El desembarco de tropas argentinas en las Islas Malvinas el 2 de abril de 1982 fue un manotazo de ahogado de la dictadura argentina, que intentaba prolongar su final cuando resurgían las protestas laborales y se multiplicaban las denuncias por violaciones a los derechos humanos.
Tres días más tarde, zarpó una escuadra británica por decisión de la entonces primera ministra Margaret Thatcher, quien sí capitalizó la guerra para consolidar su liderazgo interno.



El primero de mayo de ese año, aviones y buques británicos bombardearon el aeropuerto de Puerto Stanley (Puerto Argentino) y el villorrio de Darwin, y al día siguiente, en un hecho clave de la contienda de 74 días, el submarino británico de propulsión nuclear Conqueror hundió al crucero General Belgrano, matando a 323 marinos argentinos.
Argentina respondió dos días más tarde con sus aviones Super Etendard, equipados con misiles Exocet, que hundieron al destructor Sheffield, el episodio bélico exitoso de mayor relevancia para las tropas de la nación suramericana.

Pero con el transcurso de los días, las fuerzas británicas fueron imponiendo su superioridad militar frente a las tropas argentinas, mal equipadas y peor alimentadas en un escenario de intenso frío austral.
El 13 de junio, el segundo batallón de Guardias Escoceses inició la decisiva batalla de Monte Tumbledon, en la que murieron 32 argentinos y 9 británicos y se completó el cerco de la capital malvinense.

El 14 de junio, el general argentino Mario Menéndez se rindió ante los comandantes británicos. La guerra por la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, de 74 días y en el archipiélago austral, dejó 649 argentinos y 255 británicos muertos.
Tres días después del fin de la guerra, el dictador Leopoldo Galtieri renuncia como presidente de facto y es sustituido por el general Reynaldo Bignone, quien llama a elecciones el 30 de octubre de 1983, que gana el socialdemócrata Raúl Alfonsín.
En 2026, las Islas Malvinas están bajo la administración efectiva y el control del Reino Unido, que las considera un Territorio Británico de Ultramar, pero la soberanía formal continúa en disputa y es reclamada activamente por la República Argentina.
La Mano de Dios y el Gol del Siglo
El 22 de junio de 1986, Maradona se hizo con un lugar eterno en el olimpo del fútbol y en el corazón de los argentinos al marcarle dos icónicos tantos a Inglaterra en el Mundial de México, conocidos como la Mano de Dios y el Gol del Siglo.
Argentina eliminó a Inglaterra por 2-1 en un duelo de cuartos de final de alta tensión, con el telón de fondo de la guerra que ambos países habían librado cuatro años antes por las islas.
En el primero de sus goles en el estadio Azteca, Maradona se elevó en el área inglesa para cabecear un despeje de Steve Hodge, pero, ante la salida del arquero Peter Shilton, el menudo atacante se adelantó con picardía y empujó la pelota con el puño sin que el árbitro se percatara de la trampa.
“Un poco con la cabeza de Maradona y un poco con la mano de Dios”, fue como describió la jugada el genio argentino.

Transcurridos cuatro minutos del célebre engaño, Maradona se inventó probablemente el mejor gol de todos los tiempos.

El Diez tomó la pelota en su propio campo y fue burlando hasta cuatro jugadores ingleses en una carrera vertiginosa hasta el área de Shilton, al que también dribló para culminar la maravilla que la Fifa reconoció como el Gol del Siglo.

