Un comentario irónico del ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, sobre la reducción aplicada a partir del 1º de febrero, de 500 pesos, en el precio de la gasolina, desató un torrente de críticas al funcionario.
“¡Culpa de Petro! Bajará el precio de la gasolina en $500 a partir del 1 de febrero", dijo irónicamente el ministro, sacando pecho porque el gobierno estaba aplicando una reducción, desde los 16.100 pesos a los que llegó el precio del combustible que utiliza el 82,4 por ciento del parque automotor en el país, entre ellos, motos que son para uso laboral.
Algunos comentarios fueron realmente duros, inclusive, con palabras altisonantes. Los ciudadanos le recordaban a Sanguino la escalada alcista que aplicaron, inclusive más allá del precio de paridad internacional, que era al que tenían que llegar, en aras de emparejar el déficit que se formó, porque por muchos años se subsidio el precio de la gasolina en Colombia (estaba cara en el exterior y acá se mantenía el precio causando así un enorme desbalance que amenazó las finanzas públicas).

“La gasolina se vende a $ 8.500 por galón en Estados Unidos y aquí en Colombia la estamos pagando a $16.500, y hacen un show por bajarla $500 cuando nos están robando $8.000 para derroche corrupción y política", dice uno de los mensajes que respondió al de Sanguino.
Cuando llegó el gobierno de Gustavo Petro, la gasolina estaba en 9.180 pesos y luego, fue subiendo de manera escalonada a partir de octubre de 2022. La curva ascendente en el precio desestimuló el uso del combustible, pues el consumidor migra hacia lo que le salga más barato. Inclusive, muchos compraron carros con diésel, uso que se incrementó según un reciente estudio del gremio Somos Uno. También se aumentaron las ventas de carros híbridos y eléctricos.
El asunto es que el diésel, pese a ser parte del gran hueco que se formó en el Fondo de Estabilización de Combustibles, no fue tocado como la gasolina, porque tan pronto se intentaba, se avivaba la amenaza de un estallido social. Esto, porque el ACPM es el combustible que usa el transporte público terrestre y los transportadores no aceptan subidas, pues tienen la teoría de que Colombia es un país productor, lo que indica que no tendría que depender de un precio internacional. Sendos expertos han desvirtuado dicha posición.

Las críticas a la sacada de pecho por una baja en el precio de la gasolina iban subiendo de tono. Las opiniones se referían al petrismo, que se ufana con una medida que será contraproducente para las arcas públicas, en un momento de serias dificultades financieras. Esto, porque Ecopetrol es el refinador, es decir, el directo afectado con la baja de precios. Y la empresa, es en su mayoría de propiedad del Estado.
“Bajan las utilidades de Ecopetrol, la llevan casi a la quiebra con el gerente de la tramposa campaña presidencial, duplican el precio de la gasolina y se alegran porque le bajan solo $500 pesos”, manifestaba un ciudadano que respondió a Sanguino.
Entre tanto, desde el gobierno, el ministro de Minas, Edwin Palma, señaló que tienen en estudio nuevas rebajas en el precio de la gasolina. Todo, en medio de la proximidad de la contienda electoral que permitirá la elección de un nuevo Congreso de la República y del presidente de Colombia.
