Durante los últimos meses, Max Henríquez ha planteado una particular conexión entre las erupciones volcánicas y los periodos del fenómeno de El Niño. Según explicó a SEMANA, esta interpretación tiene un antecedente en una investigación histórica que realizó hace décadas, cuando recopiló durante 50 años registros de desastres ocurridos en Colombia.

Una coincidencia que llamó su atención
Entre finales de los años 80 y comienzos de los 90, Henríquez recopiló información publicada durante medio siglo en diferentes periódicos nacionales. El trabajo le permitió reunir aproximadamente “cinco, seis, siete mil fotocopias” de registros sobre fenómenos naturales y, posteriormente, vender esa información a la entonces Oficina Nacional de Prevención y Atención de Desastres.
Fue al revisar esos antecedentes cuando encontró un patrón que despertó su interés.
“Lo que yo encontré allí es que cuando iba a haber fenómeno de El Niño había erupciones volcánicas estratosféricas”, contó Henríquez a SEMANA.
El meteorólogo se refiere a erupciones capaces de llevar partículas hasta las capas altas de la atmósfera. Allí, explicó, esas partículas pueden permanecer durante un periodo prolongado, ya que en esa zona de la atmósfera no actúan fenómenos como la lluvia, que normalmente ayudan a llevarlas de vuelta a la superficie.
¿Cómo podrían influir los volcanes?
La explicación de Henríquez parte de lo que ocurre cuando una erupción alcanza gran altura. Las partículas expulsadas pueden interferir con la radiación procedente del Sol y hacer que una menor cantidad de esa energía llegue directamente a la superficie terrestre.
“Esas partículas no caen a la tierra empujadas ni por el viento ni nada y se van a mantener, generalmente durante un par de años, dándole la vuelta a la Tierra e incidiendo en la radiación que viene del Sol”, señaló.
Según su planteamiento, ese efecto produciría un enfriamiento temporal. “La radiación que viene del Sol encuentra las partículas allí y es reflejada hacia el espacio exterior, entonces llega menos energía solar al planeta y se enfría”, explicó.

Por eso utiliza una comparación particular para describir el papel de las erupciones: “Yo digo que la Tierra se defiende del calentamiento de la fiebre que tiene, se defiende con los anticuerpos que son las erupciones volcánicas”.
Un volcán más que hace erupción. Ellos son como el sistema inmunológico del planeta contra la fiebre que lo afecta pic.twitter.com/3RPRi1hMCt
— Max Henriquez Daza (@HenriquezMax) September 3, 2026
La relación que plantea con El Niño
Henríquez considera que esa menor entrada de energía solar también podría modificar algunos patrones atmosféricos y oceánicos relacionados con el fenómeno de El Niño.
“Esas partículas disminuyen la entrada de la radiación solar hasta la superficie de la Tierra y enfrían un poco los océanos y la atmósfera”, sostuvo.

A partir de esa idea, plantea que los sistemas de altas presiones ubicados en el hemisferio sur, especialmente frente a Chile, podrían debilitarse y favorecer condiciones asociadas con El Niño.
“Si disminuye la radiación solar, pues disminuye el movimiento de la atmósfera”, afirmó.

¿Qué tienen que ver los terremotos?
El meteorólogo también explicó que la actividad sísmica y la volcánica están relacionadas con el movimiento de las placas tectónicas.
En Colombia, la placa de Nazca se desplaza por debajo de la placa Sudamericana. Ese proceso, Henríquez explica que se conoce como subducción, genera movimientos y acumulación de energía que pueden terminar provocando terremotos y también está relacionado con la formación de los Andes.
“Hay una relación de los movimientos de las placas con la actividad sísmica y también con la actividad volcánica”, indicó.

Sin embargo, Henríquez diferencia entre las erupciones pequeñas y las de gran magnitud. Las primeras expulsan partículas que terminan cayendo relativamente rápido, mientras que una erupción mucho más violenta puede llevarlas por encima de los 10 kilómetros y, en algunos casos, alcanzar alturas de 15 o incluso 20 kilómetros.
“Unas grandes erupciones volcánicas en el siglo antepasado provocaron el enfriamiento del planeta durante un par de años y eso está comprobado en la historia”, agregó.
Para Henríquez, estos fenómenos forman parte de un sistema natural mucho más amplio. Al recordar la hipótesis Gaia del científico James Lovelock, resumió su interpretación así: “Yo creo que la Tierra es un ser vivo y se defiende desde los ataques que va sufriendo, como el cuerpo humano”.
Su comparación final vuelve a los anticuerpos: “Las erupciones volcánicas son la manifestación de esa defensa que hace el planeta contra la fiebre que tiene en estos momentos”.
