Entrevista

Entre rejas y balas: habla Paula Restrepo, la expareja de Carlos Castaño. Cuenta lo que vivió durante 10 años en la cárcel más temible del mundo

En su libro, Paula M. Restrepo narra cómo fue su relación con el líder de las AUC y lo que vivió los diez años que estuvo presa en la cárcel más temible del mundo.

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7 de marzo de 2026, 2:31 a. m.
“Carlos me dijo un día: ‘Entre menos sepas, más tiempo vas a vivir’... Nunca le pregunté por sus muertos, porque creo que le habría cogido miedo”, narra Paula Restrepo.
“Carlos me dijo un día: ‘Entre menos sepas, más tiempo vas a vivir’... Nunca le pregunté por sus muertos, porque creo que le habría cogido miedo”, narra Paula Restrepo. Foto: SEMANA

SEMANA: Usted lanzó un libro sobre su vida con una descripción impactante: “La colombiana que amó a Carlos Castaño y sobrevivió a la cárcel más peligrosa del mundo”. ¿Cómo fue el ejercicio de revivir su historia?

Paula M. Restrepo: Estoy muy contenta de tener el libro, pero también debo confesar que está siendo muy traumático para mí. Volví a tener pesadillas, ansiedad. Nunca en mi vida he sido figura pública de nada. Nadie sabe nada de mí y quería comenzar contando quién fui.

SEMANA: En su libro usted cuenta muy detalladamente cómo terminó con Carlos Castaño, el líder de las AUC. ¿A qué edad se conocieron?

P.R.: Ambos teníamos unos 20 años. Mi papá era piloto comercial y murió en 1984. Nosotros nos quedamos sin nada, literalmente en la calle. Yo tenía muchos sueños, pensaba que me iba a ir a estudiar arte a Nueva York. Pero, tras su partida, me tocó trabajar para comer. Y conseguí un puesto en un concesionario de carros. Ahí conocí a Carlos. Él llegó muy mal vestido. Era Medellín de los años ochenta y a mí me dio como cosita. Me preguntó por los carros. Yo lo atendí de muy mala gana. Comencé a ver el reloj y él me preguntó si tenía afán. Le dije que sí porque era mi hora de almuerzo y él me dijo que entonces volvía después. A las dos de la tarde, cuando regresé, él estaba ahí. Tenía unos dientes divinos.

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SEMANA: ¿Qué pasó? ¿Cómo terminaron juntos?

P.R.: Entró y me empezó a decir qué carros le gustaban. Me preguntó si había descuento y le dije que no. Y al final me dijo: “Quiero estos”. Me preguntó cómo había que pagar. Yo le dije que se podía en cheque o en efectivo. Y él ahí pidió que le trajeran la plata, que era mucha y en dólares. Se llevó unos ocho o diez carros. Eso para nosotros era mucho porque el concesionario tenía espacio para doce. Me comenzó a enviar rosas de todos los colores. No decían que eran de él, pero yo lo sospechaba. Un día volvió y me preguntó: “¿Le gustaron las flores?”. Estaba muy sonriente, pelando muela. El concesionario quedaba al frente de la Cuarta Brigada y hoy pienso que él pasaba por ahí seguido porque iba a este lugar.

La expareja de Carlos Castaño asegura que escribir el libro fue traumático. “Volví a tener pesadillas, ansiedad”.
La expareja de Carlos Castaño asegura que escribir el libro fue traumático. Foto: CORTESÍA

SEMANA: ¿Qué vino después?

P.R.: Yo no me enamoré de él por los regalos ni por los lujos. De hecho, el primer regalo costoso que me hizo fue casi después de un año de novios. Él me hablaba de unas cosas que a mí me interesaban mucho. Sabía muchísimo de arte, de libros, de política. Le encantaba volar en cometa, en ultraliviano, esquiar en El Peñón. La primera vez que me llevó a su casa, a Montecasino, yo pensé que me estaba chicaneando y que era de un amigo. Había un cuadro de Guayasamín; él me dijo que había retratado a su hermano Fidel. Pero también había un Botero, un Picasso, un Matisse. En ese entonces yo no sabía quién era. No sabía que pertenecía a los paramilitares. Me contaba que era un ganadero. Me decía: “Soy un montañero de Amalfi”. Y me contaba cómo su papá había sido asesinado por las Farc.

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SEMANA: ¿Y cuándo se dio cuenta de quién era él?

P.R.: Me imagino que Carlos dijo: “Yo salgo con esta pelada dos, tres veces y chao”. Pero nos fuimos enredando en esa relación que teníamos y, en un atentado que le hicieron en la avenida El Poblado, yo salí herida también. Todo fue horrible. Ahí le pregunté: “Carlos, decime quién eres vos”. Entonces, le tocó decirme. Me dijo: “Mi hermano Fidel es el líder de las AUC. Yo también estoy”. Ahí entendí que él no andaba para todo lado con sus “primos”, sino que tenía guardaespaldas. Llevábamos ahí ya como siete meses saliendo. Ese día me dijo que, si seguía con él, iba a estar metida en muchos problemas y mi vida estaría en riesgo todos los días. Yo nunca entendí la dimensión de estar en una relación con una persona así.

SEMANA: ¿Cómo cambió la relación desde este momento en que había libertad para contarle lo que él hacía?

P.R.: No. Nunca hubo libertad para contarme nada. Solo para, por ejemplo, meter un fusil al carro. Yo no le voy a decir que a mí no me daba curiosidad saber qué era lo que él hacía exactamente. Carlos un día me dijo: “Entre menos sepas, más tiempo vas a vivir”.

“Carlos me dijo un día: ‘Entre menos sepas, más tiempo vas a vivir’... Nunca le pregunté por sus muertos, porque creo que le habría cogido miedo”, narra Paula Restrepo.
“Carlos me dijo un día: ‘Entre menos sepas, más tiempo vas a vivir’... Nunca le pregunté por sus muertos, porque creo que le habría cogido miedo”, narra Paula Restrepo. Foto: ARCHIVO PARTICULAR SUMINISTRADO A SEMANA/ COLPRENSA

SEMANA: Carlos Castaño fue uno de los mayores perpetradores en esa guerra de los paramilitares y se le atribuyen muchos hechos violentos, incluidas masacres. ¿En algún momento se enteró de algún crimen?

P.R.: Yo sabía lo que salía en medios. Pero a mí nunca se me ocurrió decirle: “Oiga, ¿usted mató a tal persona?”. Solo una vez intenté preguntarle por un crimen en particular y él me gritó horrible. Nunca me contestó. Una vez un familiar de Pablo Escobar me dijo que la gente cree que estos personajes llegan a la casa y dicen: “Sírvame el almuerzo, que ahora que salga voy a matar a tal persona”. Eso no sucede así. Yo nunca me enteré de nada. Yo nunca fui a las AUC. Y creo que nunca le pregunté por sus muertes, porque le habría cogido miedo.

SEMANA: ¿Cuál fue el crimen del que él no le quiso hablar?

P.R.: Yo no le puedo decir. Yo tengo que respetar a las víctimas de este conflicto. Si yo le doy un nombre…, ¿imagínese cómo se sentirá esa familia?

SEMANA: El hijo de Pablo Escobar, que era pequeño cuando muchos de los crímenes del papá se cometieron, buscó a las familias de sus víctimas y les pidió perdón. ¿Usted ha pensado hacer algo semejante?

P.R.: No, yo no pertenecí a las AUC. No tengo por qué pedir disculpas. Yo comprendo su dolor, pero yo no asesiné a ninguna persona. Yo no tuve injerencia. Carlos a mí no me decía: “¿Qué opinas, Paulita? ¿Será que mato a este?”. Entonces, yo no puedo pedir perdón por un acto que no he cometido. Mi vínculo con Carlos era estrictamente sentimental. Yo cometí un delito en Honduras. Lo pagué con creces. Le pedí perdón a mi familia, que sufrió por este error. Ahora sí me da tristeza que haya gente que sufrió tanto por culpa de una persona con la que yo tuve sentimientos de amor. Me da tristeza y me da vergüenza.

Paula Restrepo.
Paula Restrepo. Foto: ARCHIVO PARTICULAR SUMINISTRADO A SEMANA

SEMANA: ¿Cómo se acabó esa relación?

P.R.: Como suele suceder. Al principio, todo era muy lindo, muy hermoso, pero con el paso de los años teníamos una relación tóxica. Estuvimos juntos desde el 88 hasta el 93. Nos quisimos mucho. Nunca nos casamos; él decía que yo tenía muy mal genio. Yo le decía que nos fuéramos a vivir a Australia en un ranchito con animales. Él comenzó a tener otras mujeres. Y yo también otras parejas. Él me tenía interceptado el teléfono y yo sabía. Un día una de las personas con las que yo salía me dijo si seguía con él. Yo le dije que yo lo había dejado de querer. Ahí se acabó todo. Me dijo: “Te voy a matar”. Cogí mi pasaporte y mis maletas y me fui del país. Hablamos por teléfono una vez y luego escuché la noticia de que podía estar muerto. Por años le escribí a un mail que él me había dado, pidiéndole que me dijera que no era cierto y que estaba vivo.

SEMANA: Usted fue detenida en Honduras cuando intentaba traer unas maletas llenas de dólares a Colombia.

P.R.: Fue el error más grande de mi vida. Necesitaba plata. Duré diez años presa en la cárcel San Pedro Sula, de Honduras, que ya cerró, pero que fue descrita como la más temible del mundo. Suelen decir que Dios les da las batallas a quienes pueden pelearlas. Y quizás yo, por mi carácter, pude sobrevivir. Era una cárcel en donde se podía comprar todo: armas, drogas, teléfonos, computadores. Yo tuve un BlackBerry y una habitación privada, que era un cuarto de 2 metros cuadrados. Allá la avaricia y la corrupción de las autoridades no tenían límite. Se vivía con dos de las pandillas más peligrosas: la 18 y la Mara Salvatrucha. En esa cárcel yo dejé de llamarme Paula para ser “la Colombiana”. Sufrí golpes, intentos de abuso de los que me defendí, estuve en motines, conocí a los más sanguinarios asesinos.

SEMANA: ¿Cómo cree que logró soportar tantos años y vivir en ese infierno?

P.R.: No sé. Nunca me lo había preguntado. No tengo hijos. Pero me imagino que por el deseo de volver a ver a mi mamá, que hoy está muy anciana, a mi hermana y a sus hijos, que son mi adoración. Mis sobrinos siempre han sido todo para mí. Creo que por eso. Por volverlos a ver.