La visita del presidente Gustavo Petro a Estados Unidos, programada para febrero de 2026, se da en un momento crítico para la relación bilateral. Uno de los temas centrales será la lucha contra el narcotráfico.

Estados Unidos descertificó a Colombia en 2025, basándose en cifras de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). En 2023 las hectáreas de cultivos ilícitos aumentaron un 10%, pasando de 230.000 a 253.000, y la producción potencial de cocaína creció un 53%, de 1.739 a 2.664 toneladas. Esta situación puso en riesgo la certificación antidrogas, que en el pasado garantizaba cooperación militar, técnica y financiera de Estados Unidos para combatir el narcotráfico.
El Gobierno colombiano ha sostenido que los datos de la UNODC sobreestimaron la realidad, incluyendo parcelas ya abandonadas y sin actividad productiva.

En respuesta, la delegación de Petro propondrá en Washington un sistema de validación internacional, con expertos europeos verificando los datos de siembra y producción mediante el Sistema de Monitoreo de la Policía Nacional. La iniciativa busca alejar cualquier percepción de autoverificación y generar confianza en que las cifras reflejan la situación real en el territorio colombiano.
La descertificación, según expertos que ya han sido consultados por SEMANA anteriormente, tiene consecuencias significativas. La cooperación en interdicción, entrenamiento y equipamiento militar podría verse restringida, complicando la coordinación operativa en operaciones contra el crimen organizado.
La suspensión parcial de programas de cooperación y la vigilancia reforzada de agencias como la OFAC y la CBP también elevarían la percepción de riesgo y podrían afectar el clima de inversión estadounidense en Colombia.
Según cálculos de la Cámara Colombo Americana (AmCham), una descertificación total podría reducir entre un 10% y 20% la llegada de turistas desde Estados Unidos, limitar entre un 30% y 40% los programas de cooperación, y disminuir entre un 10% y 20% los flujos de inversión extranjera directa.

Además de la lucha antidrogas, los trámites consulares y la continuidad de los visados son temas que también entran en juego. Estados Unidos mantiene los programas de visas para colombianos, pero cualquier deterioro en la relación bilateral podría afectar los procesos de turismo, estudio y trabajo.
El comercio bilateral es otro eje de discusión. Representantes de AmCham han señalado también que la relación comercial debe primar sobre las tensiones políticas, con el objetivo de evitar la imposición de aranceles agresivos y asegurar que los intercambios sean beneficiosos para ambos países.

En el pasado, las tensiones políticas han derivado en confrontaciones que afectaron inversiones y relaciones económicas. La cumbre Petro-Trump podría ser una oportunidad para reafirmar acuerdos comerciales y garantizar un flujo estable de inversiones y exportaciones.
El momento político en el que ambos países se encuentran también influye en el encuentro. La administración estadounidense actual observa con desagrado ciertos gestos del Gobierno Petro, desde la devolución de aviones con migrantes hasta comentarios críticos hacia la Casa Blanca. Estos factores incrementan la complejidad de las negociaciones y podrían influir en la decisión final sobre la certificación antidrogas.

Otros temas que podrían aparecer en la conversación entre Petro y Estados Unidos incluyen la seguridad transnacional, la situación de Venezuela y la operación de fronteras, la relación económica y comercial con China, y oportunidades de inversión y comercio exterior, que son puntos de interés en la agenda bilateral. La Casa Blanca y la Cancillería colombiana buscan garantizar canales de diálogo estables, monitorear los resultados de la cooperación y mantener un enfoque basado en hechos y cifras verificables.
La visita de Gustavo Petro a Estados Unidos, por lo tanto, no es un encuentro protocolario, sino una cita estratégica en la que están en juego la cooperación en programas antidrogas, la movilidad consular de los colombianos y el futuro del comercio bilateral. Las decisiones que se tomen definirán la relación entre ambos países en los próximos años y podrían tener implicaciones directas en la economía, la seguridad y la posición internacional de Colombia.
