La Casa Blanca confirmó este sábado, 3 de enero, durante la madrugada, el desarrollo de una operación en territorio venezolano que permitió la captura del dictador Nicolás Maduro.
Fuerzas de Estados Unidos capturaron este sábado al presidente de Venezuela y lo sacaron del país tras un “ataque a gran escala” que el mandatario estadounidense, Donald Trump dijo haber seguido de cerca como un “show televisivo”.
Tras una hora de intensos bombardeos en Caracas y varias regiones de Venezuela, Trump anunció que Maduro responderá ante un tribunal de Nueva York por cargos de narcotráfico y terrorismo, y advirtió que no permitirá que nadie de su círculo retome el poder.
El presidente estadounidense contó a la cadena Fox que siguió la captura de Maduro “literalmente como si hubiera visto un show televisivo”, pocas horas después de anunciar la detención de Maduro y su esposa, Cilia Flores.


Justamente, esta fecha es bastante simbólica para la historia de Estados Unidos, pues en el pasado, Panamá e Irak fueron objeto de operaciones que permitieron la captura del general Manuel Noriega, en Centroamérica, y la muerte de Qasem Soleimani, líder iraquí de alto valor para le gobierno de Donald Trump.
Bombardeo en Irak y muerte de Qasem Soleimani
El bombardeo estadounidense sin precedentes en Bagdag, que mató, el 3 de enero de 2020, al general iraní Qasem Soleimani y al líder paramilitar iraquí Abu Mehdi Al Muhandis.

El Pentágono no entregó detalles de la operación, aunque dejó en claro que el presidente Donald Trump dio la orden de llevarla a cabo.
Según varios medios estadounidenses, se utilizaron drones que golpearon dos vehículos en una carretera que conduce al aeropuerto internacional de Bagdad.
Soleimani, que comandaba las fuerzas especiales Quds de Irán y era considerado como una de las figuras más poderosas del país, viajaba en uno de ellos.
Abu Mehdi Al Muhandis, el número dos de Hashd Al Shaabi, coalición paramilitar mayoritariamente pro-Irán, también murió en el atentado.


Un responsable militar estadounidense aseguró a la AFP que el impacto que pulverizó en Bagdad dos vehículos donde se encontraban Soleimani y Mehdi se realizó con “un tiro de precisión de dron”.
Este método de asesinato de miembros de un ejército extranjero refleja más el modus operandi del ejército israelí que de las fuerzas estadounidenses, que típicamente organizan con precisión a sus fuerzas especiales cuando buscan eliminar figuras de alto mando.
Los ejemplos incluyen Osama bin Laden, o más recientemente, el exlíder del Estado Islámico Abu Bakr Al Bagdadi.
Estados Unidos siguió de cerca los pasos de Soleimani y podría haberlo atacado antes. El Pentágono aseguró que el general había estado “desarrollando activamente planes para atacar diplomáticos estadounidenses y miembros del servicio en Irak y en toda la región”.
El secretario de Estado de aquella época, Mike Pompeo, afirmó que Soleimani tramaba “una acción importante” que amenazaba la vida de cientos de estadounidenses y que era “inminente”.

Captura de Manuel Noriega en Panamá
En 1989, el presidente estadounidense George Bush, exdirector de la CIA, ordenó una operación en Panamá para capturar al hombre fuerte del país, el general Manuel Noriega, excolaborador de los servicios secretos norteamericanos y perseguido por la justicia de ese país por narcotráfico.
Se trata de la última intervención militar estadounidense en América Latina hasta la fecha, antes de la captura y extracción del presidente venezolano Nicolás Maduro, que anunció el sábado Donald Trump en el marco de “un ataque a gran escala” en el país caribeño.
En 1989, unos 27.000 soldados estadounidenses, de los cuales 13.000 estaban estacionados en Panamá, participaron en la operación “Causa Justa”, que oficialmente dejó 500 muertos, aunque algunas oenegés estiman que el número de víctimas ascendió a varios miles.
El 20 de diciembre los soldados estadounidenses tomaron el control de las calles de la capital. Tras refugiarse durante dos semanas en la embajada del Vaticano, Manuel Noriega se rindió el 3 de enero de 1990.


Dos años antes de su captura, Noriega afirmaba que se había puesto precio a su cabeza porque se negaba a cooperar con un plan estadounidense para invadir Nicaragua.
Fue condenado por un tribunal de Florida a 40 años de prisión por narcotráfico y blanqueo de capitales, pena que se redujo a la mitad por buena conducta.
Hasta su muerte en 2017, estuvo detenido sucesivamente en Estados Unidos, Francia y Panamá por narcotráfico, lavado de dinero y desapariciones forzadas de opositores durante su permanencia en el poder (1983-1989).
