear el Centro de Idiomas Universal. Su fundadora y CEO, Gladys Méndez, cuenta su historia en esta alianza del Círculo de Mujeres con Mompreneurs.

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Gladys Méndez López
26 de diciembre de 2025, 2:19 p. m.
Gladys Méndez, fundadora y CEO de Centro de Idiomas Universal
Gladys Méndez, fundadora y CEO de Centro de Idiomas Universal Foto: A.P.I.

Desde mis primeros recuerdos, supe que la vida no regala nada. Nací en el campo, con la tierra pegada a las uñas, y con 13 años ya cargaba el aseo en mi familia y mis 4 hermanos, desde los 18 empecé a a trabajar en Bogotá para ganarme un lugar en un mundo que me resultaba ajeno.

A los 24 años, mi empeño dio frutos: abrí mi primer negocio. Creí que era invencible hasta que, cinco años después, la crisis se llevó todo por delante. Esa noche, la lluvia golpeaba mi techo de lámina como si señalara cada derrota. En un apartaestudio de treinta metros cuadrados —sin más mobiliario que unas sillas prestadas— me acurruqué con mis dos hijos: ella, de catorce; él, de cuatro. El silencio, roto sólo por el repiqueteo del agua, amplificaba la sensación de vacío. Días antes, había vendido la casa de dos pisos, regalado los muebles y destinado cada peso a cubrir nóminas y arriendos. El futuro se había convertido en una incógnita aterradora.

Cuando el primer rayo de sol asomó por el corredor, me puse mis tacones incómodos, pero necesarios, y arrancó mi nueva rutina: vender cursos de inglés puerta a puerta. Cargaba la fe obstinada de una madre que no se rinde. Durante una década, subí escaleras sin ascensor, esquivé portazos y recibí cientos de “no”. Apenas unos pocos “sí”. Cada negativa fue una lección: aprendí a sonreír bajo la lluvia, a mirar a los ojos y a ofrecer valor sin rebajar mi dignidad. Entendí que la dignidad es equivalente a esa plancha matutina que alisa la blusa de mis hijos antes de dejarlos en el colegio.

“El aprendizaje debe ser divertido”: Gladys Méndez y su modelo educativo que busca romper barreras

Hoy me detengo, respiro hondo y doy gracias a Dios por cada tropiezo: fueron mis mejores maestras. Soy madre de dos, autora de La Agenda del Vendedor, mentora de mujeres que se atreven a empezar de cero y, ante todo, fundadora y CEO de una escuela de idiomas forjada con el sudor, las lágrimas y las ampollas de una madre luchadora.

¿Quién habría imaginado que yo, Gladys Méndez López, nacida en un pueblito de Boyacá, hija de dos campesinos colombianos, levantaría con mis propias manos el Centro de Idiomas Universal donde cientos de estudiantes han aprendido inglés, francés, portugués y alemán? Lo hice con los pies ampollados por el trabajo, mirada fija en el horizonte y con la fe inconmensurable de una madre que se negó a rendirse. La crisis, más que un muro, fue la catapulta que me lanzó más allá de mis propios miedos y me enseñó que solo en el vuelo descubrimos de qué estamos hechos.

No soy perfecta. Aún hoy el miedo me visita, pero ya no me paraliza: lo convierto en combustible. Porque cuando una madre descubre que puede emprender sin soltar la mano de sus hijos, expande el mundo entero para su familia. Te lo digo sin pelos en la lengua: emprender no es elegir entre tu familia o tu bolsillo, sino crear una vida en la que ambos crezcan al mismo tiempo.

Si estás leyendo esto, toma nota: no importa dónde te encuentres ahora. Si decides levantarte, ese será el primer día de tu nueva historia. La resiliencia no es un diploma que te dan cuando cumples tus 80 años: son realidades de luchas constantes, de remontar batallas y, sí, de comer mierda, literalmente. Empieza cuando levantas la mirada con la frente en alto. Recuerda: la acción siempre llega antes que la certeza. Si hoy sacudes el polvo de desaliento en tu propio “apartamento de treinta metros”, hazte la misma promesa: esto no es tu destino final, es tu punto de partida. Toma tu miedo, conviértelo en combustible y da el primer salto. Aunque la voz tiemble y el aire falte, cada metro que avances te acercará a la versión de ti que inspirará a otros. Yo creo en ti. Brilla y sonríe recordando aquellas noches de lluvia. Comprende que las promesas respaldadas por acción tienen la fuerza de reescribir historias enteras. Porque solo quien ha sentido el vértigo de caer, aprecia de verdad la altura.


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