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Aumenta preocupación por crisis de derechos humanos en famosa cárcel de Nueva York

La cárcel se ha convertido en el epicentro de suicidios, muertes por sobredosis y un descuido general por parte de las autoridades carcelarias de Estados Unidos.


Lezandre Khadu ha vivido en primera persona el dolor de perder a un ser querido en la cárcel. Su hijo Stephan es uno de los 20 presos fallecidos en los últimos 18 meses en la cárcel Rikers de Nueva York, cuyo cierre reclaman desde hace tiempo legisladores, defensores de derechos humanos y antiguos presos.

“Murió por un sistema inhumano”, dice llorando esta mujer de 39 años durante una entrevista con la AFP en su apartamento de Brooklyn, mientras asegura que seguirá luchando para que se cierre este vetusto centro penitenciario.

“No sabría hacer otra cosa. No solo hablo en nombre de mi hijo. Hablo en nombre de todos los hijos”, sostiene.

Conocida por sus condiciones insalubres y la violencia, Rikers también lo ha sido recientemente por los suicidios, las muertes por sobredosis y la deficiente atención médica.

Un tribunal local acusó el mes pasado al Departamento de Prisiones (DOC) de negar atención médica a los presos y un juez federal había instado a las autoridades a que presenten un plan para resolver la crisis en este inmenso complejo.

Para Khadu ya es tarde. Su hijo, dice, era un joven con buena salud cuando entró en Rikers, situada en el East River (Río Este), entre los barrios del Bronx y Queens, en diciembre de 2019.

Había sido acusado de conspirar para perpetrar un homicidio. Como la mayoría de los presos de este recito penitenciario, estaba en prisión preventiva.

Stephan había sido trasladado a un centro vecino, conocido como ‘The Boat’ (El barco).

Su hijo, asegura, empezó a tener problemas de salud en julio de 2021 y culpa de ello al gas pimienta que los guardias utilizan contra los internos para mantener el orden.

Tras pasar unos días en el hospital, Stephan regresó a su celda, pero el 22 de septiembre, un preso lo encontró sangrando por la boca. Fue hospitalizado y falleció el mismo día.

“Tragedia”

Según las autoridades médicas, Stephan había contraído meningitis, una afección que tiene tratamiento.

Khadu asegura que los guardias de prisiones tardaron al menos dos horas en atenderle. “Nadie hizo nada. Mi hijo estaría todavía aquí si se hubieran preocupado. No fue a la cárcel para morir”, dice con rabia.

La muerte de Stephan “está siendo investigada”, según un portavoz del Departamento de Prisiones.

Dieciséis personas murieron en las cárceles neoyorquinas, o poco después de ser liberados, el pasado año; el mayor número desde 2013. Casi todas en Rikers. En lo que va de 2022, han muerto seis, según el DOC.

“Cada muerto en detención es una tragedia”, dice a la AFP Louis Molina, comisionado de prisiones desde enero.

“Estamos trabajando activamente para mejorar las condiciones en Rikers (...) y garantizar la seguridad y el bienestar de todos los que trabajan y viven en nuestras dependencias”, agrega en un correo.

Tanto los legisladores como antiguos presos dicen que las condiciones en Rikers empeoraron drásticamente durante la pandemia de covid-19, principalmente, debido a la falta de personal.

¿Cierre?

Brian Carmichael pasó dos meses en la cárcel el año pasado por un asunto de drogas.

“Dentro es horroroso y te rompe el corazón”, dice a la AFP este hombre de 58 años que menciona la violencia entre bandas, las decrépitas instalaciones o la suciedad de baños obstruidos.

Rikers abrió en 1932. Por sus instalaciones pasaron entre otros el asesino de John Lennon, Mark David Chapman, el productor de cine acusado de abusos sexuales Harvey Weinstein, el rapero Tupac Shakur, Sid Vicious de Sex Pistol o el exdirector del FMI Dominique Strauss-Kahn.

El número de presos cayó de los 20.000 de 1990 a casi 6.000 en la actualidad, la mayoría negros y latinos. Muchos, con problemas mentales.

Abogados y criminólogos llevan exigiendo desde hace años el cierre de este complejo vetusto y aislado.

El anterior alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, anunció su cierre para 2026 y un presupuesto de 8.700 millones para reemplazarlo por instalaciones modernas y más pequeñas.

Su sucesor, Eric Adams, respaldó el plan durante su campaña electoral, pero desde que fue elegido no ha vuelto a hablar del tema.

Con información de la AFP.