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Impresionante: iceberg casi tan grade como Bogotá se desprendió en la Antártida

Desde hace una semana se viene hablado de las grandes afectaciones que se han vivido en la Antártida; el último gran bloque de hielo que se deprendió tendría un tamaño similar al de la capital de Colombia.


Según se conoció por analistas de meteorología y glaciología, se completan alrededor de once días de continuos desprendimientos de hielo en la Antártida –es de resaltar que en esta parte del mundo se concentra el 90 % del hielo de todo el planeta–, y se estima que el último trozo en desprenderse es tan grande que alcanzaría la dimensión que tiene Bogotá.

La científica de la Nasa Catherine Colello Walker escribió en su cuenta de Twitter: “Colapso total de la plataforma de hielo Conger en la Antártida del este el 15 de marzo (unos 1.200 km2)”, para dimensionar lo sucedido, Bogotá tiene una dimensión de 1.775 km². Las afectaciones a ese gigantesco de hielo se vienen presentando desde hace décadas, pero en marzo la situación se complicó, al parecer, por cuenta del calentamiento global que registró picos altos en el primer trimestre, generando afectación el desprendimiento total, una información que aún están analizando los expertos.

Cabe recordar que el 19 de marzo confirmaron que un enorme iceberg se desprendió del lado occidental de la plataforma de hielo de Ronne, en el mar de Weddell, en la Antártida.

Apodado A-76, mide alrededor de 4.320 kilómetros cuadrados, lo que lo convierte en el iceberg más grande del mundo en la actualidad. Con todo, el recientemente desaparecido A68, que se desgajó del frente de hielo Larsen en la Península Antártica en 2017, llegó a medir 6.000 kilómetros cuadrados.

Visto en imágenes recientes capturadas por la misión Copernicus Sentinel-1, el iceberg mide alrededor de 170 kilómetros de largo y 25 kilómetros de ancho, y es un poco más grande que la isla de Mallorca, informa la ESA.

El tamaño del iceberg lo convierte en el más grande del mundo, arrebatándole el primer lugar al iceberg A-32A (aproximadamente 3.880 kilómetros cuadrados de tamaño) que también se encuentra en el mar de Weddell. En comparación, el iceberg A-74 que se desprendió de la plataforma de hielo Brunt en febrero a principios de este año tenía solo 1.270 kilómetros cuadrados.

El iceberg fue detectado por el British Antarctic Survey y confirmado por el Centro Nacional de Hielo de EE. UU., utilizando imágenes de Copernicus Sentinel-1. La misión Sentinel-1 consta de dos satélites en órbita polar que se basan en imágenes de radar de apertura sintética de banda C, que devuelven datos independientemente de si es de día o de noche, lo que permite ver regiones remotas como la Antártida durante todo el año.

Los icebergs se nombran tradicionalmente a partir del cuadrante antártico en el que fueron avistados originalmente, luego un número secuencial y, finalmente, si el iceberg se rompe, una letra secuencial.

Esta barrera, ubicada en el área conocida como Tierra de Wilkes, había comenzado a desintegrarse hace varios años, pero registró “su colapso final”, señaló a la agencia AFP Jonathan Wille, del Instituto de Geociencias Ambientales de Grenoble, Francia, sugiriendo una “relación” con la ola de calor “sin precedentes” que azotó al continente helado.

El fin del iceberg A-68

En abril pasado, USNIC (United States National Ice Center) reportó el fin del otrora iceberg gigante A68, porque sus fragmentos ahora son demasiado pequeños para rastrearlos.

El A-68, que cubría un área inicial de casi 6.000 kilómetros cuadrados, se separó como un enorme iceberg de la plataforma de hielo Larsen C de la Antártida en 2017. En los últimos meses ha estado cerca de Georgia del Sur, donde ha quedado destrozado en innumerables icebergs más pequeños.

Los datos recopilados por una expedición del British Antarctic Survey (BAS) sobre la salinidad, la temperatura y la clorofila del agua de mar ayudarán a comprender el impacto del agua dulce extremadamente fría del derretimiento del hielo en una región del océano que alberga colonias de pingüinos, focas y ballenas. Estas aguas también albergan algunas de las pesquerías gestionadas de manera más sostenible del mundo.