Mateo Ospina viajó a Ucrania con el compromiso de un contrato laboral para hacer parte del frente de defensa de ese país en la guerra contra Rusia y sus familiares llevan semanas esperando noticias suyas.
La historia de su desaparición la relata su tía, Nayibe Rondiño, quien le pidió una y otra vez que no se fuera a combatir un conflicto que no era suyo y que ahora, después de la despedida, busca noticias de él en cadenas de Telegram y en medios de comunicación en los que se reporta información sobre supuestos casos de latinos caídos en el combate, varios de ellos colombianos.
El joven de 26 años había prestado servicio militar en el Ejército colombiano, pero no pudo quedarse para hacer parte de la tropa por un problema en uno de sus oídos. Esa negativa no le quitó su deseo de ser soldado y ese anhelo, junto al compromiso de un pago de 24 millones de pesos mensuales por sus labores, fueron la motivación para empacar maletas y despegar hacia un país donde se habla un idioma que no conoce.

Su despedida fue el 19 de noviembre de 2025. Durante esas últimas semanas del año se le reportó a su mamá todos los días a través de mensajes, en los que les mostraba las capacitaciones que les estaban dando para aprender a operar drones y cómo lucía el lugar en el que se hospedaba con otras personas que viajaron para unirse al frente.
Todo cambió día 10 de enero con un mensaje que invadió a su familia de temor: “Me voy para la trinchera”. Sus seres queridos no saben dónde queda esa trinchera, no tienen idea alguna de cuál es la ciudad en la que estaría combatiendo o si se trasladaría a una frontera, solo viven en la incertidumbre de no saber de él desde aquel momento en el que prometió un reporte que aún no llega.

“Necesito hablar, sacar esto. Nosotros estábamos a la espera de que Mateo apareciera diciéndonos que está bien, porque él se fue diciéndole a la mamá que cuando se fuera para las trincheras pasaría un tiempo sin tener información suya. Ahora hemos visto estas noticias y estamos alarmados”, contó su tía.
Han pasado 50 días desde el mensaje en el que Mateo prometió reportarse y la angustia aumenta a medida que escuchan historias de otros colombianos que se fueron para la guerra en Ucrania y terminaron abatidos en combate. Por Telegram circulan listados de nombres en los que no aparece el suyo y las historias que relatan los vecinos del barrio en Cotorra, Córdoba, incrementan ese temor.

Nayibe, la tía de Mateo, escuchó el caso de un pensionado de la Armada que viajó a Ucrania con el mismo compromiso de un millonario pago a cambio de defender a ese país en la guerra y quien lleva cinco meses sin llamar a su esposa. A ella también le contaron de un joven de Medellín que se escapó de su cuartel en Ucrania para cruzar a otro país europeo, desde donde espera que su familia le mande el dinero que necesita para regresar.
En medio de la espera, hay una frase que le han repetido cuando cuenta la historia de su sobrino: “Todos dicen que pierden la vida allá”. En la Cancillería le dijeron a SEMANA que el Estado colombiano adelanta gestiones diplomáticas para preguntar por el paradero de los connacionales en ese país solo cuando sus buscadores solicitan de manera oficial esos temas y la Embajada de Ucrania detalló que sus líneas están abiertas para recibir solicitudes de las familias.
Mientras se adelantan los reportes oficiales para buscar a los colombianos, la familia de Mateo sigue esperando noticias suyas, con el deseo de que esa información llegue a través de un mensaje de WhatsApp y no de un reporte de Telegram con los nombres de los caídos en combate, porque Nayibe está convencida de algo: “A los jóvenes que se llevan para la guerra les lavan la cabeza”.
