El presidente Donald Trump habría exigido al Gobierno venezolano cortar sus vínculos con China y Rusia como condición para permitir nuevamente la explotación y venta de su petróleo, una jugada que reaviva el pulso geopolítico en la región y coloca a Caracas ante una decisión estratégica de alto costo internacional.

Trump exige a Venezuela cortar lazos con China y Rusia en medio de la reapertura petrolera
La Administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha planteado exigencias explícitas al gobierno interino de Venezuela para que termine sus relaciones estratégicas con China, Rusia, Irán y Cuba, como condición para reiniciar la extracción y comercialización de su petróleo, de acuerdo con funcionarios citados por la cadena estadounidense ABC News y reportes de medios internacionales.
Según estas fuentes, la Casa Blanca comunicó a la presidenta interina Delcy Rodríguez que Caracas debe “expulsar” a esos países y desvincularse de sus acuerdos económicos y de seguridad.
El objetivo declarado por Estados Unidos es que Venezuela se asocie exclusivamente con empresas y compradores estadounidenses en el sector petrolero, especialmente para el crudo pesado con el que el país sudamericano abastece gran parte de sus exportaciones.
En una sesión informativa privada, el secretario de Estado Marco Rubio habría dicho a legisladores que Washington cree poder forzar ese giro porque los tanques petroleros venezolanos ya están llenos y Caracas solo tendría semanas antes de enfrentar insolvencia financiera si no logra vender sus reservas.
El senador Roger Wicker también afirmó que el plan estadounidense se enfoca fundamentalmente en el control de la industria petrolera venezolana, y que no contempla, por ahora, el despliegue de tropas en el país sudamericano, como se informa en CNN Chile.
Hasta ahora, el Gobierno venezolano no ha emitido una declaración oficial sobre las exigencias.
Sin embargo, en una sesión extraordinaria de la Organización de Estados Americanos (OEA), varios países de la región como Colombia, Chile, México y Brasil manifestaron preocupación por la medida, advirtiendo que una injerencia de este tipo puede comprometer la soberanía regional.

Reacciones internacionales y el impacto geopolítico
La exigencia de Washington no solo ha sido un asunto bilateral; ha generado reacciones diplomáticas de alto nivel.
El Gobierno chino, a través de su portavoz oficial, criticó la presión como “intimidación” y una violación del derecho internacional, argumentando que los vínculos entre Beijing y Caracas se han basado en el respeto mutuo, la igualdad y beneficios recíprocos.
Pekín advirtió que la medida menoscaba seriamente los derechos del pueblo venezolano y socava la cooperación soberana entre estados, como se registra en El Financiero.
Más allá de la condena diplomática, analistas internacionales señalan que la presión estadounidense forma parte de una estrategia más amplia para reconfigurar la influencia global en América Latina, especialmente en un contexto en el que China y Rusia habían consolidado su presencia económica y militar en la región.
Expertos consultados por medios como la Australian Broadcasting Corporation han apuntado que la operación de Estados Unidos en Venezuela, incluido el arresto del expresidente Nicolás Maduro y la presión por cambiar alianzas, puede ser interpretada por potencias como China y Rusia como un antecedente para ejercer su propio poder en sus cercanías geográficas.
El escenario geopolítico alrededor de Venezuela está, por tanto, en un punto de inflexión, pues mientras Estados Unidos busca consolidar su posición como el principal socio energético y político de Caracas, las viejas alianzas con potencias no occidentales se tensan, abriendo un nuevo capítulo en la disputa por la influencia global en Latinoamérica.
