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Estas son las historias de las supermamás: no tienen límites

SEMANA rinde homenaje a aquellas mujeres que no encuentran límites a la hora de ser cabezas de hogar. Pese a tener condiciones especiales, sacan adelante a sus hijos. Estos son algunos de los rostros que marcan la diferencia en una sociedad con prejuicios.


Las heroínas de las películas tienen poderes. Son fuertes, veloces, resuelven problemas con agilidad y nunca se rinden. “Así es mi mamá”, dice Emanuel, de 7 años, en uno de los barrios de Soacha, Cundinamarca. Diana Carolina Gutiérrez, su madre, no tiene capa ni brazos para sostenerla, pero sí poderes como pocos. Con los pies hace todo para que su hijo esté bien. Lo peina, le prepara sus alimentos, juegan, dibujan; cuando era bebé lo cargaba con la boca y “me enseña que el ‘no puedo’ no existe”, dice el niño con convicción.

Verónica Gómez es deportista de alto rendimiento y forma parte de la selección Colombia de natación paralímpica, dos semanas antes de dar a luz aún asistía a los entrenamientos.
Verónica Gómez es deportista de alto rendimiento y forma parte de la selección Colombia de natación paralímpica, dos semanas antes de dar a luz aún asistía a los entrenamientos. - Foto: esteban vega la-rotta-semana

Hay madres que se salen del molde, rompen esquemas. Dicen que los superhéroes son aquellos que sin miedo alguno se enfrentan a lo que sea para salvar al planeta. Pero tienen más valor aquellos que pese al miedo que sientan luchan contra los estigmas del mundo para construir uno mejor. Verónica Gómez es invidente, no puede decir que la primera vez que vio a su hijo en una ecografía fue la mujer más feliz del mundo, pero sí tan pronto sintió el latido de su corazón, mientras el médico le describía cada partecita de su cuerpo. El estallido de emoción fue tan fuerte que le dio energía de por vida. Lleva tres meses en la misión de ser mamá, tuvo que esperar 15 días después del parto para tocar por primera vez a su hijo, que estaba en una incubadora: “Apenas su mano tomó mi dedo, entendí que es un lazo que nunca se puede desatar”.

Vicky Prieto y Valentina Acero viven solas, demostrándole al mundo que cuando se quiere, se puede. Además, marcar la diferencia no es una desventaja, sino una virtud.
Vicky Prieto y Valentina Acero viven solas, demostrándole al mundo que cuando se quiere, se puede. Además, marcar la diferencia no es una desventaja, sino una virtud. - Foto: esteban vega la-rotta-semana

Vicky Prieto sabe perfectamente a qué se refiere Verónica. Tiene una discapacidad cognitiva leve. Muchas veces le han gritado: “retrasada mental”, no sabe leer ni escribir. La inocencia es su principal cualidad. Hace 18 años tuvo una hija, Valentina Acero, quien nació con las mismas condiciones. Pese a que muchos le dijeron que no lo lograría y que era mejor abortar o darla en adopción, se negó. Hoy logró comprar un apartamento donde vivir, trabaja en servicios generales y con lo poco que reúne le paga los pasajes a su hija para que asista al colegio y aprenda lo que ella no pudo. Cuando Valentina regresa, saca un lápiz y una hoja, le enseña las vocales a su mamá, mientras Vicky le ayuda a hacer los dibujos de las tareas.

Su historia en video:

“Uno aprende a trabajar en equipo”, dice Wendy Gaviria desde Medellín. Tiene un metro de estatura, padece de una enfermedad huérfana que no ha sido diagnosticada. Es la heroína de dos hijas universitarias de estatura promedio. La mayor habilidad de Wendy es adaptarse al entorno y encontrar soluciones al instante. Sus piernas no son ágiles, pero su mente sí. Muchas de estas madres nacieron en condición de discapacidad. Hay otras que quedaron en esas condiciones por las circunstancias de la vida.

Esta es su historia en video:

En Cali vive Katherine Pardo. El padre de su hijo intentó asesinarla cuando él tenía 3 años. Quedó postrada en una silla de ruedas. Eso no la detiene, van al cine, revisa sus tareas, lo despacha para el colegio, trabaja para cumplirle los sueños, es psicóloga y tiene una boutique de ropa. “Es una mamá normal como cualquier otra, dulce y a veces cansona”, dice Juan David con la franqueza que caracteriza a los preadolescentes y demostrando que su mamá no es diferente a las de sus compañeros.

Katherine Pardo recuerda que días antes de recibir los disparos, se subió a un saltarín con su hijo. Ese día volvió a ser niña y agradece a Dios porque le dio la oportunidad de brincar y correr con su niño.
Katherine Pardo recuerda que días antes de recibir los disparos, se subió a un saltarín con su hijo. Ese día volvió a ser niña y agradece a Dios porque le dio la oportunidad de brincar y correr con su niño. - Foto: FOTO: Daniel jaramillo

En algo coinciden los hijos de estas mujeres y lo resume Emanuel, “el secreto para que mi mamá saque esos superpoderes es el amor que nos tenemos”. Y ellas confiesan que también el amor a un hijo es lo que las hace más vulnerables.