Sammy Quiceno guarda un cheque de 10 mil pesos como quien conserva una prueba irrefutable de lo que fue capaz de transformar. No lo ha cobrado. No lo necesita. Ese papel, que recibió en 2017 como liquidación tras 16 años de trabajo en la radio del Quindío, se convirtió en el punto de partida de una historia que hoy se multiplica en cientos de mujeres.

“No se equivocaron. Lo que pasa es que toda la debía al fondo de empleados, entonces mi liquidación fueron 10 mil pesos. Esto me motivó a decir: “Yo soy capaz, yo puedo, yo tengo que cambiar mi chip, mi actitud”, rememora Sammy.
“Yo decía, Dios mío, con un salario mínimo no puedo comprarme la casa de mis sueños”, recuerda. Tenía dos hijas y la convicción de que debía cambiar el rumbo. Dejó los micrófonos, ese lugar donde había construido su voz durante más de una década, y se lanzó a un terreno incierto: el emprendimiento.

Comenzó vendiendo maquillaje, productos variados, lo que estuviera a su alcance. Descubrió en las redes sociales una vitrina sin puertas y decidió usarla sin reservas. “Esta vaina de redes sociales me tiene que servir para algo”, se dijo. Desde entonces, su nombre empezó a circular con fuerza en Armenia y, poco a poco, en otros municipios del Quindío.
El impulso inicial no fue económico. Fue una decisión. “Yo no empecé con plata, yo empecé con ganas”, repite. Esa idea, que hoy es casi un lema, se convirtió también en un mensaje para otras mujeres que, como ella, buscaban tiempo para sus familias y una alternativa para mejorar sus ingresos.
“Si yo puedo, usted también puede”, empezó a decir en videos, en mensajes, en encuentros. La frase encontró eco. Mujeres que querían vender postres, ropa o cualquier producto comenzaron a acercarse. Algunas llegaban con dudas, otras con miedo, muchas con la sensación de no saber por dónde empezar.
Quiceno decidió entonces compartir lo que había aprendido en el camino. Primero, con capacitaciones virtuales sobre redes sociales: cómo grabarse, cómo vender, cómo mostrarse sin temor. Luego, sumó talleres de oratoria y crecimiento personal, aprovechando su experiencia frente al micrófono. “Para que se enfrenten al mundo, para que no les dé pena. Y así fue que empezó este tema. Hace unos cuatro años yo dije: “Esto tengo que dárselo a conocer a las mujeres, para que ellas también, así como yo en un día no tuve dinero, puedan avanzar”, explica.

Las capacitaciones crecieron al ritmo de la necesidad. Nueve de cada diez han sido gratuitas. “Me voy a los barrios, toco puertas en alcaldías, en gobernación, en diferentes instituciones. Venga, yo las puedo capacitar”, cuenta. La motivación no está en el ingreso inmediato, sino en el efecto multiplicador. “Tenemos que ser sal y luz para el mundo. La sal mejora las cosas, la luz las hace más brillantes”, dice, convencida de que su papel es mejorar y dar claridad.
Mientras ese proceso avanzaba, su propio emprendimiento tomaba forma. Fundó un centro de depilación láser que hoy atiende a más de seis mil mujeres. Allí, junto a su esposo, consolidó una empresa que genera empleo formal para más de 15 mujeres del Quindío, muchas de ellas cabeza de hogar o en proceso de formación. “Y luego nació mi centro de depilación láser, que es donde atiendo a más de 6 mil mujeres en este momento en el tema de depilación láser. Yo decía: “Miren que yo he podido crecer sin dinero, solo con ganas”. Esa es la palabra mía clave”, dice.
El crecimiento no la alejó del propósito inicial. Al contrario, lo fortaleció. Las convocatorias a sus capacitaciones reúnen mujeres de distintos municipios como Montenegro, Quimbaya, Calarcá, Córdoba, Filandia, Circasia y Salento, e incluso de ciudades cercanas como Pereira. En uno de sus encuentros más recientes, 150 mujeres se reunieron para recibir formación gratuita.
“Les enseño la ruta, la guía que deben seguir para que en menos de 21 días empiecen a accionar”, explica. No se trata de discursos motivacionales aislados, sino de herramientas concretas que permitan generar ingresos y cambiar dinámicas personales y familiares.
En su relato, la familia aparece como un eje constante. Sus hijas, su madre y su esposo son parte del proceso que la sostiene. “Mi esposo ha sido la persona que más me ha ayudado, no en lo económico, porque los dos venimos de muy abajo, sino en el ‘hágale que usted es capaz’”, dice. Esa misma frase la repite ahora a otras mujeres.

Quiceno proyecta su trabajo más allá del Quindío. Su meta es clara: llevar el mensaje a todo el país. “El sueño es que Colombia entera nos conozca y decirles a las mujeres que sí se puede”, afirma. En paralelo, escribe un libro donde recopila las pautas que, según su experiencia, pueden ayudar a construir una vida con equilibrio entre lo personal, lo económico y lo emocional.
Para ella, el cambio individual tiene un efecto colectivo. “Si tú cambias, tu familia cambia, y la sociedad empieza a cambiar”, sostiene. Su apuesta está en fortalecer a las mujeres como base de los entornos familiares y sociales.
El cheque de 10 mil pesos sigue guardado. No como un recuerdo de lo que faltó, sino como la evidencia de lo que empezó.
