El presidente estadounidense, Donald Trump, admitió en una entrevista que su política de deportación masiva de inmigrantes fue “demasiado dura”, pocos días después de la derrota de su partido republicano en las legislativas de mitad de mandato.

“Pienso que fue demasiado dura”, respondió el mandatario cuando se le preguntó en la cadena CBS sobre su política de deportaciones de inmigrantes, según apartes difundidos por el medio en redes sociales.
Si bien Trump ha ganado cierto apoyo por reforzar la seguridad en la frontera sur de Estados Unidos, la ofensiva de su gobierno para deportar a millones de migrantes indocumentados ha generado críticas generalizadas.
In President Trump's first sit-down interview since the midterm elections, 60 Minutes found him reflective and seemingly accepting of his party's midterm election defeat. Watch the interview tonight at 7 p.m. ET/PT on CBS. https://t.co/pb3XMeu8L1
— 60 Minutes (@60Minutes) November 8, 2026
Sin embargo, el viernes Trump nombró al artífice de esa política de línea dura, Stephen Miller, como su jefe de gabinete, lo que se augura como una contraofensiva tras la derrota republicana.
Miller se ha convertido en sinónimo de escenas de agentes de inmigración enmascarados cometiendo actos de violencia, después de que respaldó a los agentes federales que dispararon y mataron a dos estadounidenses a comienzos de este año.
La política de deportación del Gobierno de Donald Trump se basa en una estrategia de deportaciones masivas, endurecimiento del control migratorio y eliminación de los mecanismos que facilitan la permanencia de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos.
Su objetivo declarado es reducir la inmigración irregular, reforzar la seguridad nacional y expulsar a quienes permanecen en el país sin autorización.

Para ejecutar esta política, la Administración ha ampliado las facultades y los recursos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), incrementado los operativos y las detenciones en ciudades estadounidenses y extendido la colaboración con las autoridades policiales estatales y locales.
Aunque inicialmente se anunció una prioridad sobre inmigrantes con antecedentes criminales, la estrategia también contempla a personas sin condenas penales que carecen de estatus migratorio legal.
Otro componente es acelerar las expulsiones mediante procedimientos migratorios expeditos, ampliar la capacidad de los centros de detención y organizar vuelos de deportación.
Además, el Gobierno promueve las llamadas “autodeportaciones”, mediante incentivos económicos y asistencia para quienes abandonen voluntariamente el territorio estadounidense.

La estrategia también incluye restricciones al asilo y a programas de protección temporal. La Casa Blanca sostiene que estas medidas buscan recuperar el control fronterizo y proteger a los ciudadanos estadounidenses.
