Tras la fatal equivocación que provocó el asesinato del empresario arrocero Gustavo Aponte a la salida de un reconocido gimnasio al norte de Bogotá, habría un grupo criminal, al parecer de las disidencias, que habría dado la orden de cometer el crimen desde “el monte”. Tal como ocurrió con el magnicidio de Miguel Uribe Turbay, la organización ilegal contrató una oficina de sicarios en Bogotá para ejecutar el homicidio y, lamentablemente, se equivocaron de víctima.

Así se desprende del documento de la Fiscalía que contiene la declaración reservada de un testigo que conoce las entrañas de esta temida oficina de sicarios que opera en Bogotá y otras zonas del país, como Boyacá, a donde fueron a refugiarse los criminales en un pequeño municipio llamado Santa María.

Según el testigo, habló un día antes del crimen con una persona identificada como Andrés Felipe Molano, quien era su amigo personal y conducía el carro en el que escapó el sicario luego del asesinato del empresario y su escolta. Días después de este crimen, el conductor terminó muerto en Tibirita, Cundinamarca. Lo habían silenciado.
El testigo contó que llamó a su amigo Andrés Felipe, quien cumplía años, y él le dijo que le estaba haciendo un servicio a una persona a quien apodaban el Cucho, el Viejo o el Yiyis, al que había conocido como conductor de una plataforma de transporte. “Lo que pasa es que el Cucho (cuyo nombre es Carlos Guillermo Contreras) es un líder de una organización que hay en el barrio Verbenal y Sanandresito, que se dedica a vender marihuana, tusi y cocaína”, se lee en el relato del testigo.

Sobre la banda de sicarios que se había enquistado en el barrio Verbenal de Bogotá, el testigo explicó: “Felipe últimamente les hacía servicios al Cucho, Yiyis o el Viejo y a la gente que trabaja con él; también le hacía servicios a uno que le dicen el Paisa y trabaja para el Cucho”.

La relación del Cucho con el grupo del monte la puso en evidencia el testigo al contar que en una ocasión “se enloqueció” y empezó a hacer tiros al aire con un fusil, se montó a un carro acompañado de otro criminal de origen venezolano, pero minutos después fue capturado.
Al ser dejado en libertad, los jefes lo mandaron para “el monte” como castigo por la imprudencia y por perder el arma. Sin embargo, el Cucho volvió en enero de este año a Bogotá y fue quien lideró el equivocado crimen de Aponte.
Pero hay otro dato sobre el Cucho: es el hermano de Jhersson Leonardo Contreras, alias Bam Bam o Tatán, capturado esta semana cuando pretendía salir del país; es otro de los implicados en el doble crimen. Según las autoridades, mientras el Viejo fue mandado al “monte” como represalia, Bam Bam asumió la jefatura de la oficina de sicariato y microtráfico.

La Fiscalía verificó si lo contado por el testigo era cierto y, efectivamente, el Cucho sí había sido capturado con un fusil calibre 5.56, un proveedor y cinco cartuchos. Lo que no se explica es cómo no fue judicializado y, por el contrario, lo dejaron salir para que siguiera delinquiendo, como si hacer disparos al aire con una poderosa arma y andar en un carro con placa falsa fuera un asunto menor.
La Fiscalía estableció una red de números telefónicos asociados a la banda criminal. En ella, una línea estaba a nombre de una mujer de la familia, Dayana Silena Rodríguez, quien está detrás del asesinato, pero que habría terminado en las manos de Issac Daniel Rodríguez, alias Moncayo, uno de los sicarios. Este teléfono apareció dentro del Spark con el que se cometió el crimen.

Ahí está la clave de acuerdo con el informe de la Fiscalía: “Durante la investigación, dicho dispositivo móvil fue dejado por el señor Isaac Rodríguez (Moncayo) en el interior del vehículo Chevrolet Spark, automotor que para el día de los hechos era conducido por el ciudadano Andrés Felipe Molano. Posteriormente, el 13 de febrero de 2026, Molano fue víctima de homicidio en inmediaciones del municipio de Tibirita”.

El celular resultó ser una prueba clave que relaciona a la banda de sicarios con el grupo del “monte”, pues al teléfono llegaron las transacciones de Nequi de Bam Bam, el segundo en la oficina de sicarios y cuyo jefe era el Cucho, pero que cumplía órdenes de una organización criminal de alto perfil que está siendo rastreada por la Fiscalía.
Esta historia criminal hoy resulta inexplicable, no solo porque asesinaron a la persona equivocada, sino porque la banda sicarial detrás del crimen está compuesta por miembros de una misma familia, a tal punto que, con base en información de la Registraduría, se armó el organigrama delincuencial de los Contreras Ramírez.

Leopoldo Contreras y Elsimina Ramírez tienen dos hijos. Carlos Guillermo Contreras, su hijo mayor, es alias el Cucho, jefe de la banda, el mismo que fue enviado al “monte” como castigo y llegó para concretar el crimen.

Su hermano es Jhersson Ramírez Contreras, alias Bam Bam, el segundo al mando. La esposa de Bam Bam es Dayana Rodríguez Ricaurte, la persona que compró la sim del celular que apareció en el Chevrolet Spark, la prueba reina, que luego fue entregado al sicario conocido como Moncayo.
Desarticulada la banda familiar, la Fiscalía avanza en la investigación para establecer con claridad cuál es la organización criminal, reseñada en los diálogos como “los del monte”. Por ahora, se advierte que podría tratarse de una de las disidencias de las Farc.

Por eso, esta trágica historia ha dado otro campanazo de alerta a las autoridades por la creciente presencia de oficinas de sicarios en Bogotá, como la ubicada en el barrio El Muelle, de la localidad de Engativá, al occidente de la ciudad, encargada de asesinar a Miguel Uribe Turbay.

Algo similar a lo que ocurre desde hace décadas en Medellín, donde operan las conocidas oficinas de cobro, comandadas por los criminales que aparecieron en el tarimazo con el expresidente Gustavo Petro y que acaban de ser trasladados de prisión, bajo las más estrictas medidas de seguridad y aislamiento, con el desmonte de la lánguida paz total.
