La deforestación masiva e irresponsable de bosques y selvas en distintas partes del planeta genera graves consecuencias ambientales, ya que contribuye al incremento progresivo de las temperaturas y al deterioro de los suelos.

Como resultado, las zonas desérticas y áridas se expanden cada vez más allá de sus fronteras naturales.
Con el propósito de evitar que este fenómeno continúe avanzando en África, once países decidieron unir esfuerzos para crear una enorme barrera vegetal compuesta por millones de árboles, extendida de este a oeste del continente, con el fin de frenar el avance del desierto del Sahara hacia el sur.

La iniciativa conocida como la Gran Muralla Verde, impulsada en el año 2007, adopta una estrategia integral orientada a recuperar y restaurar diversos ecosistemas del norte africano.
Gracias a este proyecto, numerosas comunidades están rehabilitando territorios que antiguamente poseían una gran riqueza en biodiversidad y abundante vegetación, según un artículo de National Geographic.
En este contexto, once naciones pertenecientes a la región del Sahel y el Sahara —Burkina Faso, Chad, Djibouti, Eritrea, Etiopía, Mali, Mauritania, Níger, Nigeria, Senegal y Sudán— colaboran activamente para combatir la degradación de la tierra y, al mismo tiempo, reintroducir especies vegetales autóctonas en estos paisajes afectados.
No obstante, el desarrollo del proyecto ha tenido que afrontar importantes obstáculos, entre ellos la insuficiente financiación, la escasa coordinación entre los distintos países participantes e incluso los conflictos armados presentes en algunas zonas de la región.

A pesar de estas dificultades, en 2021 los responsables africanos decidieron relanzar y fortalecer la iniciativa mediante una actualización denominada Acelerador de la Gran Muralla Verde, cuyo objetivo principal es alcanzar las metas propuestas antes del año 2030.
En 2007, la Unión Africana impulsó la iniciativa denominada Gran Muralla Verde con el propósito de hacer frente al grave problema de la desertificación en África.

Este ambicioso proyecto consiste en la plantación y el desarrollo de una extensa barrera natural formada por árboles, pastizales y distintas especies vegetales, cuya finalidad es detener el avance de las zonas desérticas.
Además, la iniciativa busca generar nuevas oportunidades laborales para las comunidades de la región del Sahel, fortalecer la seguridad alimentaria y favorecer la protección del medio ambiente mediante la captura de carbono, evitando así que este llegue a la atmósfera y contribuya al calentamiento global.

Una parte importante de los recursos económicos iniciales fueron aportados por organismos internacionales con sede en el Atlántico Norte, entre ellos el Banco Mundial y la Unión Europea.
Aunque en sus comienzos la Gran Muralla Verde estaba enfocada en una extensión territorial más reducida, con el paso de los años el proyecto se amplió considerablemente.
En la actualidad, esta enorme franja ecológica se extiende a lo largo de aproximadamente 8.000 kilómetros, desde Yibuti, en el extremo oriental de África, hasta Dakar, en la parte occidental del continente.
