Conflicto

Así fue la investigación para encontrar los restos de Camilo Torres, según el Estado, después de 60 años de búsqueda

Los restos del sacerdote guerrillero fueron identificados 60 años después de su muerte. El hallazgo es un hito para la búsqueda de personas dadas por desaparecidas en Colombia.

GoogleSiga las noticias que marcan la agenda del país en Discover y manténgase al día

21 de febrero de 2026 a las 3:22 a. m.
El deterioro de los restos en Colombia es mucho más rápido que en otras zonas del mundo por los ácidos de los suelos, las altas temperaturas y la humedad, factores que se hacen más agudos con el paso del tiempo.
El deterioro de los restos en Colombia es mucho más rápido que en otras zonas del mundo por los ácidos de los suelos, las altas temperaturas y la humedad, factores que se hacen más agudos con el paso del tiempo. Foto: SEMANA

La búsqueda de los restos de Camilo Torres tenía un acertijo que pasó décadas sin resolverse: su cuerpo estaba en un lugar donde nadie lo imaginaría. El sacerdote guerrillero falleció en un combate en San Vicente de Chucurí, en 1966, y el destino que le dieron a su cuerpo fue una leyenda que se comentó en los cuarteles, entre las filas del ELN y en los simpatizantes de su causa política, por la que dejó la Iglesia para tomar las armas.

El relato urbano indicaba que fue enterrado en el mismo lugar donde se libró el combate de Patio Cemento, en una ubicación que solo podría detectarse utilizando una brújula para encontrar la referencia, 85 grados norte-sur. Pero no lo habían dejado ahí. Se decía que alrededor de tres años después fue trasladado en una misión secreta en la que ni siquiera los uniformados que se hicieron cargo de transportarlo conocían a quién estaban dándole una nueva sepultura.

Camilo Torres falleció a los 37 años, en medio de un combate del Ejército con el ELN en San Vicente de Chucurí, en Santander.
Camilo Torres falleció a los 37 años, en medio de un combate del Ejército con el ELN en San Vicente de Chucurí, en Santander. Foto: ARCHIVO PARTICULAR

En ese tiempo, su familia lo buscó sin dar con su paradero. Años después, en la administración de Juan Manuel Santos, Medicina Legal emprendió una pesquisa por orden presidencial y estuvo a punto de encontrarlo, pero una diferencia de cálculo hizo que el misterio se mantuviera hasta 2026, cuando la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas certificó su hallazgo y entregó sus restos al padre Javier Giraldo, su buscador.

Este es el relato del hallazgo científico, historia que contrasta con la de otros expertos genetistas, como Juan José Yunis, quien en entrevista con SEMANA aseguró que era muy complejo identificar los restos del cura Camilo Torres.

La tutela que cuestiona el proceso de identificación y entrega de los restos del cura Camilo Torres

Mirar a la derecha

La señal de su paradero la entregó el general Álvaro Valencia Tovar, en una entrevista con María Isabel Rueda, en SEMANA, en 2007: Camilo Torres estaba en el Panteón Militar de la Quinta Brigada del cementerio de Bucaramanga, en una urna ubicada en la fila alta destinada a los osarios. “En el primero a la derecha, marcado con el número uno”, mencionó en ese entonces.

Ese enigma fue la pista que llevó a Medicina Legal a exhumar los restos que se guardaban en uno de los osarios que estaba exactamente en ese lugar; sin embargo, se abrió el equivocado. Fue ese mismo rompecabezas el que siguió la Unidad de Búsqueda desde 2019, cuando el padre Giraldo le solicitó a esa institución buscar a su compañero en el sacerdocio. La pesquisa para este tiempo fue diferente.

Como ya se había exhumado el número uno ubicado al costado externo, el equipo forense eligió el primero situado en el costado interno.
Como ya se había exhumado el número uno ubicado al costado externo, el equipo forense eligió el primero situado en el costado interno. Foto: UBPD

Cuatro años de búsquedas documentales, análisis de lo publicado en los medios y de testimonios bajo reserva demostraron que todos los caminos conducían a ese mismo lugar de las búsquedas de antaño: entrando al cementerio de Bucaramanga, volteando hacia la derecha, donde hay una reja que delimita la caseta del vigilante, tres metros adelante de ese puesto de control, en el pabellón militar que cuenta solo con dos bloques. ¿Pero en ese testimonio cuál era el lado derecho y cuál el izquierdo? Y, si elegían el correcto, ¿cuál de esos tres osarios ubicados en la parte superior sería el número uno, aquel en el que estaba Torres?

Como ya se había exhumado el número uno ubicado al costado externo, el equipo forense eligió el primero situado en el costado interno. Al abrirlo, todo comenzó a coincidir con los relatos: una urna color caoba, hecha con una madera que no se deterioró con el paso del tiempo, con la que se ensambló un cofre nada común; también un perfil biológico que daba indicios de que esos restos correspondían a un hombre alto, no mayor de 40 años. Esos elementos, aunque relevantes, eran apenas indicios de que podían ir por buen camino porque Torres murió en combate a los 37 años.

Restos del cura Camilo Torres: Medicina Legal confirma prueba clave para su identificación

La Unidad le entregó el material óseo a Medicina Legal, que se encargó de analizar los huesos desde junio de 2024 para cotejar la información. Ese proceso llevó a exhumar muestras de los restos de sus familiares; no obstante, tras nueve meses de análisis, no se pudo obtener el material genético que pudiera permitir aislar el ADN, lo que llevó a que esos resultados no fueran suficientes para concluir que el cuerpo correspondía a Camilo Torres. El tropiezo no frenó el camino.

Un genetista y el Che

El deterioro de los restos en Colombia es mucho más rápido que en otras zonas del mundo por los ácidos de los suelos, las altas temperaturas y la humedad, factores que se hacen más agudos con el paso del tiempo. Por ese motivo, cada año que transcurrió desde la muerte del sacerdote hizo de la investigación una misión más retadora.

El genetista Germán Calderón se embarcó en una misión de una semana en la que se internó en el laboratorio de la Universidad Sam Houston con el propósito de realizar el análisis de muestras óseas para la extracción de material genético.
El genetista Germán Calderón se embarcó en una misión de una semana en la que se internó en el laboratorio de la Universidad Sam Houston con el propósito de realizar el análisis de muestras óseas para la extracción de material genético. Foto: UBPD

El caso regresó a la Unidad de Búsqueda en junio de 2025 y volvió a ser evaluado como si fuera la primera vez, en un proceso en el que participaron genetistas, odontólogos, médicos forenses y antropólogos que examinaron las estructuras óseas recuperadas en la exhumación.

El gran reto era conseguir aislar el ADN de esas piezas para cotejarlo con la información del material genético de los padres de Torres, un proceso con un nivel de detalle tan meticuloso que jamás se había llevado a cabo en el país, porque era la primera ocasión en la que se cotejaba un cuerpo de tantas décadas. El camino condujo a un laboratorio en Texas, Estados Unidos.

Las dudas de los expertos sobre los restos de Camilo Torres

El genetista Germán Calderón se embarcó en una misión de una semana en la que se internó en el laboratorio de la Universidad Sam Houston con el propósito de realizar el análisis de muestras óseas para la extracción de material genético. En su equipaje de bodega empacó 18 tubos de ensayo, cada uno con 150 miligramos de polvo extraído de los restos óseos y, aunque para entonces no estaba confirmado, cruzó el continente llevando en su maleta una parte de Camilo Torres.

“A través de una técnica de infrarrojo se puede predecir la cantidad de ADN de una muestra ósea. Desarrollamos diferentes técnicas que nos mostraron que había una gran cantidad de inhibidores en los huesos y pudimos determinar que el análisis debía hacerse en las extremidades inferiores. Para futuros procesos de búsqueda, esto evitará reprocesamientos, podrá disminuir los costos y servirá para mejorar los métodos de extracción, dado que permite predecir qué tipos de inhibidores se encuentran y, dependiendo de esto, determinar un método de extracción a aplicar para encontrar un perfil genético”, contó Calderón.

El análisis mostró que, aunque el ADN en ese polvo de huesos humanos se encontraba en baja cantidad.
El análisis mostró que, aunque el ADN en ese polvo de huesos humanos se encontraba en baja cantidad. Foto: UBPD

El análisis mostró que, aunque el ADN en ese polvo de huesos humanos se encontraba en baja cantidad, sí era posible aislar su material genético si se analizaban las muestras de las extremidades inferiores. La data de esa estructura ósea fue cotejada con los restos de Calixto Torres, el padre del cura, y ese resultado arrojó una coincidencia biológica entre ambos.

Caso X

Aunque el resultado parecía concluyente, la noticia necesitaba de una triple verificación; entonces, las muestras fueron enviadas a laboratorios especializados bajo el seudónimo Caso X para ratificar que las estructuras óseas procedían de la misma persona. También se convocó un panel científico internacional para presentar el proceso de investigación. En esa mesa de trabajo estuvo Luis Fondebrider, el antropólogo forense argentino que ayudó a identificar los restos del Che Guevara y de Salvador Allende.

La historia de los restos del sacerdote Camilo Torres

Fondebrider aterrizó en Bogotá en la madrugada del sábado 14 de febrero para ser “el abogado del diablo” de esa investigación y esa misma mañana se sentó con los investigadores y el buscador para analizar cada paso de la pesquisa, que tomó más de seis años. Fue él quien validó que los restos óseos sí correspondían al sacerdote que se sumó a las filas del ELN.

El sacerdote Javier Giraldo le solicitó a la Unidad de Búsqueda encontrar el cuerpo desde 2019. En el osario donde estaba Camilo Torres hallaron indicios de la existencia de otros dos cuerpos.
El sacerdote Javier Giraldo le solicitó a la Unidad de Búsqueda encontrar el cuerpo desde 2019. En el osario donde estaba Camilo Torres hallaron indicios de la existencia de otros dos cuerpos. Foto: UBPD

“Así como buscamos a Camilo, buscamos a todos los desaparecidos de Colombia. Él era tan importante para nosotros como Unidad, como cualquier otra persona. No escatimamos esfuerzos para buscar a cada uno de los 135.000 desaparecidos del conflicto armado. Esto es un precedente que nos enseñó nuevos elementos de investigación que nos muestran que, si no hay posibilidades dentro del país, tenemos que buscarlas donde sea. Esto es un signo de esperanza”, comentó la directora Luz Janeth Forero Martínez.

El sacerdote Javier Giraldo estaba convencido de que no existía mejor fecha para la entrega que el 15 de febrero, día en el que se cumplieron los 60 años de su muerte en combate. Como una casualidad divina, su deseo se hizo realidad y esa noche recibió los restos de Camilo Torres, el sacerdote que marcó la historia en armas del ELN.