Un vendedor de helados, otro de pescado y un mototaxista fueron esenciales para la caída de Naín Andrés Pérez, alias Bendito Menor, cabecilla de la temida estructura criminal de Los Pachenca, que delinque en La Guajira. El joven delincuente, que se creía el amo y señor de la región, fue abatido por las autoridades, consolidando el primer gran golpe del nuevo Gobierno de Abelardo De La Espriella contra objetivos de alto valor.
Los comerciantes informales daban información a las unidades de la Dirección de Investigación Criminal (Dijín) y a la Dirección de la Policía (Dipol). Los vendedores informales y el mototaxista se convirtieron en la fachada que había definido la Policía para monitorear a Bendito Menor, su esquema de seguridad y a su novia, Rosa Angélica Tarazona, alias la Bebecita.

Los recursos humanos definidos por la Policía para cazar a este temido jefe del grupo criminal se enmarcaron en la operación Centinela de la Patria, que tenía como objetivo principal capturar o abatir a este criminal. Con su manera de actuar, retando a las autoridades y hasta al presidente de la república, se había convertido en uno de los hombres más buscados del país.
Un grupo de 30 integrantes de las unidades más destacadas del Comando de Operaciones Especiales y Antiterrorismo (Copes) y Lobos de la Dipol y la Dijín se mimetizaron entre la comunidad de La Guajira, por donde se movía Bendito Menor, para documentar cada uno de los pasos del criminal y sus secuaces. Se convirtieron en su sombra sin levantar sospecha.

Los sabuesos de la Policía corroboraron que Pérez, en su momento de mayor auge –cuando salía en videos desafiando al Estado, lanzando amenazas, mostrando su ostentoso estilo de vida y pavoneando su relación con alias la Bebecita por playas y sitios turísticos–, era custodiado hasta por ocho hombres que se movilizaban en tres camionetas burbuja y un vehículo.
Bendito Menor se desplazaba a sus anchas por las rancherías de La Guajira, donde contaba con algunos aliados, pero sin descuidar su seguridad y haciendo de la desconfianza su mayor amiga.
En las rancherías indígenas en la Alta Guajira duraba corto tiempo para evitar delatar su posición o que alguno lo traicionara y lo entregara a las autoridades. Había una jugosa recompensa de 500 millones de pesos por él.

Con la rutina del día a día en una bitácora, la información que entregaban los policías infiltrados en la comunidad, las continuas visitas de alias la Bebecita a salones de belleza y los movimientos de sus esquemas de seguridad, el equipo especial de la Policía decifró el mapa de aliados, movimientos, socios criminales y negocios de Bendito Menor, de su pareja y de sus escoltas, quienes también fueron infiltrados.
En medio de la operación Centinela de la Patria, los hombres de inteligencia lograron ubicar un equipo electrónico de rastreo en tiempo real de la Toyota Burbuja en la que se movía con la Bebecita.

El dispositivo les arrojaba a los investigadores los barrios, los horarios y los recorridos del criminal por la Alta Guajira. Este movimiento del GPS fue decisivo en el caso. Así develaron las rutas que tomaba por los desiertos de La Guajira, tal como lo muestran las imágenes obtenidas en exclusiva por SEMANA.
Según la investigación, los trayectos del criminal por las zonas áridas de La Guajira tenían la finalidad de ir a recoger dineros de extorsiones, secuestros y homicidios que ordenaba. Naín había aprendido al pie de la letra las lecciones que le dio su mentor, alias Pinocho, cabecilla principal de Los Pachenca o Conquistadores de la Sierra.

Naín se había convertido en el terror de la Alta Guajira. Su accionar despiadado no tenía límites, como sucedió con el crimen de un menor de edad que la comunidad había señalado como abusador: Bendito Menor ordenó a sus hombres que buscaran al joven, lo torturaran, le arrancaran las orejas y lo degollaran.
La arrogancia de Bendito Menor había sido auspiciada, en buena medida, por el Gobierno del presidente Gustavo Petro, que, bajo la sombra de la lánguida paz total, lo convirtió en gestor de paz, impidiendo que la fuerza pública pudiera atacarlo. Mientras tanto, seguía sembrando el terror y publicando videos de su vida criminal con total impunidad.
Con la decisión política del anterior Gobierno, Menor se fortaleció. Ya contaba con cerca de 170 hombres bajo su mando, que iban arrasando por donde pasaban, con homicidios, ajustes de cuentas, extorsiones, narcotráfico y ejecutando la mal llamada limpieza social.

Entraban a las casas, sacaban a sus enemigos, los torturaban y dejaban los cuerpos tirados al estilo de la mafia de los años ochenta y noventa. “Él creía que se iba a convertir en un Pablo Escobar”, le dijo un investigador de la Policía a SEMANA.
La estela de sangre que dejaba por donde pasaba lo convirtió en uno de los objetivos principales del presidente Abelardo De La Espriella, quien lo sentenció tan pronto asumió el poder. El mensaje del jefe de Estado fue claro: o se sometía a la justicia, o sería neutralizado por la fuerza pública. En menos de un mes, las autoridades doblegaron al joven criminal que se sentía por encima de la ley.
A las 10:40 de la noche del pasado jueves 3 de septiembre, los Lobos y los Copes llegaron al barrio Los Olivos, en Riohacha, capital de La Guajira. Ubicaron la lujosa vivienda donde estaban Bendito Menor, la Bebecita y dos de sus escoltas, conocidos como alias el Tío y alias Casiloco.

Los comandos tenían una orden clara: si eran atacados, tenían que responder con letalidad. Bendito Menor y su gente se enfrentaron a la autoridad pensando que iban a sobrevivir, como lo hicieron en sus videos que lo mostraban como influencer criminal. Pero la realidad fue otra: los tácticos, hombres experimentados en reacciones violentas, lo enfrentaron con contundencia.
“Nuestra fuerza pública ejecutó una operación de alta precisión, basada en inteligencia y en investigación criminal, que permitió neutralizar a uno de los principales cabecillas y afectar de manera contundente su estructura criminal. La mano firme se traduce en resultados concretos para proteger a la ciudadanía. No vamos a bajar la guardia”, dijo el general Alejandro Barrera, director de la Policía, dictando una sentencia que debe ser escuchada por los criminales que hasta hace un mes se consideraban intocables.

¿Lo traicionó?
Rosa Angélica Tarazona, alias la Bebecita, novia de Naín, tenía su propio prontuario criminal. Fue detenida en septiembre de 2025 en un complejo operativo que lideró la Fiscalía y el CTI en zona rural de Buritaca, al norte de la ciudad de Santa Marta.
Cuando la capturaron, hubo asonada, y Naín, desesperado, dio la orden de secuestrar a los investigadores del CTI que se lanzaron a este operativo. Gracias al apoyo del Ejército, lograron escapar en helicóptero. La prueba está en una foto en la que la Bebecita aparece sonriente; al parecer, sabía que su captura no duraría mucho.

La presentaron ante los jueces de control de garantías, que decidieron enviarla a la casa, en detención domiciliaria y con brazalete electrónico. Horas después aparecía en fotos y publicaciones de redes sociales burlándose de la Justicia, exhibiendo el poder de Naín en la región.
En las visitas que hizo el Inpec al lugar que se suponía era el sitio de reclusión de alias la Bebecita, los funcionarios encontraron el brazalete electrónico en el piso, trozado por un cuchillo, con el único propósito de simular que siempre estuvo en ese lugar, aunque en las redes sociales delataba su verdadera rutina.
Durante meses, Naín y la Bebecita se pasearon en motos, camionetas y hasta lanchas; incluso retaron a la autoridad. Lo que seguramente no sabía Naín es que su futura esposa estaba concretando un acuerdo con la Fiscalía para aceptar cargos y servir de testigo.

SEMANA conoció los detalles de la negociación de alias la Bebecita con la Fiscalía, que derivó en una condena el mismo día en que alias Naín fue dado de baja por la Policía en el milimétrico operativo que este viernes anunció el presidente Abelardo De La Espriella.
En la audiencia, los fiscales Daniel Bustos y Mateo Ospina, de la Delegada para la Seguridad Territorial, explicaron al juez los detalles de la negociación con alias la Bebecita, cómo aceptaba su responsabilidad por el delito de concierto para delinquir y asumía una condena de 36 meses de cárcel.
El Juzgado Tercero Penal del Circuito Especializado de Riohacha aprobó el preacuerdo entre la Fiscalía y la Bebecita por concierto para delinquir y la condenó. Lo único que estaba pendiente era la individualización de la pena, que se había fijado para el mes de octubre.

Organigrama
Los Conquistadores de la Sierra o Pachenca se formaron de los reductos de viejos paramilitares como Hernán Giraldo, conocido como Taladro, quien recibió ese apodo por buscar mujeres jóvenes para convertirlas en sus amantes y hasta niñas que fueran vírgenes para que estuvieran con él. Sus nexos con el narcotráfico les han permitido ganar terreno en armas, hombres y territorio. Este camino se hizo más fácil gracias a la paz total.
Tras la muerte de Naín, los radares de los hombres de inteligencia de la Policía ahora apuntan a Fredy Castillo Carrillo, alias Pinocho, cabecilla principal de Los Pachenca y mentor de Naín. También está en la mira alias Kevin Masacres, quien sería el reemplazo directo de Bendito Menor.

La estructura parece tener mil cabezas. En medio de los operativos contra Los Pachenca, han sido capturados María Mónica Graciano Quiñones, alias la Tía o Mona, cabecilla logística de la estructura Javier Cáceres; Armando Rafael Palma Moreno, alias Alambrito, y la ubicación de alias Malayo, quien cuenta con al menos 40 hombres armados bajo su mando.
El poder de los criminales comienza a declinar con la contundencia que vuelven a mostrar las autoridades tras la decisión del Gobierno de Abelardo De La Espriella de atacar a los grupos criminales, que hoy se miden en al menos 30.000 hombres armados y en redes de apoyo al terrorismo.
